Secciones
Síguenos en:
EL ALTO PRECIO DEL CONSUMO DE DROGA

EL ALTO PRECIO DEL CONSUMO DE DROGA

Por Dios! Qué podemos hacer ahora? A quién creerle? , se preguntó confundido Antony Witcher, un adolescente que estudia en la escuela del distrito de Columbia en Washington. Era la noche invernal del pasado 18 de enero cuando Antony, al encender su televisor, captó las imágenes borrosas de Marion Barry fumando crack, un poderoso derivado de la cocaína.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Esa era una increíble noticia. El hombre que ahora veía en la pantalla era el mismo que había entonado con él y todos sus compañeros de escuela el combativo coro de: Arriba la esperanza, abajo la droga .

Barry, el primer alcalde negro de la capital de Estados Unidos, fue descubierto en una novelesca trampa montada por la Agencia Federal de Estados Unidos (DEA), que usó como anzuelo a Rasheeda Moore, una hermosa modelo que convenció al funcionario de que la acompañara en su aventura.

Pero este hecho en torno al cual se ha levantado toda una controversia, ya que Barry fue absuelto de la mayoría de los cargos es apenas un símbolo de la dramática realidad del consumo de droga en Estados Unidos.

El mismo presidente George Bush ha dicho en reiterados discursos que el problema de la droga es la más seria amenaza que se cierne sobre la sociedad estadounidense de fines de siglo.

Para ejemplificar el fenómeno, el primer mandatario exhibió, al presentar su estrategia antidrogas hace un año una bolsa de crack que había sido comprada por sus asesores a la vuelta de la esquina, al cruzar el semáforo de la Casa Blanca.

Diferentes estudios corroboran la realidad anunciada por el Presidente. Según el Instituto Nacional para el Abuso de Drogas (NIDA, por su sigla en inglés), setenta millones de personas mayores de 12 años 37 por ciento de la población de Estados Unidos ha consumido algún tipo de droga ilegal, por lo menos una vez, durante 1989.

El NIDA dice además que un tercio de los estadounidenses, entre 16 y 25 años de edad, han ingerido cocaína.

Factores como violencia, descomposición familiar, problemas de salud, crisis en la justicia, todos ellos ligados a la expansión del consumo, se están agudizando, casi que de manera paralela, a la agresiva lucha que, según los dos últimos presidentes estadounidenses, libra el Estado contra la droga.

EL TIEMPO, de cara a la relación directa que el asunto tiene con nuestro país, consultó distintas fuentes en Estados Unidos para presentar a sus lectores una radiografía que los aproxime a tan compleja situación. Montaña de dólares Esa explosiva y creciente espiral del consumo tiene viejas raíces. Ya un siglo atrás Sigmund Freud, padre del sicoanálisis, usó ese polvo como el más benéfico medicamento con sus pacientes en Europa. Esa práctica se extendió a Estados Unidos.

Hace dos décadas mientras algunos ejecutivos ya usaban el mágico polvo para sentirse mejor la generación de Woodstock, el célebre concierto en la periferia de Nueva York, enarbolaba la consigna de hacer el amor y no la guerra , fumando su tabaco de marihuana al son de Led Zeppelin y encarnando una rebeldía contra los valores materialistas de la sociedad de consumo.

Tiempo después, a mediados de los años 70, la cocaína amplió su círculo. Crecía entonces el número de adictos al polvo blanco que resulta de la conversión química de la hoja de coca cultivada en los Andes suramericanos.

Hoy el consumo de cocaína significa, entre otras cosas, una industria millonaria. Según un reciente dato de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, las ventas netas anuales de la droga ascienden a cien mil millones de dólares, cifra que representa más que el ingreso agrícola neto de ese país o que suma cuatro veces la fortuna del sultán de Brunei, un jeque petrolero de Asia considerado el hombre más rico del mundo.

Esa montaña de dólares se desmorona entre varias manos. Los carteles de la droga colombianos que desembarcan la coca para venderla a compradores mayoristas en Estados Unidos reciben de acuerdo con el promedio de los últimos cinco años 4.700 millones de dólares, según estudios hechos por el economista colombiano Salomón Kalmanovitz.

