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ENO ROZEN

ENO ROZEN

Es atleta y una flor; un marciano y un bebé; un universo completo que construye sin que de él se escuche una sola voz. Sus palabras son los movimientos. A su nombre verdadero, Hanoch Rozen, le quitó una parte para que quedara más sonoro . Es Eno, el mimo al que le pueden entender sin problemas en Japón o en la Unión Soviética, en Colombia o Brasil porque su lenguaje, la mímica, es universal.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Al arte Pierrot llegó por hambre y no por convicción; en realidad se sentía actor dramático hasta que, a los 16 años, abandonó su tierra de crianza, Israel, y se fue hacia Europa.

En ese continente se quedó sin un centavo y perdió la billetera. No tuvo otra salida que acordarse de las clases básicas de mimo que había tomado en el colegio; se pintó la cara de blanco y se puso a hacer mímica en una plaza de Munich. Gustó tanto entre el público callejero alemán que recogió dinero para regresar a su país.

Desde ese momento cambió sus metas. Estudió en París pantomima y danza, y siguió cada movimiento de su maestro y máximo ídolo Marcel Marceau, a través de la escuela de su ex esposa, Ella Marceau. Por eso, su formación es la del mimo clásico, aunque no se pinta la cara de blanco para no parecerse a su profesor y porque ese color no registra bien en televisión.

Sus historias tampoco son clásicas. Las de él son adaptadas a los años de los computadores y viajes interplanetarios.

Y a la tecnología le añade su ingrediente principal: el humor. Por eso no extraña que en el ascensor de un hotel se haga pasar por un maniquí o le tome el pelo a los taxistas o a los transeúntes.

A otro que le ha tomado el pelo es al matrimonio. A sus 31 años sigue soltero y no tiene hijos. Tal vez por su soltería es que tiene ese tic de mirar a cuanta mujer pasa. No ha tenido mucho tiempo para romances desde que salió definitivamente de Israel a los 20 años. Es que además él mismo hace los libretos , diseña, se encarga de la música y de la dirección general de su espectáculo.

Por eso el tiempo también es escaso para la lectura porque es lento para leer: repite cada línea varias veces. Eso no le impide disfrutar El perfume y El amor en los tiempos del cólera.

Saca, en cambio, tiempo para visitar las discotecas y demostrar sus dotes de bailarín. Ahí aprovecha para tomarse unos tragos; nunca en exceso. Es que tiene que practicar todos los días para mantener la habilidad. Ahora está en Bogotá actuando en el Teatro Libre.

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