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ELEFANTES Y FLAMINGOS, GATOS Y LIEBRES

ELEFANTES Y FLAMINGOS, GATOS Y LIEBRES

Cuando no estés seguro de convencer, aturde . Este consejo del famoso Peter a los burócratas no cayó en oídos sordos. El Gobierno tuvo 18 meses para ir adecuando el aparato administrativo a la Constitución del 91. Pero escogió aturdirnos con 61 decretos y 2508 artículos que, de la noche a la mañana, llevaron el revolcón a 87 entidades públicas. La guerra de simplificaciones ha agravado el aturdimiento. Que el revolcón no es sino un disfraz de la masacre laboral , simplifica el sindicato. Que es un gran salto al futuro , simplifica el Presidente. Que no es modernización sino demolición , dice la Cámara. Que extirpará la corrupción, afirma el Consejero. Que es la renuncia al socialintervencionismo, añoran los cepalinos. Que es el ocaso del Estadoladrón, aplaude la nueva derecha. Que es inconstitucional, objetan los expertos.

Ninguna de esas afirmaciones es verdadera; pero ninguna es falsa. Y no lo son porque el paquetazo les da y les quita la razón a todos.

Hay 23 mil trabajadores y $40 mil millones recortados de la nómina anual. Pero hay reubicaciones masivas y, sobre todo, indemnizaciones de fábula: tras dos años de estar liquidando Colpuertos venimos a saber que costará $500 mil millones; es decir, 12 años y medio del ahorro previsto con el nuevo revolcón.

Hay saltos al futuro, como pasar de un Ministerio de carreteras a uno del Transporte; y saltos al pasado, como volver al SENA para la gran empresa de los años 60.

Hay modernizaciones, como la del ICA; y hay demoliciones, como la del Fondo Nacional Hospitalario.

Hay frenos a la corrupción, como centralizar el gasto social en cuatro fondos de cofinanciación; y hay estímulos a la corrupción, como esos mismos fondos centralistas.

Hay desmonte del intervencionismo, como en MinComunicaciones; y hay neointervencionismo, como en la Superintendencia de Industria y Comercio.

Hay menos del Estadoladrón, como al acabar la Junta Nacional de Tarifas; y hay más del Estadoladrón, como al cobrar los servicios médicos en el ISS.

Hay desarrollos obvios de la Constitución, como la Supervalores; y hay violaciones obvias de la Constitución, como convertir el seguro social en empresa industrial y comercial del Estado.

Ojo pues con la trampa de las ideologías o, lo que es igual, la trampa de las consignas. Para no tragar ni destragar entero, quedan afortunadamente tres instancias: La jurisdiccional: se militó cada Decreto a poner en consonancia la administración pública con la nueva Constitución? O, cada quien aprovechó para hacer su mandato? La del Congreso: ahí está la oportunidad dorada para ejercer el control político cuya ausencia nos asfixia, para debatir el nuevo Estado a la luz del día, no en el sigilo de las comisiones técnicas.

La de la opinión pública la aturdida opinión pública a ver si en el bosque de consignas logra distinguir entre elefantes blancos que hay que desmontar, flamingos que hay que revivir, gatos que son gatos y gatos que el Gobierno pretende hacer pasar por liebres. (*) Consejero para la descentralización del Distrito Capital.

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