INSERCIÓN Y ATRASO TECNOLÓGICO

INSERCIÓN Y ATRASO TECNOLÓGICO

Indudablemente, la apertura comercial puso en evidencia la baja competitividad de importantes sub-sectores y actividades del sector agropecuario, y nada menos que de buena parte de la llamada agricultura moderna o comercial, representada principalmente por cereales y oleaginosas de ciclo corto.

30 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Obviamente, gran parte de esa baja competitividad, tanto para exportar como para enfrentar la competencia extranjera en el mercado interno, obedecía a las grandes distorsiones ocasionadas por los subsidios de los países desarrollados a sus productores y a sus exportadores, y por las innumerables y variadas barreras que interponían al ingreso de productos provenientes de otros países. La apertura acelerada y unilateral que se dio en Colombia, no negociada, sin importar lo que hicieran, o mejor lo que no hicieran en este sentido, los países más ricos, restó bruscamente competitividad a nuestros productos al otorgar ventajas gratuitas al resto del mundo.

Otra gran causa de nuestra baja competitividad, puesta al desnudo por la apertura, ha sido el atraso tecnológico de buena parte del sector agropecuario. Son bien conocidos indicadores como inversión en investigación en proporción al PIB, o como número de investigadores por cada 100.000 habitantes, que muestran nuestro gran rezago en investigación tecnológica, no sólo frente a los países más desarrollados, sino inclusive frente a otros de similar desarrollo.

Problemas tan serios como la baja productividad física de muchos productos comparada con la que logra en otras latitudes, el deterioro acelerado de los recursos naturales asociado al patrón y los hábitos tecnológicos que se han venido utilizando, la inexistencia de opciones productivas que entren a reemplazar productos y actividades que definitivamente no son ni pueden llegar a ser competitivos, son todos problemas muy relacionados con nuestro atraso tecnológico.

Entonces, entre las múltiples causas relacionadas con nuestra baja competitividad, puesta en evidencia a raíz de la apertura, yo destaco estas dos: las distorsiones y la inequidad imperantes en el comercio internacional de productos agropecuarios, por una parte, y, por la otra, el atraso tecnológico del sector.

Por lo tanto, en mi opinión, las perspectivas del sector agropecuario colombiano dependerán, en buena parte, de cómo actúe el país frente a estas dos grandes causas de nuestra baja competitividad.

Fórmula conveniente En cuanto a la primera (distorsiones del comercio internacional), luego de la apertura unilateral, se ha tratado de enmendar la plana participando en negociaciones y acuerdos trilaterales, subregionales o multilaterales, donde se pueden pactar condiciones del exclusión, de equidad, de reciprocidad, de gradualidad, etc. El acuerdo mayor ha sido el del GATT, en el que entre otras cosas, todas las barreras para-arancelarias se convirtieron en aranceles, pero fijados en niveles muy altos y con un compromiso de reducción modesto y muy diferido en el tiempo.

Dentro de este acuerdo, Colombia consolidó aranceles también muy altos que se irán reduciendo muy lentamente. Cómo serán de altos y de lento el proceso que en el año 2004, luego de diez años de reducción, Colombia todavía podría fijar aranceles entre el 75 por ciento y el 227 por ciento, según el producto. Esto le otorga al país un amplio margen de maniobra para adoptar una política arancelaria que le permitiría recuperar parte del mercado interno que ha perdido para varios productos y establecer la gradualidad que nunca ha tenido el proceso de apertura entre nosotros. Se podría establecer una protección razonable y acorde con las distorsiones que persisten en el comercio internacional e irla reduciendo gradualmente de acuerdo con el desmonte de esas distorsiones y con el avance que tengamos en mejorar nuestra eficiencia y nuestras condiciones de competitividad.

Como bien se sabe, esta posibilidad se ve obstaculizada por la aplicación del arancel externo común (AEC) del Grupo Andino, fijado en niveles bastante inferiores a los acordados dentro del acuerdo del GATT por la mayoría de los países. Las soluciones a este problema van desde acordar con los socios andinos un aumento generalizado en ese A. E. C. , hasta otras tan drásticas como abandonar la Unión Aduanera Andina y regresar a una simple zona de libre comercio. De todas maneras conviene buscar la forma más conveniente de remover este obstáculo, con lo cual se podría ayudar a propiciar una recuperación clara del sector agropecuario, en lugar de la muy incipiente que hasta ahora se ha dado.

Dentro de este mismo tema de los acuerdos comerciales, surge como una gran oportunidad pero también como una potencial amenaza la negociación con Mercosur, la cual requiere toda la atención y participación de representantes de los intereses del sector agropecuario.

Ciencia y tecnología En cuanto a la otra gran causa de nuestra baja competitividad, el atraso tecnológico, en los últimos años se han dado importantes novedades para tratar de superarlo, novedades que conviene consolidar, fortalecer y complementar. A comienzos de esta década se diseñó y aprobó el sistema nacional de ciencia y tecnología. Más adelante se reestructuró el ICA y nació CORPOICA como entidad dedicada exclusivamente a la investigación y transferencia de tecnología y con una activa participación de los usuarios. También se ha dado una interesante diversificación en las entidades de investigación y se han creado nuevos fondos parafiscales, manejados por los gremios , que tienen dentro de sus objetivos, como una gran prioridad, el desarrollo tecnológico. Cada vez son más frecuentes las alianzas estratégicas entre centros de investigación, universidades y gremios de productores; entre el sector público y el sector privado; entre centros nacionales y universidades y centros extranjeros, etc.

Por otra parte, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología Agropecuaria, que es el encargado de orientar y coordinar el sistema de ciencia y tecnología en el sector agropecuario, ha adelantado algunas actividades importantes pero hasta ahora no ha tenido un gran desarrollo ni ha ejercido el gran protagonismo que se espera de él.

Por esto, recientemente, COLCIENCIAS y el Ministerio de Agricultura han iniciado, a través de este Consejo, un proceso de planeación estratégica, cuyo propósito es integrar la ciencia y la tecnología al desarrollo del sector agropecuario y contribuir a alcanzar los objetivos de tal desarrollo, como son el bienestar de los campesinos, el mejoramiento de la competitividad y el desarrollo sostenible.

Dentro de esta planeación estratégica se contemplan, entre otras cosas, la formulación de la política sectorial de desarrollo tecnológico; la articulación e integración del sistema nacional de investigación, transferencia y adopción de tecnología, y la culminación del proceso de cambio organizacional que se ha dado en el sector en los últimos años, consolidando las nuevas estructuras organizacionales, fortaleciendo la articulación entre ellas y definiendo para ellas una estrategia de financiación.

El gran propósito es fortalecer y mejorar la eficiencia y efectividad de este sistema nacional de investigación y transferencia de tecnología, medida en términos de resultados concretos y apropiables y de su contribución efectiva a los objetivos del desarrollo agropecuario.

Yo creo que gran parte del futuro del sector agropecuario, de su competitividad, dependerá del éxito o del fracaso, de este plan estratégico de la ciencia y la tecnología para este sector.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.