La cocaína, en una progresiva metamorfosis en la que va perdiendo pureza, pasa por varios estratos de distribuidores hasta llegar a la nariz del consumidor. Entre los grupos que integran esa larga cadena de mercadeo se reparten los otros 95.000 millones de dólares.

Pero, quiénes son los que consumen cocaína y crack, una especie de versión gringa del basuco colombiano? La cocaína una droga que según los toxicólogos estimula la percepción, la razón y la capacidad de trabajo penetró en los círculos burócratas de las importantes ciudades. En Wall Street (Nueva York), el centro financiero del mundo, en menos de dos años se ha triplicado el consumo como un estimulante en el trabajo.

Los profesionales que consumen cocaína en las fiestas, en los campos de golf y en sus residencias privadas, están representados no solo en el alcalde de Washington, sino en casos como el de Henry H. Barr, ex asistente del procurador general de Estados Unidos, que a partir de noviembre próximo deberá responder ante un tribunal de Pensilvania por abuso de cocaína.

Barr una especie de falso mesías de estos tiempos tuvo a su cargo una sección que supervisaba más de 300 abogados para discutir todas las estrategias necesarias para llevar a cabo la guerra contra el narcotráfico .

Según el NIDA, el consumo de droga entre ese tipo de ejecutivos y mandos medios de la burocracia le cuesta al sistema estadounidense sesenta mil millones de dólares al año en pérdidas por disminución en los índices de rendimiento laboral. Es decir, casi cuatro veces la deuda externa de Colombia.

Pero la mira del consumo no se queda solo ahí. También apunta a otro blanco: los jóvenes estudiantes que se aprestan a entrar a las aulas universitarias. En los corredores y los rincones de las canchas de fútbol de los High School (bachilleratos) se atrincheran después de clase gran parte de los estudiantes para aspirar cocaína.

Esa realidad la confirma otro estudio del NIDA que revela cómo durante los últimos años el 15.2 por ciento de los estudiantes de secundaria ingirieron con alguna regularidad el anhelado polvo blanco.

Charles R. Schuster, autoridad estadounidense del tema, confirma el consumo entre la población estudiantil. A los adolescentes, dice él, les resulta difícil decir no a lo que es casi una presión social. Schuster recuerda que cuando era estudiante universitario tuvo que llegar al extremo de inventar una inesperada salida: Yo la tomaría, tú sabes, pero interfiere en mi vida sexual . El fenómeno del crack Para muchos de los jóvenes, hijos de los inmigrantes latinos o que nacieron en los guetos de las ciudades puerto de este contrabando Harlem en Nueva York o Liberty City en Miami, la vida gira en sus barrios en torno de la corrupción que genera el crack en el sector, y algunos caen en la tentación millonaria del negocio.

Pero la exhaustiva demanda de los ciudadanos no se ha concentrado ahí no más. Ni tampoco en los misteriosos callejones de las grandes metrópolis del noreste del país: Washington, Filadelfia y Boston.

Al contrario, como lo advirtió el presidente Bush al presentar su plan antidroga, los tentáculos del consumo hace tiempo se extienden en los estados del sur como Georgia, Carolina del sur y Alabama, donde las comunidades negras son muy numerosas.

El crack, que ha invadido todos los sectores de bajos recursos y también grupos de clase media, es clorohidrato de coca en polvo que se convierte en una base fumable. Se mezcla coca con bicarbonato de sodio y agua. Luego se empacan en pequeñas bolsas que se venden por solo diez dólares, un precio aparentemente popular. Sinembargo, el adicto consuetudinario puede gastar hasta 200 dólares en una noche pues precisa de repetidas dosis.

Los efectos físicos y síquicos del crack y la cocaína son múltiples: irritabilidad y ansiedad, paranoia, formación de enfisemas en los pulmones, aumento de la presión sanguínea, en caso de sobredosis se puede presentar un paro cardíaco...

La situación es tan dramática que en los últimos tres años, de acuerdo con los registros de atenciones en urgencias de los hospitales adscritos a la Red de Alerta Sobre Abusos de Drogas (DAWN, por su sigla en inglés), el número de muertos por sobredosis creció en un 167 por ciento, pasando de 5.223 a una cifra proyectada de 13.938.

