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LA POESÍA O CÓMO VOLVER A SER JOVEN

LA POESÍA O CÓMO VOLVER A SER JOVEN

Por un error de cálculo en el uso horario, llamé al palacio presidencial a las tres de la madrugada. La impertinencia se me hizo más alarmante cuando escuché en el teléfono al presidente de la República en persona. No te preocupes , me dijo, con su cadencia episcopal. En este empleo tan complicado ya no queda otra hora para leer poesía . Pues en esto estaba el presidente Belisario Betancur en aquella madrugada trémula del poder releyendo los versos matemáticos de don Pedro Salinas, antes de que llegaran los periódicos a amargarle el nuevo día con las fantasías de la vida real. Hace novecientos años, Guillermo IX, gran duque de Aquitania, se desvelaba también en las noches de la guerra componiendo sirvienteses libertinos y romances de amor. Enrique VIII que devastó bibliotecas únicas y le cortó la cabeza a Tomás Moro terminó en las antologías del ciclo isabelino. El zar Nicolás Primero ayudaba a Pushkin a corregir sus poemas, para impedir que tropezaran con la censura sangrienta q

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de febrero 1993 , 12:00 a. m.

La historia no se mostró tan truculenta con Belisario, porque no fue en realidad un gobernante que amaba la poesía, sino un poeta a quien el destino le impuso la penitencia del poder. Una vocación dominante, cuya primera trampa le salió al paso a los doce años en el seminario de Yarumal. Así fue: fatigado por la aridez de la rosa rosae rosarum, Belisario escribió sus primeros versos de una clara inspiración quevediana, antes de leer a Quevedo, y en octosílabos maestros, antes de leer a Fernán González: Señor, señor te rogamos y rogaremos sin fin, que caigan rayos de mierda al profesor de latín.

El primero le cayó a él mismo, con la expulsión inmediata. Y Dios supo bien lo que hizo. De no haber sido así, quién sabe si hoy estuviéramos celebrando los setenta años del primer Papa colombiano.

Los jóvenes de ahora no pueden imaginarse hasta qué punto se vivía entonces a la sombra de la poesía. No se decía primero de bachillerato sino primero de literatura, y el título que se otorgaba, a pesar de la química y la trigonometría, era de bachiller en letras. Para nosotros, los aborígenes de todas las provincias, Bogotá no era la capital del país ni la sede del gobierno, sino la ciudad de lloviznas heladas donde vivían los poetas. No solo creíamos en la poesía, sino que sabíamos con certeza como lo diría Luis Cardoza y Aragón que es la única prueba concreta de la existencia del hombre.

Colombia entraba en el siglo XX con casi medio siglo de retraso, gracias a la poesía. Era una pasión frenética, otra manera de vivir, una especie de bola de candela que andaba de su cuento por todas partes. Uno levantaba la alfombra con la escoba para esconder la basura, y no era posible, porque ahí estaba la poesía; se abría el periódico, aun en la sección económica o en la página judicial, y ahí estaba; en el asiento de la taza de café, donde quedaba escrito nuestro destino, ahí estaba.

Hasta en la sopa. Allí la encontró Eduardo Carranza: Los ojos que miran a través de los ángeles domésticos del humo de la sopa . Jorge Rojas la encontro en el placer lúdico de una greguería magistral: Las sirenas no abren piernas porque se quedaron escamadas . Daniel Arango la encontró en un endecasílabo perfecto, escrito con letras urgentes en la vitrina de un almacén: Realización total de la existencia . Hasta en los orinales públicos, donde la escondían los romanos, ahí estaba: Si no le temes a Dios témele a la sífilis .

Con el mismo terror reverencial con que íbamos de niños al zoológico, íbamos al café donde se reunían los poetas al atardecer. El maestro León de Greiff les enseñaba a perder sin rencores en el ajedrez, a no darle ni una sola tregua al guayabo, y sobre todo, a no tenerles miedo a las palabras.

