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LAS VIDAS DEL GENERAL TEODORO CAMPO

LAS VIDAS DEL GENERAL TEODORO CAMPO

Teodoro Ricaurte Campo no utiliza ese tono metálico que caracteriza a los generales. Usa en cambio, esa entonación civilista, racional, y más lúcida, que caracteriza últimamente a los policías.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Con sus subalternos el asunto es distinto: es amable pero utiliza el tono seco y distante de los que están acostumbrados a mandar. Porque eso sí, no hay nada que le choque más que alguien esté fuera del preciso espacio que le corresponde, con el bastón de mando cogido como no debe ser, o que la puerta no esté abierta cuando se aproxima su cuerpo de 1,84 de estatura.

Un cuerpo que a su paso siempre deja una estela de venias castrenses: cuando viene, cuando va, cuando sale, cuando pasa, cuando vuelve ... Venias que él nunca deja de responder, mientras empuña con vigor un par de guantes negros, un corto bastón de mando negro y dorado y el anillo de oro con las 17 torres de la familia Campo que lleva en el meñique izquierdo.

Familia que tiene entre sus miembros a varios militares y a uno de ellos, su abuelo y homónimo, el general Teodoro Campo Serrano, le correspondió como Presidente de Colombia sancionar la Constitución de 1886.

Con el sentido del gusto también es exigente y moderado. En su oficina del cuarto piso de la Policía Metropolitana en la avenida Caracas con calle 6, mantiene, metida entre un cajón, una caja de chocolates suizos de la mejor marca, un poco de dulces surtidos expuestos para las visitas y un frasco opaco que solo destapa para satisfacer un antojo ancestral: las hormigas culonas.

Del Instituto para la Seguridad Social y Bienestar de la Policía Nacional, cuya dirección ocupó hasta el pasado primero de septiembre, también se trajo tres árboles bonsai y varias imágenes de caballería, una de ellas esculpida en un portalapiceros dorado que lleva grabado su nombre. Después de hablar con él un rato, uno entiende que estos dos últimos elementos, conforman, con las hormigas culonas, una especie de pirámide cultural que define las aristas de su personalidad.

Pero, en qué diablos se parecen Japón, Inglaterra y el departamento de Santander?, tres culturas discretas, contundentes y con un carácter tan propio que es imprevisible, como el de él.

Estas tres culturas lo atraen profundamente por distintas razones: A Socorro (Santander), tierra de los comuneros, de su madre y de él (nació el 11 de febrero de 1944), dice que le sacó la rebeldía contra la injusticia, el abuso y la inequidad. Los santandereanos somos gente de mucho carácter, por eso nos dicen que somos de mal genio, pero eso es válido, porque el estilo hace al hombre .

Hablando de estilos, a Japón y a Inglaterra los admira por tener eso y los disculpa por su historia: ambos son islas, pueblos que han tenido que superar muchas dificultades para proveerse de alimentos y tuvieron que salir a buscar en otras tierras de lo que ellos carecían. De pronto eso los convirtió en colonialistas... .

A Japón no ha ido. En Inglaterra vivió entre marzo de 1989 y agosto de 1990, cuando ocupó el cargo de agregado de Policía en la Embajada de Colombia en Londres, siendo embajador Fernando Cepeda Ulloa.

Cuando era cadete en la escuela General Santander escuché algo que me llamó mucho la atención y se convirtió en un deseo: un coronel era el agregado comercial de la Embajada en Londres . Años más tarde se presentó a un concurso entre coroneles y obtuvo el mejor puntaje.

Ascenso Por orden, por deseo o por destino, en sus treinta y dos años de carrera policial, Teodoro Ricaurte Campo nunca se ha quedado estancado: Comandante de la Policía de Antioquia entre septibre de 1990 y septiembre de 1992, Director de la Escuela de Cadetes General Santander hasta marzo de 1993, Director de la Policía Antinarcóticos hasta febrero de 1994, Subdirector de Servicios Especializados hasta septiembre del 94, Comandante de la Policía del Atlántico hasta enero de 1995.

En el intermedio y después de seis años de tener el rango de coronel, se produjo su ascenso a Brigadier General en diciembre de 1994.

Paciencia, porque la carrera continúa: Director del Instituto para la Seguridad Social y el Bienestar de la Policía Nacional desde enero de 1995, y hace un mes, Comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, que, como lo es la Alcaldía a la Presidencia, puede convertirse en el trampolín para llegar a la dirección de la Policía Nacional, si lo hace bien.

Los que saben de dignidades dicen que por los escalones que ha pisado, por la solvencia con la que se mueve en los medios internacionales (léase autoridades europeas y DEA), por su impecable acento inglés y por las 27 condecoraciones que esconde dentro del bolsillo, él es una carta clave de la Policía. A lo anterior habría que agregarle el tono, por supuesto.

