Malvinas, Falkland o la eterna discordia

Malvinas, Falkland o la eterna discordia

El nombre de su amigo sobre una lápida negra hizo que de la mente de Roberto Herrscher desapareciera ese solemne cementerio de cruces blancas y volvieran las frías imágenes de la lucha que libraron hace 30 años Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las islas Malvinas, o Falk-land.

01 de abril 2012 , 12:00 a.m.

En su visita al cementerio de Darwin, en las islas, donde reposan los restos de algunos de los soldados argentinos muertos en la guerra de 1982, Herrscher se dio cuenta de que el sonido del viento era el mismo, la montaña y las rocas negras sobre la playa no habían cambiado. En la lápida negra estaba grabado el nombre de Juan Ramón Turano: "Tenía 17 años y se disparó en la cabeza con su propio fusil", recuerda Herrscher.

Él tenía 18 años cuando llegó a esa guerra que se inició el 2 de abril de 1982, cuando la dictadura militar argentina invadió las islas que los británicos les habían arrebatado en 1833. La guerra terminó en su día 74 con la rendición de los gauchos. En el campo y el mar quedaron 649 argentinos y 255 británicos sin vida. Roberto lloró a sus muertos, a todos los muertos de ese conflicto que ahora ha pasado de ser una guerra de balas a una guerra diplomática que amenaza con durar el resto de la presidencia de la argentina Cristina Fernández de Kirchner. "Yo hice mi trabajo, ellos hicieron lo mismo. Somos hermanos en armas. El problema son los políticos, no los soldados", dijo a EL TIEMPO Gay Clement, veterano de la Marina Real británica. El sentimiento de los kelpers (como llaman a los malvinenses) es cada vez más antiargentino a medida que la presidenta Fernández le sube el tono al reclamo.

Quieren ser reconocidos como país ante la región y, más aún, que los asuntos políticos no impidan el libre comercio. Sus cerca de 3.000 habitantes tienen un estilo de vida pacífico y rutinario.

La arquitectura y el estilo inglés están en cada rincón: ventanas con la bandera de Falkland junto a la de Inglaterra, el infaltable té por la tarde, niños jugando críquet y la cerveza en el pub (bar) después del trabajo.

Casas, viajes de turismo y bebés son las tres cosas que Noby Clark dice que mejor sabe hacer. Es un isleño de 62 años, cinco hijos y mucha actividad por delante. Durante la guerra, estuvo prisionero en Pebble Island por 31 días.

"El ataque fue tan fuerte que sentimos como si estuviéramos en la mitad de un terremoto", dice Clark mientras conduce. Él no conmemora los 2 de abril, el día en que comenzó la avanzada militar argentina. Los isleños la llaman "ocupación"; los argentinos, "liberación". Clark considera que si Kirchner no estuviera anunciando demandas y haciendo amenazas sobre restricciones comerciales, no necesitarían la base militar del Reino Unido. "¿De quién son las islas? Le diré de quién no son: no son inglesas y muchos menos argentinas. Son nuestras. Este es nuestro país porque nacimos aquí", dice Clark.

"La guerra de balas se acabó, pero persiste la guerra de palabras", afirma.

Hace 30 años, cuando invadieron, dijeron que la vida diaria no iba a cambiar, pero no fue así. Sacaban comunicados con órdenes, le cambiaron el nombre a todo". "Somos Falkland", insiste Clark, cuando escucha hablar de 'Malvinas'. Cuando se les pregunta cuánto tiempo llevan viviendo en la isla, los habitantes responden en generaciones, no en años, para dejar claro que esa es su tierra. Fría, inhóspita, pequeña, pero suya.

Jan Cheek, uno de los ocho miembros de la Asamblea Legislativa, afirma que podrían cooperar con Argentina en intereses comunes, "siempre que el tema de la soberanía se haga a un lado. Pero eso es complicado", teniendo en cuenta que el reclamo está en su Constitución desde 1994.

Reunidos en una pequeña sala, los legisladores resienten que Buenos Aires se resista a hablar directamente con ellos. "Nos toman como 'implantes' de los ingleses", dice Cheek.