Esa era la ciudad adonde llegó Belisario cuando se lanzó a la aventura del mundo, entre el pelotón de antioqueños sin desbravar, con el sombrero de fieltro de grandes alas de murciélago y el sobretodo de clérigo que los distinguía del resto de los mortales. Llegó para quedarse en el café de los poetas, como Pedro en su casa.

A partir de entonces, la historia no habría de darle un minuto de tregua. Y menos aún, como bien lo sabemos, en la presidencia de la república, que fue tal vez su único acto de infidelidad a la poesía. Ningún otro gobernante de Colombia tuvo que enfrentar al mismo tiempo un terremoto devastador, la erupción de un volcán genocida y dos guerras sangrientas, en un país prometeico que hace más de un siglo está matándose por las ansias de vivir. Creo, sin embargo, que si logró sortearlo todo no fue solo por su hígado de político, que lo tiene, y muy bien puesto, sino por el poder sobrenatural de los poetas para asumir la adversidad.

Se han necesitado setenta años, y la infidencia de una revista juvenil, para que Belisario se revelara por fin al desnudo, sin las tantas hojas de parra de tantos colores y tamaños como ha usado en la vida para no asumir sus riesgos de poeta. Es, en el remanso de la tercera edad, una digna y hermosa manera de volver a ser joven.

Por eso me pareció tan justo que esta concurrencia de amigos sucediera en una casa de poesía. Y sobre todo en ésta, en cuyas madrugadas se escuchan todavía los pasos sigilosos de José Asunción, desvelado por el rumor de las rosas, y donde hemos vuelto a encontrarnos muchos de los amigos que más queríamos a Belisario desde antes de que fuera presidente; los que tantas veces lo compadecimos mientras lo fue, y seguimos queriéndolo más que nunca ahora que ha logrado el raro paraíso de no serlo ni desearlo . GABRIEL GARCIA MARQUEZ La autonomía intelectual Me sentía ya un poco dueño del Presidente en los Doce cuentos peregrinos de García Márquez la mayor victoria de mi vida ha sido lograr que me olviden , cuando acepté abandonar por una vez el reino del exilio voluntario en que vivo desde 1986. Pero la reaparición es fugaz y no alcanza para reverdecer ilusiones marchitas.

Confieso que me es grato y honroso este momento: se ha convocado a una reunión de escritores y poetas que desconfían del poder y por eso lo mantienen a distancia; que parecen disculparme el haber sido presidente de Colombia y que me aceptan más bien como su amigo y como amigo de lo que ellos representan. Suelo preguntar por quienes ostentaron la dignidad del gobierno en la Francia que vio arrastrar sus miserias a Baudelaire, Verlaine y Rimbaud por los cafés de Montparnasse. Y pocos lo recuerdan, mientras que la memoria de aquellos creadores permanece y crece. Es lo que emociona de la reunión de hoy y le confiere legitimidad desde la autonomía intelectual de sus protagonistas.

La cual preside este encuentro. Y pasa por alto la actitud del gobernante frente a la cultura, para no incurrir en el debate sobre los actos gratuitos y los actos abnegados en el poder. El hacer cultura desde el Estado, crea la pseudocultura estatal. Tal vez por eso se dice que el intelectual debe defender su conciencia de individuo solitario, frente al poder en sus copiosas manifestaciones.

Me he mantenido cerca de la gente de la cultura, con más élan estético que político, apenas como próximo a ella, por desgracia nunca como idéntico. Y a fuer de hombre público, conservo posición de duda frente a los mecenazgos de todos los tiempos, porque ejerce mayor fascinación sobre mi espíritu la lucha del solitario que el resplandor del protegido. Con todos sus vestigios insignes, mantengo bajo sospecha a los Medici y a la tiranía benévola de Julio II sobre Miguel Angel; aún miro con recelo a los príncipes que, emocionados, le solicitaban cuartetos a Beethoven; y siento cierta displicencia ante la amistad entre Federico de Prusia y Voltaire.

