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TESTIMONIO OBJETIVO DE NUESTRO SIGLO XX

TESTIMONIO OBJETIVO DE NUESTRO SIGLO XX

He aquí un libro que como su nombre lo indica, más que la sucesión de notas autobiográficas, es el Testimonio de un hijo del siglo. Porque eso es la obra que acaba de publicar Antonio Alvarez Restrepo: el documento testimonial de alguien que ha sido testigo de la ocurrencia histórica de mucho de cuanto ha sucedido en esta centuria, cuando no como actor de mucho de su acaecer, sí como presente observador de los hechos. Escrito en en estilo castizo, libre de todo artificio retórico, el libro suyo se lee con agrado y con provecho. Sobre todo el texto tiene un alto mérito: está redactado con seriedad e imparcialidad ejemplares. En ningún momento el autor pierde su equilibrio mental. Ceñido a la verdad, enjuicia los seres y los hechos, con serena y ecuánime objetividad. Y esta es la principal virtud de la tarea literaria de Alvarez. Así por ejemplo al hablarnos de Don Marco Fidel Suárez señala esta evidencia incuestionable: Al juzgar serenamente la obra administrativa del señor Suárez y

Y ese equilibrio de la mente y el espíritu, lo mantiene Alvarez Restrepo a lo largo de todos sus juicios. Así por ejemplo en casos tan controvertibles como lo ocurrido el 9 de abril de 1948 y el 6 de septiembre de 1952, el autor observa una clara imparcialidad ejemplar. Los relatos se ciñen estrictamente a la verdad de los hechos. Hablando de los incendios de EL TIEMPO y El Espectador y las casas de los doctores López Pumarejo y Lleras Restrepo no vacila en condenarlos y así dice: Fue este un acto salvaje e inútil organizado en las sombras, que no pudimos evitar los ministros de Hacienda y Educación de ese entonces, quienes nos habíamos apersonado del Ministerio de Gobierno por la ausencia del titular, Luis Ignacio Andrade, quien se hallaba en Neiva en tales momentos. Estos ministros pidieron repetidas veces al general Miguel Sanjuán, jefe militar de la plaza, que se encontraba también en aquel ministerio, para que por medio del Ejército se evitara lo que se veía venir fatalmente, sin lograr que se diese un solo paso en este sentido sobre la tropa acantonada en la capital. A cada petición que se le formulaba al general, éste realizaba consultas telefónicas con terceros, al terminar las cuales declaraba que le era imposible intervenir por razones reservadas. Más tarde esta conducta ha sido explicada con el argumento de que se trató de evitar un choque armado de proporciones gravísimas entre el Ejército y la Policía en la propia ciudad de Bogotá.

También observa la misma rectitud de criterio, cuando se refiere a la división conservadora de 1930, que llevó al poder al liberalismo con la figura ilustre de Enrique Olaya Herrera; y así en cuanto a la división liberal de 1946 que llevó a la Presidencia al doctor Ospina Pérez. Y serenamente valora a los candidatos liberales entre quienes se escindió el partido.

De un lado aspiraba a conquistar dicho puesto el doctor Gabriel Turbay, un político de larga travesía, orador elocuente, expositor bien informado, que después de ejercer altos cargos en diversas administraciones encarnaba las aspiraciones de fuertes grupos políticos del liberalismo tradicional y era el candidato oficial de su colectividad. Frente a él se presentaba el doctor Jorge Eliécer Gaitán, joven caudillo con honda raigambre popular, orador vigoroso y defensor convencido de las reivindicaciones sociales. Grandes esfuerzos realizados en los medios políticos para lograr la unión fracasaron. Las mayorías evidentes del Partido Liberal no se resignaban a perder el poder por una división absurda, pero los altos dirigentes del liberalismo se pusieron al margen de esta lucha y en tales circunstancias la gran colectividad histórica fue a las elecciones y las perdió. Los resultados electorales fueron así: Ospina 564.661 votos, Turbay 438.255 y Gaitán 356.995.

La constante espiritual del doctor Alvarez Restrepo es a lo largo de su juicio, la de su perfecta ecuanimidad. Jamás en su meritoria vida pública un gesto o una palabra de sectarismo. Ministro de Estado en varias importantes carteras, la afición primordial de su inteligencia ha sido la economía, materia de la cual ha sido profesor en varias universidades, y de la que deja escritos interesantes libros. Sobre éste que comentamos, acaso habremos de volver, ya que su importancia da para más de una de estas glosas ligeras. Febrero de 1993

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