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EL NUEVO CLIMA

EL NUEVO CLIMA

Considera que con los narcotraficantes no debe haber ningún tipo de diálogo? Diálogo sí, porque con eso nada se pierde. Se dialoga para convencer a los otros. Hay que hablar con quien sea. (Respuesta del sacerdote Gabriel Giraldo a una pregunta de EL TIEMPO).

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Que el Padre Giraldo (sí, el mismo decano por antonomasia de la facultad de derecho de la Javeriana, y profesor de Luis Carlos Galán) diga que no es pecado hablar con los narcos, es talvez porque en el fondo considera que esta guerra ha sido muy injusta, y que posiblemente una manera de acabarla para siempre sería conversando con sus protagonistas, en busca de una tregua duradera que culmine en la paz.

Naturalmente, no hay que confundir el narcotráfico con el narcoterrorismo. Que es, esto último, lo que tiene hastiados a los colombianos; y lo que probablemente conduce a que personajes de la talla moral del Padre Giraldo sostengan que dialogar con los narcos no sería malo, al igual que lo han planteado otros ilustres prelados, como Monseñor Castrillón.

Y para qué engañarnos: eso era lo que muchos intuían que había ocurrido ya, un tanto en la sombra, para no alborotar la rigidez de los Catones. Porque no es fácil explicarse que de la noche a la mañana dejen de matar policías en Medellín, o que los extraditables no hubieran tomado ninguna represalia frente a la muerte del primo de Pablo Escobar, sino al contrario: que, pese a ello, prometan mantener la tregua, declarada por ellos unilateralmente.

A cambio de qué? De evitar la extradición de nacionales a los Estados Unidos. Por eso hay que interpretar ciertas declaraciones del ministro de Justicia, formuladas a comienzos de la semana, como un preanuncio de lo que más tarde vino a ser la posición del presidente Gaviria, consagrada en el texto del decreto 2074 de 1990. No hay prisa para extraditar , había dicho recientemente el doctor Giraldo Angel. Quien por cierto ha resultado toda una revelación jurídica ante los desconocidos ojos de la opinión. Y el jueves en la noche, el Gobierno decide que Colombia sí puede juzgar a los narcotraficantes que se entreguen, al igual que los paramilitares que cumplan determinados requisitos podrán quedar en liberdad condicional. Si eso no es una respuesta oficial para consolidar la propuesta de tregua de los extraditables, entonces no sé cómo definir lo anterior.

Desde luego que quien mayores favores nos ha hecho y mejores beneficios nos ha traído es el señor Marion Barry con su incurable metedera , y con el proceso de que fue objeto, al juzgarlo el jurado lo más permisivamente posible. Claro que es un escándalo mundial el que el alcalde de la primera capital del mundo o al menos la capital del imperio occidental lo cojan con coca, y prácticamente le perdonen el vicio, cuando ya nadie discute que el problema no es solo nuéstro, sino también de otros. Curiosamente un corresponsal del Correo de EL TIEMPO Tomás González B. se indigna contra este pobre columnista, y lo acusa de repetir por enésima vez el tema habitual de las señoras en sus costureros , en el sentido de que la guerra es nuéstra y por lo tanto los muertos seguirán siendo nuéstros para desgracia nuéstra, así como cuando los Estados Unidos han tenido sus guerras les ha tocado poner sus muertos .

Nadie, señor lector, le está sacando el cuerpo a nuestra responsabilidad internacional, pero nadie tampoco tiene por qué seguir pagando indefinidamente los costos de una guerra que, como lo demuestran las narices de Marion Barry, no es exclusivamente nuéstra, sino muy compartida. Y que, por consiguiente, no le pueden exigir cuotas de sacrificio a una sola de las partes, ni apropiación única en la distribución de tales responsabilidades.

La posición del Gobierno es, pues, nítida. Sobre quienes no confiesen sus delitos ni colaboren con las autoridades, caerá todo el peso de nuestro aparato judicial, y se aplicarán las máximas penas y las normas vigentes sobre extradición . De manera que es mejor que calmen sus ímpetus los Catones y los moralistas, porque se está actuando de frente, sin subterfugios ni engaños con la población. Yo también comparto la tesis de que esta nueva actitud con el narcotráfico este nuevo clima se ha podido asumir en virtud de la lucha que afrontó la Administración Barco con valor y decisión, aunque a costos muy altos, por encontrarse impreparada para enfrentarla exitosamente. Sinembargo, se logró acosar, golpear, acorralar al enemigo, sin extinguirlo del todo. Y ese campo abonado al ofrecimiento de aplicar ahora medidas menos rigurosas contra narcos, paramilitares y autodefensas todos a una, como en Fuenteovejuna hay que atribuirlo, en gran parte, a la impopularidad de las medidas del régimen anterior. Cuyo valor quedó desvirtuado parcialmente, cuando por desgracia se descubrió que mientras por la puerta delantera se le decía sí a la extradición y no a ningún tipo de transacción, por la trasera don Germán Montoya intercambiaba inquietudes con Guido Parra, a través de ilustres mediadores.

Por eso no vale la pena desgastarnos más en esta guerra inútil nuéstra, sí, pero inútil mientras los jueces de Barry consideran que lo que él hizo tampoco fue tan malo. Y como escribió Luis Carlos López, Viva la paz!, viva la paz! , trinaba alegremente un colibrí, de flor en flor...

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