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UN CLÁSICO SIEMPRE ES UN CLÁSICO

UN CLÁSICO SIEMPRE ES UN CLÁSICO

Clásico de miércoles por la noche. No hay novia, no hay esposa, no hay cine, ni taberna, ni clases ni ninguna otra propuesta mejor. La estrella se llama Millonarios-Santa Fe. Qué otra cosa mejor se puede hacer estando en Bogotá...? Pues, nada. Entonces, allá vamos. El Campín nos espera con su verde inmaculado,

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Analizo: Qué es un clásico? Básicamente, un choque de estilos, de colores, de barrios, de identidades, de pensamientos, de clases sociales. Consecuentemente qué es Millonarios-Santa Fe?.

Es el azul frente al rojo...

La técnica versus la fuerza...

La clase ante el amor propio...

El rico y el pobre...

El exigente y el sufrido...

La crema de la zona norte y el alma del barrio sur...

Es el cuadro de Di Stefano frente al de Pontoni...

El de Willington contra el de Víctor Campaz...

Embajadores y Cardenales...

La estirpe millonaria y el amor santafereño.

La gloria y el prestigio ante la fidelidad y la fe...

Es, incluso, una cervecería oponiéndose a otra: Leona frente a Costeña...

Es la rivalidad en estado de máxima pureza, porque proviene del corazón.

Es el ansia de ganar y el miedo a perder. A perder justo ese partido.

Es la burla al rival, la sonrisa fácil, el pecho caliente, la excitación, la esperanza. Qué bella expresión de pueblo es el clásico, capaz de hacer un tajo a la ciudad y dividirla en dos, en amor y odio! Pobres de aquellos cuadros que no tienen clásico! Porque yo mismo deseo a veces que Racing desaparezca de la faz de la tierra. Pero, luego pienso: si Racing desaparece qué sería de nosotros los independientistas? a quién le ganamos?. qué sería de Millonarios sin Santa Fe y de Santa Fe sin Millonarios? Por todo ello, el clásico siempre tiene aristas destacables, aunque sea pobre como este 1 a 1 del miércoles. La pasión nunca tiene puntos bajos. Y el choque siempre es sanguíneo, volcánico, eternamente polémico.

Claro que hay épocas y épocas. A excepción del arquero Dudamel y el zaguero Osman López, no se apreció gente destacada o con nivel internacional. Apenas algo de Wittinghan, muy veloz, y unas pizcas de Raúl Ramírez. Los demás, un grupo de buenos muchachos, una pandilla chévere...

Eso de los tiempos nos trajo el recuerdo de los argentinos que prestigiaron el clásico bogotano. Las gloriosas camisetas que supieron lucir Alfredo Di Stefano y René Pontoni la visten hoy Pablo Abdala y Silverio Penayo. Como diría Robin: Santo cielo! Recórcholis, Batman! Cáspita! Caracoles! Cáscaras y recontracáscaras...! Abdala tiene algunas diferencias con Di Stefano, en especial no convierte tantos goles. Pero al menos deja todo en la cancha, es un honesto raspador de la media cancha. En cambio Penayo no muestra similitudes con Pontoni. El público santafereño espera con entusiasmo que Penayo demuestre todas las inmensas condiciones que le adjudicó el entrenador, señor Centrone.

El final es en paz. Sin sonrisas ni tristezas. No fue bueno ni brillante. Pero fue clásico. Como dijo Manolo al salir de un poco entusiasmante Celta de Vigo-La Coruña: Un clásico siempre es un clásico...

Si, Manuel. Y dos son dos.

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