Su colega en la asamblea Barry Elsby afirma que no son unos mantenidos de Londres: "Como un territorio de ultramar, lo único que tomamos de ellos es defensa y relaciones exteriores. De resto, somos financieramente independientes, recolectamos nuestros impuestos, hacemos nuestras leyes y tenemos un gobierno interno independiente". En la isla hay muchas esperanzas en el petróleo. Según anuncios, la explotación podría iniciarse en el 2016. Solo en el pozo Sea Lion se calcula que hay reservas por 450 millones de barriles. "Eso puede transformar nuestra economía, pues aunque no signifique mucho dinero para un país grande, para nosotros es bastante", dice Stephen Luxon, director de Minerales del archipiélago.

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'Fue una causa justa en manos bastardas': Balza.

Martín A. Balza.

Una pequeña gran guerra y el primer conflicto de la era misilística. Así calificaron varios autores la guerra de Malvinas, en la que participé como teniente coronel de artillería.

La guerra tuvo casi la misma duración que la del Golfo (1991), en la cual la campaña aérea estadounidense duró 38 días y la terrestre solo 4 (42 días en total), con un saldo de 144 estadounidenses muertos en combate. En Malvinas, la campaña aérea y naval británica duró alrededor de 20 días y la terrestre 24 (en total, 44 días), con un saldo aproximado de más de 250 británicos muertos en combate.

La recuperación de las islas -el 2 de abril de 1982- fue una operación planificada y ejecutada con profesionalismo: evitó bajas británicas y el único muerto fue un oficial de nuestra Armada. La guerra -nunca planificada- se inició el primero de mayo. El planeamiento estratégico -en lo político y lo militar- no se basó seriamente en lo que el Reino Unido se hallaba en capacidad de hacer como respuesta a la recuperación de las islas. En ningún documento se encontraron "los supuestos" para encarar la confección de un plan o una directiva. Sin embargo, resulta claro que la Junta Militar (que gobernaba entonces en Argentina) aceptó, erróneamente, dos suposiciones que afectaron todo tipo de decisiones posteriores al 2 de abril.

Una fue que el Reino Unido solo reaccionaría por la vía diplomática ante la ocupación de las islas y que, en caso de recurrir al uso de su poder militar, lo haría en forma disuasiva, sin llegar a su empleo real.

La otra premisa fue que Estados Unidos ayudaría a Argentina o sería neutral, que no permitiría una escalada militar del conflicto y que obligaría a las partes a negociar. Ambas suposiciones desconocían la historia de ambos países. El proceder de la Junta marginó también las más elementales normas de planificación contenidas en la doctrina para el trabajo de los Estados Mayores.

No se previó ni se planificó qué hacer ante la reacción británica de emplear su potencial militar con el apoyo de otros países, principalmente de EE. UU., y se pasó del "ocupar para negociar" a "reforzar e ir a la guerra". Sustancial diferencia y máxima insensatez, al descartar lo posible buscando lo inalcanzable. Se gestó así un conflicto inédito y pusimos a los ingleses en evidencia ante el mundo, pero lo hizo una dictadura militar incompetente y acusada de gravísimas violaciones a los derechos humanos.

Un conflicto de caballeros .

La guerra de Malvinas fue el único conflicto del último siglo en el que se respetaron los usos y leyes de la guerra (Convención de Ginebra). En Malvinas, argentinos y británicos cumplimos el precepto sanmartiniano: "La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes". Comportamiento de caballeros y no de villanos fue el que vimos los soldados. Durante la guerra de la Independencia americana, San Martín y Bolívar ordenaron a sus soldados ser caballeros con los españoles en combate. El venezolano expresó con elocuencia: "Os hablo, soldados, de la humanidad, de la compasión que sentiréis por vuestros más encarnizados enemigos (...).

Interponed vuestros pechos entre los vencidos y vuestras armas victoriosas, y mostraos tan grandes en generosidad como en valor (...). Se luchará por desarmar al adversario, no por destruirlo".

