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GOZÓN Y PARRANDERO, UN PÚBLICO RUMBERO

GOZÓN Y PARRANDERO, UN PÚBLICO RUMBERO

Los ojos de la cumbiambera, bien entonada por efectos del aguardiente, bañada en sudor por los excesos del sol y nada cansada por acción de la resistencia, son testigos de una variedad de rostros sonrientes a su paso por el Cumbiódromo . Mucha gente sobria, ebria, enmaizenada, bailarina, atrevida, reservada, disfrazada, pero toda alegre. Es el perfil del público, que es quien da el visto bueno a los grupos folclóricos y a los disfraces.

Hombres, mujeres, niños, ancianos lanzan piropos y besos a las reinas, brindan trago para reanimar el espíritu rumbero y gritan bailen! a los danzarines.

Es esa multitud la protagonista de las fiestas del dios Momo. Son quienes acuden masivamente, llenan los palcos y andenes. Le dan vida a la madre de todas las rumbas: el Carnaval de Barranquilla.

El público es el más sincero calificador de los participantes en los grandes certámenes como la Batalla de Flores y la Gran Parada. Aplausos para quienes lo hacen bien y silbatina para los flojos de espíritu. Lo cierto es que lo que piden lo tienen porque son quienes mandan y por ello están allí.

La música que brota por el millo y el tambor inyecta al gozón que observa y se deja llevar por la sonrisa y el encanto de la cumbiambera, y sale al paso sin temores y sin importar si el contonear de las caderas a mil de la mujer lo dejan botado . Otro bailarín, que apenas da sus primeros pasos y ha terminado de beber su tetero, mueve sus pies y cabeza.

Hay quienes se encargan de brindar la cervecita o el traguito para reanimar y fortalecer los cuerpos para el recorrido. Otros con sus hijos al hombro parecen no desfallecer mientras bailan.

En los palcos el disfrute es total. Además de parrandear con los grupos musicales en ese sitio, se dedican a animar y bailar desde lo alto para las mujeres que desde abajo vienen recorriendo el Cumbiódromo. La mayoría de ellos salen bañados de pies a cabeza de agua y cerveza, otra forma de dejar escapar el espíritu carnestoléndico.

La animosidad no disminuye al paso de la cumbiamba. El público a medida que se avanza, no deja de ser menos entusiasta que el primero. Todos exigen ánimo, movimiento y baile. Buenas caras para todos y a los que pasan apagados, se las dedican y para ello se valen de gritos y hechos (como el que con culebra viva en mano hizo mover a más de un grupo folclórico).

Este es el público que se ve en Barranquilla. No sólo son curramberos, los hay de todas partes del país y del exterior --especialmente de Estados Unidos y Venezuela, donde muchos colombianos residentes ahorran para venir a carnavalear--

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