Liberados aún creen que están viviendo un sueño

Liberados aún creen que están viviendo un sueño

Dormir una noche entera y comer sus platos preferidos, sueños que los rondaron por más de una década, son dos de las cosas que hasta ahora no han podido hacer los 10 soldados y policías que volvieron del cautiverio de las Farc esta semana.

05 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Ninguno, cuentan sus familiares, puede conciliar el sueño con tranquilidad, a pesar de que por primera vez en años duermen en camas y no en cambuches.

"Los desvelan las luces de la ciudad, el ruido de los carros", le dijo a EL TIEMPO una de las personas que han podido visitarlos en los hospitales Militar y de la Policía.

Varios de los excautivos no se quieren dormir "porque creen que es un sueño y que cuando despierten de nuevo vuelven a estar amarrados a los árboles".

Ayer, tras casi 36 horas de dieta líquida, los médicos del Hospital de la Policía les permitieron desayunar lo que quisieran a los suboficiales Jorge Trujillo, José Libardo Forero, Jorge Romero, Carlos José Duarte, Wilson Rojas y César Augusto Lasso. Sin embargo, se sorprendieron cuando los uniformados pidieron huevos con arroz, lo mismo que comían en cautiverio.

"Yo le dije que no, que se comiera una carne o hasta un tamal, que aprovechara ahora que podía", contó Jennifer, hija del intendente Duarte. Finalmente, él solo probó una taza de caldo y gelatina.

Aunque la familia está tranquila por su estado de salud, no deja de preocuparse por la tristeza en su mirada y porque, según su esposa, Natalia, no habla mucho del secuestro ni de otros temas. Para levantarle el ánimo le regalaron un balón, una camiseta del Manchester United y un perfume, y la familia planea una luna de miel para la pareja.

De todos los liberados, el que más líos de salud trae es tal vez el intendente Trujillo, que ayer no pudo asistir a la misa de acción de gracias por el regreso, que se celebró en la Dirección de la Policía.

Su madre, doña María Oliva Solarte, contó que Jorge hizo huelga de hambre durante el secuestro. "Por esos días sin comer empezó a tener problemas estomacales y desde que regresó no ha podido comer nada sólido", relató. Por esa situación, agregó, el pescado que le iban a preparar de bienvenida debe esperar.

De todas maneras, al intendente le hicieron un relato de la ceremonia, que tuvo como momento más emotivo el desmonte de las fotos de los 10 policías de una pared que por una década estuvo dedicada a recordar a los uniformados en poder de las Farc. En esa pared solo quedan ahora dos fotos: la del agente Roberth Hernán Guáquez, secuestrado por el Eln en Nariño (octubre del 2003), y la del subcomisario Luis Hernán Peña Bonilla, sobre quien las Farc no han dicho una palabra.

Regañó a los hermanos En los pocos momentos que han podido estar a solas con ellos (por los estrictos controles médicos), las familias intentan recuperar el tiempo que les robó el secuestro. Todos lucen orgullosos los regalos que trajeron los cautivos. El sargento Romero le obsequió a su papá el bastón que lo acompañó durante el cautiverio y que le ayudó a soportar un problema de columna. "El viejo está que no se cambia por nadie", dijo Óscar, hermano del sargento.

El encuentro con doña Rosalía, su madre, tendrá que esperar, pues ella está postrada en una cama debido a un diagnóstico de depresión severa con Párkinson.

Y la familia de Rojas, que regañó a sus hermanos porque los encontró "muy gordos", compró una maleta gigantesca para que primos, hermanos, tíos y sobrinos le dejen allí los regalos que no pudieron darle en casi 13 años.

Pero las sorpresas no han parado ahí. Daniel, hijo del sargento Lasso, cuenta que su papá no deja de hacer cara de asombro cada vez que ve uno de los nuevos teléfonos celulares. "Habla por celular como si fuera un radioteléfono", dice el joven.

Naranjo pidió claridad a las Far El general Óscar Naranjo, director de la Policía, exigió ayer a las Farc que hagan claridad sobre la suerte del agente Roberth Hernán Guáquez y del subcomisario Luis Hernán Peña, secuestrados en por esa guerrilla

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