En la Segunda Guerra Mundial, el mariscal (británico) Bernard Montgomery ordenó: "¡Maten a los alemanes donde quiera que los encuentren!". Se cometieron crímenes de lesa humanidad en los campos de exterminio nazis y ni siquiera un digno general, como Erwin Rommel, pudo evitar las tropelías de las SS de Heinrich Himmler, así como tampoco Montgomery pudo impedir devastadores bombardeos aéreos aliados sobre ciudades indefensas. Uno de ellos, ejecutado sobre la ciudad francesa de Caen (en 1944), dejó un saldo de 5.000 inocentes civiles muertos.

En conflictos recientes -Balcanes, Afganistán, Irak y otros- se cometieron crímenes de guerra. En cambio, en la guerra del Atlántico Sur se observaron las leyes y los usos de la guerra, se peleó sin odio y con notable respeto de las normas morales por parte de los dos bandos.

Las Malvinas son incuestionablemente argentinas desde el punto de vista histórico, geográfico y jurídico, usurpadas en 1833 y desde entonces ilegítimamente ocupadas por el Reino Unido. La forma de recuperarlas no es la guerra, sino el diálogo, la negociación entre las partes (Argentina y el Reino Unido), como reiteradamente lo invocaron las Naciones Unidas (principalmente a partir de 1965), para finalizar con un anacrónico colonialismo británico. En Malvinas no rige el derecho de autodeterminación de los pueblos (2.500 isleños), pues la población argentina fue expulsada por Inglaterra en 1833; esto es sostenido, expresamente, por las Naciones Unidas. Argentina se compromete a respetar, estrictamente, los intereses y la forma de vida de los isleños, pero no su deseo, por las razones expuestas.

El conflicto de 1982 -jamás pensado ni planificado- fue una decisión oportunista de la dictadura de entonces, con el objetivo de perpetuarse en el poder. En síntesis, fue una causa justa en manos bastardas. El pueblo argentino apoyó el 'sentimiento Malvinas', no a una genocida dictadura.

Nosotros peleamos por ese sentimiento que, aún hoy, se mantiene vivo y es una causa nacional, una política de Estado, aglutinante para todos los argentinos.

Como viejo soldado, permítaseme finalizar diciendo que toda guerra es una desgracia para cualquiera de los adversarios; no es una obra de Dios. ¿Quién podrá reemplazar la vida de los soldados caídos para siempre y compensar el dolor de sus seres queridos? El sendero de la paz siempre es mejor que el de la guerra.

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'Queremos que Colombia modere un cambio' .

Nigel Haywood es el gobernador de las Falkland, uno de los 16 territorios de ultramar del Reino Unido. Su misión es contrarrestar la visión "distorsionada" que, según él, Argentina quiere dar de ellos.

¿Por qué tantos visitantes? .

Queremos que el mundo tenga una visión clara de cómo son las islas y no a través de la visión distorsionada de Argentina. Basta estar un minuto acá para darse cuenta de que la población no está bajo la ocupación militar británica, como ellos dicen.

¿Cuál es el interés de invitar a Colombia? .

Es uno de los aliados más grandes del Reino Unido en América Latina. Colombia es un país muy importante y decisivo, así que claramente queremos que entienda nuestra posición y, de hecho, nos gustaría que moderara un cambio en esa posición regional que hoy está inspirada por la retórica equivocada argentina.

El mensaje es: nos basamos en la libre determinación. .

¿Cuáles serían los primeros pasos para un acercamiento entre ambas partes? .

Tiene que ser una discusión entre Argentina y la gente de las Falkland. El problema es que Argentina no acepta que nosotros existimos, eso hace parte de la realidad distorsionada que tienen.

Bogotano en las islas.

Carlos León es el único colombiano que vive en las islas Malvinas. Este bogotano de 33 años llegó en diciembre del 2009 y dice que aún tiene trabajo para quedarse un año más.

Estudió Mercadeo y ha sido funcionario de la Embajada británica en Bogotá y Madrid. Hoy, es agregado de la Gobernación de la isla

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