Respecto a cierta reputación de ser más un estratega que un ejecutor dice: No estamos trabajando por llegar a dignidades. Yo no he dado grandes golpes, yo he pretendido hacer mi trabajo bien. He tenido el pie en el barro muchísimas veces y en cada cargo como entro con grandes expectativas, salgo con grandes satisfacciones. Pero, no soy básicamente reactivo, cuando hay que reaccionar lo hago, pero prefiero ir adelante de los acontecimientos .

El monte Barro, el que le tocó aguantar cuando enfrentó a la guerrilla, nada más y nada menos que en los movidos albores de los 70 en la frontera entre Córdoba y Antioquia como subcomandante y luego comandante de la estación de Bocas del Uré, en el sánduche entre Montelíbano y Santa Rita de Ituango. Era un subteniente y solo usaba botas.

Más tarde, entró al campo de los antinarcóticos, como jefe de la Unidad de Estupefacientes de la Dipec, hoy Dijín. Pero ahí, calladito, fue el que inauguró el uso del glifosato en Colombia, en la Sierra Nevada de Santa Marta en 1984.

Luego sería el gran jefe de la Policía Antonarcóticos y uno de los cerebros de la Operación Angelo II, en la que participaron autoridades inglesas, italianas y estadounidenses (la DEA). Esta operación condujo al desmantelamiento de una poderosa red internacional de tráfico de drogas.

Por cuenta del narcotráfico, el 11 de febrero de 1976 pasó uno de los mayores sustos de su vida y se convirtió en sobreviviente por primera vez: en el aeropuerto Eldorado le dispararon cinco veces pero solo una bala atravesó su cuerpo. Un año más tarde fue la segunda, pero esa vez fue por cuenta de la guerrilla que intentó tomarse la Escuela de Carabineros Alfonso López Pumarejo (hoy Centro de Estudios Superiores de la Policía), en Suba, donde actualmente vive con su familia.

Su tercera vida, la perdió el 14 de febrero de 1992, cuando el helicóptero en que viajaba se precipitó a tierra minutos después de despegar en Bogotá.

Escala en Antioquia Esos capos eran otros , dice refiriéndose al atentado de 1976. Distintos a los que luego le tocó perseguir, otra vez con las botas puestas, por las montañas de Antioquia en las tenebrosas épocas del narcoterrorismo de Pablo Escobar, antes y después de que se fugara de La Catedral.

La persecución contra Pablo Escobar era contra el dique de corrupción en el que se había constituido la Policía, entonces nos fuimos deshaciendo de esos policías , dice. En esto trabajó en llave con su gran amigo en la Policía, el general Hugo Martínez Poveda, que era en ese entonces y hasta la muerte de Escobar, el Comandante del Bloque de Búsqueda en Medellín.

Durante los dos años que estuvo en Antioquia, sus unidades sufrieron 17 asaltos y perdió 116 hombres. El nombre de cada uno de ellos y el día en que murió lo lloré y lo tengo apuntado en mi agenda. Es que ningún enfrentamiento es tan duro para uno como comandante como cargar el cajón de un policía y tener que darles las condolencias a la viuda y a los hijos .

Y a pesar de las dificultades, su paso por esa tierra escarpada le fue tan grato que incluso hoy cada vez que la visita se trae en el avión árboles antioqueños con tierra antioqueña , para colorear con yarumos plateados el vivero conformado por 1.200 especies nativas que tiene en las afueras de la capital.

Lo que no debe uno ir a hacer a Antioquia es a proponerles negocios a los paisas porque ahí sí se cae con ellos , dice. A pesar de tener un diploma de economía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y dos posgrados de administración de empresas de Barcelona (España), ni lo intentó.

Pero, supo cómo ganarse la simpatía de los paisas: para su primer acto público, el 13 de septiembre de 1990, se aprendió al pie de la letra el himno de Antioquia y con eso bastó para que al final del acto varias personas se le acercaran a ponerle conversación.

De Antioquia salió lleno de gratitudes porque encontró el apoyo necesario para levantar de las ruinas 79 comandos y para dotar con los vehículos decomisados por antinarcóticos a la policía de casi todos los municipios.

Lo que falta para la cima Desde eso, la formación del hombre que necesita la policía se convirtió en su objetivo y el bienestar su prioridad. Si al policía se le facilita la manera de adquirir vivienda, educación, salud para él y para su familia, y si existe una cultura de recreación vacacional, él va a poder cerrar la puerta de su casa tranquilo porque deja una familia satisfecha .

Menos tranquilo que hace un mes, el general Teodoro Ricaurte Campo sigue cerrando sin falta, todos los días a las 5 de la mañana la puerta de la casa que comparte con su esposa María Cristina Soto (periodista), su hija Paola Cristina de 22 años (ingeniera industrial en proyecto), cinco perras y dos perros.

A esa hora, se encarama sobre Espacial un caballo pura sangre inglés de 1 metro con 80 centímetros de alzada que además de estremecerle los músculos siempre le recuerda que le queda el obstáculo más alto por saltar: la resistencia al cambio .

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