EL BARRIL DE LOS PUERCOS

EL BARRIL DE LOS PUERCOS

Así llamaron en los Estados del Sur de Norteamérica a los toneles en los que se almacenaba la carne de cerdo que comían los esclavos. Después de al guerra civil, el nombre se le da a fondos del presupuesto federal que sufragan gastos poco ortodoxos del Congreso. También, a los recursos de ese mismo presupuesto que se conceden a legisladores influyentes, principalmente senadores, para financiar proyectos de marcado contenido regional y que por razones electorales importan a quienes los promueven.

09 de enero 2001 , 12:00 a.m.

Así llamaron en los Estados del Sur de Norteamérica a los toneles en los que se almacenaba la carne de cerdo que comían los esclavos. Después de al guerra civil, el nombre se le da a fondos del presupuesto federal que sufragan gastos poco ortodoxos del Congreso. También, a los recursos de ese mismo presupuesto que se conceden a legisladores influyentes, principalmente senadores, para financiar proyectos de marcado contenido regional y que por razones electorales importan a quienes los promueven.

Obviamente la adjudicación de dichos fondos y recursos no se hacen con base en estudios técnicos ni serios análisis económicos-financieros. la decide el Gobierno de turno cuando necesita pagar apoyos políticos y asegurar la aprobación de los proyectos en que el Ejecutivo tiene interés. Quien consigue que se los adjudiquen, prueba, además, que tiene poder y es escuchado en Washington, lo cual produce jugosos dividendos políticos.

Aunque no faltan organizaciones y sectores de opinión que los critican ("Citizens against Govermen Waste" The oil patch"), los gastos con cargo al "pork barrel" se continúan realizando y representan cerca del 1 por ciento del presupuesto federal.

A manera de ejemplo, estos son, en dólares, algunos de los gastos efectuados por el Senado, en un año, con cargo al famoso barril. Compra de banderas conmemorativas ($ 200.000). Clases de yoga y aeróbicos ($ 9.000). Honorarios de barberos, esticistas, lustrabotas y manicuristas ($ 560.000). Asesor de imagen ($ 31.000). Cursos de liderazgo a estudiantes univesitarios (4 millones). Convención Nacional sobre pluralismo e identidad (4.2 millones). Estudios sobre cómo el pueblo se comunica a través de las expresiones faciales, la "fobia a la escuela" en los adolescentes y el uso de la bicicleta y el "jogging" (1 millón 230.000). El Día Gay Juvenil - Teen Gay Pride ($ 510.000). Puente peatonal entre New Jersey y las Islas Ellis (14 millones). Restauración del Teatro Allen en Cleveland (1 millón). Construcción de una plaza de mercado campesino en Toledo, Ohio, (2 millones). Auxilio al Fondo Internacional para Irlanda (19 millones). Tranvía de Orlando (3 millones). Escuela religiosa en París (4 millones). Campo de béisbol en Huntsville (1 millón). Ciclo ruta en Eugene, Oregon ($ 800.000). Pista de patinaje en Manchester, Connecticut ($ 30.000. Cancha de tenis en Evanston, Illinois ($ 28.000).

Los sucesos electorales de Florida y el hecho de que se puedan comparar nuestros auxilios parlamentarios con los gastos decretados por el Senado norteamericano, probarían que no estamos tan subdesarrollados políticamente.

De pronto, hemos avanzado más que los Estados Unidos porque nosotros, cuando encontramos que los auxilios eran la caja menor del clientelismo, los prohibimos en la Carta del 91. Sin perjuicio, claro está, de revivirlos, por la puerta falsa, a través de los fondos de cofinanciación, primero, y luego, con los giros del fondo interministerial que financiaron escandalosos contratos del Senado y la Cámara. Ahora los estamos legalizando con otro rótulo o denominación.

Pero el nombre no importa. Lo que cuenta es que han servido para conseguir que se aprueben la reforma tributaria y el recorte a las transferencias que hace la nación a departamentos y municipios y que soportan la escasa inversión social que se realiza en el país. También servirán para que senadores y representantes hagan campaña, con miras a su reelección en el 2002.

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