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LA BELLA Y LA BESTIA

LA BELLA Y LA BESTIA

La bella: Viena Ruiz Bella, sí, como mandan los cánones al uso. Bella, sin la perversidad natural que la belleza exige para ser turbadora y casi diabólica ante la mirada masculina. Bella, ciertamente, pero de una belleza tediosa y sin brillo, ella también es el resultado de otro guiño , el que empezaron a hacer los informativos y los seriados de televisión a las niñas que desfilaban por las pasarelas. Lo que contaba no era la idoneidad periodística ni la experiencia en las artes dramáticas, sino el look y el fashion de estas niñas. El guiño constituyó el casting o este se hizo, no para dar credibilidad a la noticia o fuerza dramática al personaje, sino para poner detrás de las cámaras un adorno de mesita. En honor a la justicia, ellas no tienen la culpa. Inocentes, conscientes de su belleza efímera, se limitaron a decir sí, a aprenderse el libreto o a decir las noticias que apenas comprendían. Fueron o son simples piezas en la banalización de los informativos, donde una ca

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

La bestia: Carlos Lemos Todos, casi todos coinciden en afirmar que es un hombre de carácter. Todos, casi todos, dicen que es el intelectual del turbayismo , lo que no es difícil en ese territorio acotado del manzanillismo. Todos, casi todos, podrían decir que, como hijo de Popayán, esa ciudad parásita e improductiva, templó su carácter en una especie de orgullo que el tiempo convertiría en altanería, tocado eso dicen por la severidad de un hombre culto que naufragó fugazmente en las aguas del marxismo.

Pocos son los que dicen, sin embargo, lo que definiría su carrera política, dicho ya por Goethe hace más de un siglo: Prefiero la injusticia al desorden repetiría Lemos Simmonds.

Resulta que el último escalón de su carrera política ( el último!) es el resultado de un guiño , el más fácil gesto de la seducción machista. Todo, en su caso, se decidió por un guiño y quien lo hacía sabía que la lealtad, la obediencia, el temple turbayista y la manera de confundir el carácter con el autoritarismo, bastaba para tener al hombre de rodillas, dispuesto a llenar un vacío en la segunda fila o a cubrirle la retirada al obstinado de la primera línea. De derecha en economía y de mano dura en orden público dijo de él una revista, lo que traducido en cristiano quiere decir: neoliberal y guerrerista, virtudes que vienen, no de los libros que ha leído sino de las prestantes familias políticas de su Cauca nativo. Las armas y las letras, ese anacronismo cervantino, son en Lemos Simmonds el mejor garante de su carácter a la hora de asomarse a la Casa de Nariño. Vertical en ciertos asuntos que a Washington preocupan, no hará el milagro de soldar a un partido dividido y hecho añicos, sino el milagrito de ofrecer oxígeno a un Gobierno que se asfixia.

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