La inteligencia ha de ser autónoma y el conocimiento debe ser desinteresado, para evitar los riesgos del catalizador en que se convierte el gobierno por sí mismo o a través del follaje del poder. La verdad es que ningún estado resulta inocente ante la cultura o frente a los creadores; los cuales, por simple higiene mental, deben practicar una mínima coexistencia pacífica. También por eso, veo con tolerancia escéptica los reclamos o las alabanzas que se le formulan al poder por lo que realiza y por lo que no otorga en la lucha ardua de las prioridades.

Soy un ser dividido entre la pasión por su patria y la pasión por el conocimiento y el arte. Y he padecido en mi corazon la necesidad de la poesía mientras realizaba la tarea de gobernar. Por eso, desde ese mismo corazón agradezco a mis amigos, poetas y escritores, la cálida celebración de mis setenta vueltas alrededor del sol: pero los verdaderos protagonistas de la historia son ellos porque transmutan en verbo el espíritu humano.

En el culto a la imaginación y a la palabra, este acto festeja el respeto a la cultura, no al pensamiento cautivo, lo cual representa una categoría entitativa alcanzada por el destinatario con facilidad, casi como una predestinación. En efecto, apenas llegado de la provincia a la capital, con el azul cuaderno bajo el ala , mis compañeros de trabajo en el Ministerio de Educación fueron León de Greiff y el viejo Carlos Martín, de Pidra y Cielo. Nuestras oficinas quedaban encima del Café Automático . Como quien dice, estaba predestinado a la cultura. Así, cualquiera! Ahora es cuando más hondamente agradezco a Gabo por sus palabras entrañables: le conté la información de que él haría el ofrecimiento, a pesar de su reluctancia por los discursos. Se equivocan, me dijo desde Barcelona. No habrá discursos. Lo que haré es contar un cuento . Le agradezco ese cuento.

La Casa Silva me hace objeto de su amistad anfitriona: a María Mercedes Carranza y a los convocantes, les agradezco la desmesura de sus palabras. Y a la señorita Elvira Silva su hospitalidad. A los convocados, su compañía veraz.

Deseo que el significado de esta reunión que recibo con respeto, se mire dentro de los límites de amistad y admiración a todos los participantes. Apreciémoslo como un gesto de la historia, esa esquiva figura que se le aparece al antiguo gobernante cuando ya sabe que no tiene nada que esperar.

Y porque un acto tan terso es también una declaración de fraternidad de quienes han sido testigos de buena parte del trayecto que he tenido la dicha de vivir al lado de Rosa Helena, de mis hijos y de mis nietos adorables. De los amigos que están aquí. Y de los amigos que me esperan en el reino del Señor . Sed bebiera Después de mucho andar, de haber vivido apresurando siempre la llegada el mismo puerto que las aguas suelen buscar cuando abolidas y cansadas estás de pronto yendo, regresando por donde ya tu andar, deshaces pasos. Quiero decir que el mismo recorrido (Un viaje escrito por los mecanismos) te va acortando el paso, te limita hasta quedar jadeante y proseguir por largos y tortuosos pasadizos por donde tú solías, frecuentabas. Además, por ejemplo en las esquinas te ves espiado por tu propio rastro que te asemeja tanto, te recuerda que terminas por no saber si es tu exacto ser de atribulada estirpe o si eres ya la sombra de otra huella. Lo más grave de todo es que tu vino también lo escancias sin saber que bebes vaso del odre de pavesa y polen que han dejado los otros caminantes. Ese eres, yo lo sé, eres tu mismo. Te atisba desde el vino la uva, el árbol te recela su fruto intransferible y acabas por beberte tu agonía como la tierra yerma sed bebiera. Belisario Betancur, Quito, agosto 9 de 1974. (Tomado de Golpe de dados , Enero-Febrero de 1993) BELISARIO BETANCUR

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