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FULVIO GONZÁLEZ

FULVIO GONZÁLEZ

Mariana acarició la madera y conteniendo las lágrimas empezó a decirle cosas tiernas a su esposo, que trataba de moverse, de levantarse y gritar que no estaba muerto. Mariana estaba a punto de separarse y dar la espalda cuando el muerto abrió los ojos...

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Patricia apagó la radio, se metió debajo de la cama y no quería saber qué pasó con el hombre de la caja, hasta que su papá le explicó que existía una enfermedad llamada epilepsia...

En Bogotá, otro niño de 7 años quería ser amarillo y tener paciencia, mucha paciencia, para poner tras las rejas a criminales invencibles, llamarse Chang Li Po y ser uno de los detectives más sagaces.

Y Fulvio González no supo nunca de esos niños, ni de los miles de colombianos que escucharon sus radionovelas y sufrieron de terror con sus historias de suspenso.

Fulvio, el creador de Chang Li Po y Larga es la muerte, se divertía viendo a los actores crear tormentas con una lamina de aluminio, personificar a tres criminales y un mayordomo. Escuchar una cabalgata endemoniada con dos coquitos o golpes en el pecho.

Y amaba la ilusión, el encanto de crear con las palabras. Y saber que miles de personas recuerdan su trabajo. Y por eso poco o nada le importa que los libretos y las grabaciones de sus radionovelas hubieran desaparecido con una tormenta y un techo que cayó sobre los archivos de Todelar.

Cuando él era niño leía las novelas de Julio Verne, Salgari, Dostoievski, Victor Hugo y Vargas Vila. Después se enamoró de Hemingway y su capacidad para crear en toda una novela un suspenso insospechado con la historia de un hombre y un pescado.

Fue uno de los primeros comunicadores sociales de Colombia. Se graduó de la Universidad de América, en Bogotá, a principios de los cincuenta. Pero nació en Cali y se graduó de bachiller en Pereira porque en Bogotá, a donde se fue su familia cuando era niño, estalló el Bogotazo y lo mejor era irse.

Fulvio aprendió el oficio de libretista en la Universidad. Y sus primeros libretos eran la continuación de la historia que escribían unos cubanos que no volvieron a mandar nada a Caracol. Le pagaban 10 pesos por libreto y en 1953 diez pesos diarios era buen dinero.

Volvió a Cali. Y creó a Chang Li Po. Un detective que resolvía todos sus casos sin disparar una sola bala.

Los programas eran en directo y Enrique Buenaventura era un muchachito que empezaba a ser actor. Y en alguna ocasión en una de las tantas aventuras de Chang Li Po, el que sería el fundador del Tec se equivocó, leyó mal una frase y Luis Chape, Chang Li Po, le dijo: No te pongas nervioso, ten paciencia, mucha paciencia . Y nadie notó el error porque el caso que estaban resolviendo era muy complicado.

Fulvio escribía todos los días de 6 a 8:30 de la mañana. Y no sabe cómo podía levantarse porque era un bohemio.

Y recuerda que todos los actores ganaban tan bien como él. Y radionovelas como Cady el Arabe, Yo soy Ricardo Fernández, Vuelo X-072, Cadenas Malditas, Infierno Verde, Guajira, Decida, Viva o muera fueron vendidas a diez países.

Para televisión escribió La daga de oro en 1983 y dos seriados: Así fue y Este es mi caso. Para Telepacífico Viva el barrio, Fuera de lugar y El Protagonista.

Y un día fue a tomarse unos tragos en Terrón Colorado, y en la mañana un tendero lo echó porque iba a escuchar la radionovela. Y no hubo poder humano para hacerlo entender que él era Fulvio González y no un chiflado porque según él Don Fulvio está lleno de plata y vive fuera de Colombia .

Y lleno, lleno, no estuvo. Pero tuvo dinero para vivir bien, gastárselo en caprichos y educar a sus hijos. Fulvio Jr. vive en Cali, Julio César en Francia, Carmen en Popayán, Adriana y Tatiana en los Estados Unidos.

Y él sigue viviendo en Cali, en un apartamento en el barrio Tequendama. Está escribiendo un libro para niños: Shabino el rey de los Andes. Dicta talleres en la Universidad, en las mañanas coge un bus para ir al café Los Turcos, al medidodía lo recoge su hijo para almorzar, luego vuelve al café y ve pasar el día con cientos de conversadores. Y tiene 70 años.

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