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HORRENDO

HORRENDO

No se necesita tener la mente en estado tal de confusión que no permitiera deducir cómo, con el condenable acto de colocación de unos kilos de morfina en el avión que iba a conducir al Jefe del Estado colombiano a la reunión de las Naciones Unidas, se buscaba un propósito maquiavélico, lleno de odio intenso y profundo, encaminado a causar un grave perjuicio al Presidente directamente, y, desde luego, a nuestra patria.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Imagínese la reacción de la opinión pública, si a su llegada a Nueva York se hubiera descubierto la presencia de esa droga heroica que tantos dolores le ha ocasionado a Colombia. Transportada en el interior del avión presidencial, habría sido el escándalo del año; una afrenta, una bofetada a nuestro país. Por fortuna una voz sensata, que creemos inspirada en buena intención, denunció la carga maléfica, y las autoridades lograron descubrirla, para frustrar lo que alguien, en un momento de insana pasión política, pretendió consumar.

Cabe la posibilidad, algo lejana, de que hubiera sido un delincuente común el que pretendía aprovechar el traslado de la nave presidencial a los Estados Unidos. Pero, estando como estamos, en esta atmósfera pasional de odios y admiraciones, de deseos de venganzas y ambiciones inconfesables, todo indica que fue un hecho preconcebido para causarle un daño irreparable al presidente Samper. Encerrados en la mente colombianista, única razón que nos mueve a exponer argumentos en pro o en contra del actual Gobierno, el dolor patriótico nos trae una sensación de horrible vacío, de repudio ante la insensatez. Cómo pueden seres nacidos en estas tierras, amparados por la misma bandera nacional, intentar un propósito que de haber culminado como lo pretendían, hubiera cubierto de ignominia no sólo al Presidente de la nación, sino a su propia patria? Quiera la Justicia orientar la inmediata investigación por un camino eficaz para poder enseñar ante los demás colombianos al autor o autores de un hecho que no vacilamos en calificar como delito de lesa patria.

Aprovechemos la oportunidad para desear que el mandatario colombiano realice con éxito su visita a Estados Unidos; que sea fructífera su presencia ante la ONU con una comitiva destacada, que ayude a mejorar nuestra imagen para que el país hermano rompa un poco la tensión y piense de Colombia en forma diferente. Samper tiene por delante una ardua tarea. Y, por encima de todo, como colombianos esperamos que tenga éxito en sus presentaciones y borre esa impresión negativa que se tiene en el coloso del Norte de esta amada Colombia, mancillada por los malos compatriotas con errada visión del presente y el futuro de nuestro país.

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