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SUS RAZONES TENDRÁ

SUS RAZONES TENDRÁ

No es fácil entender que alguien prefiera dejar a Londres para venirse a esta leonera. No es fácil, y no saquemos ahora a relucir el patriotismo de circunstancia, porque estoy seguro de que todos usted, Samper, Noemí, Lemos y yo lo hemos pensado.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Sí, tenemos unas montañas espectaculares, incluido el amenazante Nevado del Ruiz. Tenemos unas playas encantadoras, incluidas las de Justo Pastor Perafán en Barú. Tenemos en la Amazonia uno de los más grandes pulmones del planeta, incluidos los alvéolos sembrados con amapola. Tenemos una fauna de exhibición, incluidos los micos que se pasean a sus anchas por el Congreso.

Sí, con todos sus pecados, tenemos un país maravilloso. Pero no me refiero a ese país de las postales cuando hablo de leonera.

Y sí, también sé que Londres no es ningún paraíso, y que los punks ingleses se traban y se enloquecen, y que los hooligans son unos irracionales, y que la realeza británica se está convirtiendo en una institución de muy dudosa ortografía.

Pero tampoco se trata de eso.

Se trata de que en este preciso instante es casi incomprensible que alguien desee cambiar la paz de una embajada adscrita a Buckinham (por tercermundista que sea), por la azarosa vida del Palacio de Nariño.

O, dicho de otra manera, cambiar el relax de una oficina en la que no debe haber mucho por hacer, por el estrés de un despacho en el que no dejan hacer mucho. Y, para no hacer nada, mejor al lado del Big Ben, sin acoso alguno, que al pie del observatorio astronómico, con cámaras y micrófonos siempre al acecho, y siempre pendientes de preguntar esas indiscreciones que suelen conducir a la verdad. A la aún más indiscreta verdad.

Carlos Lemos tendrá sus razones, incluida la de poder vivir en Londres dentro de unos años con rango de ex presidente. Tendrá sus razones, incluida la de sacarse el clavo de ese último lugar en la consulta liberal. Tendrá todas las razones que quiera, incluidas las nuevas razones que le están dando las encuestas. Pero sigo sin entender.

Y como no entiendo, me parece sospechoso: gajes del oficio.

Y es que en este país, en el que resulta tan difícil que dos opiniones coincidan en un país en el que matan por pensar diferente del que lleva la pistola, resulta debidamente sospechoso que todo el mundo esté de acuerdo en algo. Sobre todo, de acuerdo en torno de un tema político. O en torno de un nombre. Por eso, deja más dudas que certezas el hecho de que todos estén de acuerdo en que Carlos Lemos es más útil acá que en Londres.

Además, porque en un cargo que está todavía por definir, da lo mismo gobernar desde acá, desde Madrid, desde Washington o desde las orillas del Támesis.

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