De la misma forma, en los barrios pobres de Miami, Tampa y Orlando las víctimas de coca y crack se han duplicado. En 1985, 1986 y 1987 murieron 500 adolescentes en el tráfico ilícito, mientras que entre 1988 y 1989 el número ascendió a 1.100, según la DEA.

Según informes de la DAWN, en 1984 se registraron por sobredosis de cocaína y crack un total de 7.054 emergencias en los hospitales, lo que representa veinte pacientes diarios; en 1987 el número fue casi cinco veces mayor: 32.578. En 1988, 42.491 casos: más de 110 diarios.

Una enfermera del centro hospitalario, de la zona sur del Bronx (Nueva York), durante una reciente y agitada tarde de trabajo, expresó estupefacta: Nadie se puede imaginar en el estado de drogadicción en que llega la gente aquí. Es un horror. He visto mujeres con sus cuerpos llenos de heridas, completamente locas y golpeándose contra los muros .

Según la Asociación de Investigación sobre Adicción Prenatal y Educación estadounidense al año nacen 375 mil bebes afectados, con problemas motrices y de retraso, hijos de madres que presentaban bajo peso, amnesia y síntomas de drogadicción.

Esa misma asociación afirma que una reciente encuesta, hecha en 36 de los más grandes hospitales de Estados Unidos, mostró que el 11 por ciento de las mujeres embarazadas son adictas a la cocaína o al crack.

Los pequeños pueden nacer de manera prematura o presentar daños en el cerebro, retraso en el crecimiento fetal y problemas respiratorios, genitales o urinarios. Sangre blanca Más allá de los letales efectos sobre la salud, en el planeta de la cocaína y el crack habitan también otros graves problemas: violencia y delincuencia.

Para la Comisión de Condenas estadounidenses, el diez por ciento de los 550.000 presos estatales, más de la tercera parte de los 50 mil reclusos federales y gran parte de los 300.000 presos de las prisiones municipales, han sido arrestados por delitos relacionados con droga.

En 1989 se registraron, según cifras de la Policía Metropolitana, 488 asesinatos en las calles de Nueva York, casi todos ligados de una u otra manera al tráfico de drogas.

La muerte ronda los escenarios del tráfico y el consumo, alcanzando sobre todo a la población joven de Estados Unidos. Esa realidad la simboliza la historia de Bilal Pretlow, 20 años y jefe de pandilla neoyorquino.

Bilal ha sido acusado de tres asesinatos, dos intentos de homicidio, chantaje y otros cargos por tráfico de droga, que lo muestran como socio de una red de distribución de crack en el área de Elizabeth-Newark.

Pretlow, quien comenzó su carrera de terror recién egresado de la escuela secundaria, dirigía una organización sin igual: De violencia absoluta y disposición irrestricta a no detenerse ante nada , según reza el expediente elaborado por el fiscal del juicio.

Su organización reclutaba y coaccionaba a jóvenes a vender crack en la calle y a menudo los recompesaba con series de compras lujosas .

La historia de Bilal tal vez termine en forma muy triste: una condena a cadena perpetua en la prisión de Nueva York.

Con él crecerá aún más el problema de la explosión demográfica en el sistema carcelario estadounidense. Un estudio del Centro Correcional de Pensylvania prueba que los reclusos rebosan la capacidad máxima de los centros penitenciarios. En Oklahoma los convictos alcanzan un 142 por ciento y en Massachusetts un 173 por ciento.

Así, el mundo del consumo de la cocaína y el crack en Estados Unidos forma un virus que está lejos de encontrar las alternativas que eviten su incontenible proliferación. Con razón George Bush define el problema de la droga como la tercera gran guerra que deberá librar la sociedad estadounidense.

Y, mientras no se erradique la enfermedad del consumo, el narcotráfico seguirá creciendo. Una vieja ley del capitalismo predica que toda demanda genera su propia oferta .

Tal vez le asista la razón a Dick Thornburgh, procurador general de Estados Unidos, cuando asegura que el Cartel de la droga no comienza en Medellín, comienza en las calles de Miami, Nueva York y Washington... .

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.