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TODOS A UNA

TODOS A UNA

Como en el verso de Lope en Fuenteovejuna, todos a una . Todos los colombianos, con las bien conocidas excepciones, debemos formar un solo bloque para enfrentar lo que hoy constituye una realidad tan preocupante como es la capacidad bélica que están mostrando los grupos narcoguerrilleros, o la subversión narcotraficante es igual, y que desarrollan un plan preconcebido, como el de amenazar y asaltar poblaciones y ciudades, crear caos y pánico y golpear a las Fuerzas Armadas, escudados tras los civiles. Lo ocurrido en Facatativá es una muestra exacta de la manera como van a operar los alzados en armas, que ahora forman una asociación para delinquir en el campo del secuestro y el sostenimiento de sus cultivos ilícitos y el narcotráfico. Es una ofensiva clara de la cual, hasta el momento, la opinión pública da la sensación de que no la ha tomado muy en serio; no es muy consciente de esa terrible alianza que anunció el Embajador Thambs, desde cuando estuvo aquí en Colombia, pero que nadie

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
20 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Mientras tanto, los colombianos nos estamos distrayendo en discusiones de alguna importancia, es cierto, pero que inevitablemente minan la urgente confianza, la unidad y el respaldo que se debe ofrecer, sin reato alguno, al Gobierno y a las Fuerzas Armadas, como única manera de detener a quienes, por un camino de locura, creen poder remplazar el Estado de Derecho y el orden democrático, para arrastrar a Colombia a la coalición narco-seudorrevolucionaria, esa sí tan real como funesta.

Por eso, por la tremenda amenaza que se cierne sobre Colombia, insistimos en la unidad nacional. En esa actitud que debe dejar de lado las discusiones sectarias, el odio al Presidente de la República, el revanchismo, la explotación de errores posiblemente ciertos, y ese batallar permanente contra la actividad oficial. Por el bien de todos se debe abandonar esa lucha que en momentos se basa en odios pasionales que desbordan los objetivos reales, que impiden la unión de toda la nación y que no permiten darse cuenta precisa del enorme peligro de un golpe de fuerza encabezado por las guerrillas. Solo unidos podremos evitar que los bandoleros creen hechos tan graves que no soportaría el régimen , como llaman al Gobierno legítimo ciertos enemigos del orden actual.

Volvemos a tomar el ejemplo de Facatativá. Sin desechar del todo los motivos sociales que permitieron un clima más o menos favorable para la acción de los infiltrados, se demostró allí, casi sin prueba contraria, que la subversión logró captar en cierta medida el sentimiento popular. Bajo el temor y el engaño, la población protagonizó los graves y lamentables desmanes que todos hemos conocido. Y así lo ha hecho en varias regiones, algunas de ellas muy próximas a la capital, como la citada Facatativá.

No se necesita ser gobiernista o antisamperista, si se quiere, para prevenir un peligro latente que, bien podría decirse, ya golpea en la puerta de los hogares colombianos. Y ante este campanazo de alerta, el permitir rearmarse, dotar bien a las Fuerzas Armadas, tecnificarlas, sin discutir si con bonos de guerra, o bonos de paz, o impuesto, o si se trata de una cuota temporal, pero aceptando que su fortalecimiento es urgente e indispensable. Las Fuerzas Armadas y el Gobierno están unidos. Pero deben sentir el respaldo popular; deben saber que los rodeamos todos los que queremos defender a nuestra patria.

En este sentido, varios importantes representantes de los grupos industriales, en un gesto que los analtece, y que debe ser el paso al frente para buscar soluciones a otros problemas, dieron su incondicional respaldo a los bonos de guerra y a las medidas que tomen el Gobierno y las Fuerzas Armadas para restablecer el orden y hacer respetar las instituciones. Esa es la actitud no solo valerosa sino libre de ogoísmo e intereses que se debe tomar como ejemplo. Edificar y no destruir. Plantear soluciones y no problemas. Ese es el único camino para detener a los violentos. De lo contrario perderemos todos.

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