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LA ÚLTIMA FAENA

LA ÚLTIMA FAENA

Vinieron, torearon y se fueron. Esta puede ser la frase para el resumen más corto de una temporada taurina, como la que terminó. Pero no es suficiente. Hay que decir que las plazas de Cali, Manizales, Medellín, Bogotá, Cartagena, Armenia, Palmira, Ibagué, Duitama y Popayán, casi siempre se llenaron, aunque Bogotá tuvo sus claros. Que los ganaderos enviaron sus encierros, unos mejor presentados que otros, con su bravura o mansedumbre; con su genio o su nobleza, pero, ellos, con la ilusión de triunfar, de que sus astados embistieran, de que su largo trabajo se reflejara en los ruedos. Y se debe decir que la cría de reses bravas en nuestro país ha crecido y ha mejorado muchísimo. Por ello, por la materia prima, esta temporada ha sido una de las mejores en los últimos años. Hay que decir también que los aficionados calmaron su sed de corridas y de licor. Como los toros, unos más que otros, también con su nobleza y su bravura. Entendidos y neófitos.

Los toreros nacionales tuvieron un buen desempeño junto a los españoles, más toreados. Igualmente, los subalternos, tanto de a pie como de a caballo, pusieron un punto alto. Algunos nada tienen que envidiarles a los hispanos.

En Cali, con su clima cálido, sus hermosas mujeres, su ambiente alegre, la feria fue, como las faenas meritorias, de menos a más. Donde se puede destacar la labor de los colombianos: Dinastía cortó dos orejas. También cortaron César Camacho y Joselillo de Colombia .

Como este resumen se hace de memoria, recordamos, especialmente, la quinta tarde, cuando vino el toreo grande. Salieron a hombros José Miguel Arroyo Joselito y César Rincón, después de un gran triunfo con toros de Ambaló. Allí se vio aquello a lo que tanto le temen los toreros: la derrota. Porque mientras estos dos espadas se iban entre la admiración y la gratitud, Víctor Mendes salía silencioso y cabizbajo, después de una actuación en la que todo le salió mal. Estaba mal de condiciones físicas y así no se puede competir.

Fue en Cali donde César Rincón comenzó a demostrar plenamente su poder, arte, técnica y valor, con los cuales reanudó la temporada. Fue allí donde se vio que se llevaría los trofeos de las ferias de Colombia. Y pudo ser allí donde se vio que los toreros que más tiene cerca son Ortega Cano, Joselito y Ponce. Porque la tarde más grande de la temporada caleña fue la del cierre, cuando Ortega Cano indultó un toro de Guachicono. Rincón cortó tres orejas y Ponce una. Capotes mojados Y de allí se pasó a Manizales, con un clima más fresco, donde llovió fuerte, pero se dieron las corridas y también llovieron faenas grandes y orejas. Es que en Manizales hay un embrujo taurino. Los toros embisten más, los toreros se entregan con alma y corazón, el público llena la plaza. Y la fiesta brava tiene otro ambiente.

Cómo olvidar la tercera tarde, cuando Rincón, en una faena que brindó a Paola Turbay, lució cumbre, y de haber estado en Las Ventas, se habría merecido las dos orejas, pero le concedieron una en medio de una rechifla general contra la presidencia. Y luego Ponce, después de otro faenón, cortó dos orejas. Y qué tal esa tarde de Ortega Cano, al día siguiente, cuando le realizó una dramática y artística faena, bajo un torrencial aguacero, a un toro de Rocha Hermanos y salió con la taleguilla destrozada? Esa tarde, también Rincón se jugó entero y cortó una oreja en cada toro. Juan Mora estuvo muy bien en su segundo.

Solo resta decir que Manizales, igualmente este año, ha realizado una de sus mejores temporadas.

Y en Medellín? Qué feria. Qué faenas las del monstruo de Bogotá . Cómo torearon Ponce y Joselito, entre otros. Porque para no ir más lejos, la feria más pareja fue la de La Macarena. Los paisas, a pesar del ambiente de zozobra que han tenido que soportar, acudieron a los tendidos. Por fortuna, todo transcurrió en calma.

Y vino Bogotá, una temporada en la que, como en Cali, las tardes fueron superando una a la otra para terminar en apoteosis y con indulto. En esta ocasión cabe destacar que no se rechifló a ningún astado por mala presentación, y los devueltos fue por errores de la presidencia.

La Santamaría vivió momentos de arte inolvidables. Hay que destacar la corrida de la prensa, donde se declaró la limpia competencia Joselito-Rincón. Fue una tarde artística y emocionante.

Y quedará registrada también la corrida nocturna, hecha para reponer la aplazada por lluvia el domingo anterior, que constituyó un éxito, por su iluminación, su colorido y el arte. La buena actución de Pepe Manrique. Después, se mantienen en la memoria los naturales de Manzanares, el valor de César Camacho y, desde luego, la labor de César Rincón, que tuvo en Bogotá una actuación extraordinaria cada tarde, hasta culminar en el mano a mano con Ponce, donde este cuajó una faena que no podrá borrarse del registro de las tardes de apoteosis. Y fue en la Santamaría donde se pudo mostrar, por fin, el diestro español Manuel Caballero como una promisoria figura del toreo.

Ahora vienen, para los nuestros, las corridas en la provincia. Ojalá la afición los apoye, los acompañe. Ellos necesitan de estas tardes para llegar mejor preparados al fin de año, única oportunidad de lograr algún dinero.

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