Un 'pequeño Chávez' agita a los franceses

Un 'pequeño Chávez' agita a los franceses

París. La estrella de la campaña presidencial en Francia no es el favorito François Hollande ni el presidente saliente Nicolas Sarkozy, sino Jean-Luc Mélenchon, el candidato del Frente de Izquierda, partido que ha absorbido la casi totalidad de los movimientos de extrema de esa tendencia, entre otros a comunistas y trotskistas.

08 de abril 2012 , 12:00 a.m.

En los sondeos a tres semanas de la primera vuelta, Mélenchon oscila entre el 13 y el 15 por ciento de las intenciones de voto. Una reciente consulta lo ubicó, incluso, en el tercer lugar, por delante de la ultraderechista Marine Le Pen.

Este inesperado éxito sorprende a los propios simpatizantes, que están eufóricos desde que vieron la Plaza de la Bastilla repleta: "Mélenchon es un héroe como sólo la historia de Francia sabe producir", dijo a EL TIEMPO uno de ellos. Su fenómeno ha llegado al punto que los socialistas, favoritos con Hollande para imponerse en las presidenciales, temen que Mélenchon le robe importantes votos de izquierda.

Pero, ¿quién es realmente este brillante orador de 61 años, apasionado de la historia que preconiza una 'revolución ciudadana'? "Un pequeño Chávez a la francesa", respondió Francisco Merino, representante en Francia del partido opositor venezolano Primero Justicia. La fórmula caló, pues el derechista diario Le Figaro tituló así una crónica sobre Mélenchon.

"¿Por qué pequeño?", ironizó Mélenchon y agregó: "Él (Chávez) ha ganado 12 de 13 elecciones, lo cual está bien para nosotros. Redujo la pobreza en su país y nacionalizó el petróleo (...) Mélenchon no tiene petróleo, pero tiene ideas".

Una de esas ideas es que los dirigentes socialistas franceses "deberían aprender y mirar con respeto" el camino que están trazando el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa, que son líderes que se han forjado "en las luchas populares e internacionales".

En sus discursos, Mélenchon parece aplicar la consigna. O así lo piensa al menos una ministra ecuatoriana que se congratulaba hace poco en París de escuchar al candidato utilizando la expresión "revolución ciudadana", que fue acuñada por Correa.

El amor de Mélenchon por América no incluye a Estados Unidos, país que aborrece y considera "el primer problema del mundo". En cambio defiende a China. Durante los Olímpicos de 2008, denunció la propaganda occidental que presenta a los monjes tibetanos como víctimas de la represión de Pekín.

Estas posiciones son muy criticadas, incluso por representantes de la izquierda. El filósofo Michel Onfray dejó de apoyarlo después de escucharlo "hablar bien de Chávez" y decir, entre otras cosas, que "Cuba no es una dictadura" y que "el Islam no plantea tantos problemas como el cristianismo". Para el eurodiputado ecologista Daniel Cohn-Bendit, Mélenchon representa "la gran nostalgia de los años 70: banderas rojas, vamos a revolcarlo todo". Mélenchon es un hombre culto al que es un placer escuchar hablar de historia.

Tiene un gran talento en los debates y no teme arremeter contra la prensa. Su discurso, sin embargo, es populista y demagógico. El costo de sus propuestas -entre otras, aumentar el salario mínimo un 55%- fue estimado en 130 mil millones de euros en cinco años

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