Secciones
Síguenos en:
EE.UU: ES HORA DE LOS SACRIFICIOS

EE.UU: ES HORA DE LOS SACRIFICIOS

Bill Clinton lleva apenas un mes como presidente de Estados Unidos y ya ha roto algunas de sus promesas de campaña. Sin embargo, los juramentos principales concentrarse en la economía y buscar un cambio siguen vigentes. Al pronunciar su discurso sobre el Estado de la Unión, el miércoles pasado, el Presidente reiteró ambas premisas. Su visión para la economía doméstica rompe decididamente con la tradición establecida durante 12 años de gobierno republicano. El Presidente busca reformas para crear una administración más transparente, y exige un cambio de mentalidad tanto del Congreso como de la ciudadanía.

Hacía tiempo que el pueblo estadounidense no escuchaba un mensaje que pedía tantos revolcones e implicaba tanto riesgo para su pronunciante. En 1980, Ronald Reagan instauró una revolución bajo dicho lema, pero su programa de pocos impuestos y muchos gastos de defensa en plena Guerra Fría implicaba un riesgo político mínimo. Reagan predicaba optimismo y buen provecho; Clinton habla de malas noticias y crisis.

El nuevo Presidente promete hacer lo que tanto Reagan como Bush prometieron y no hicieron: reducir la deuda. Si cumple, quizás sea un héroe para sus partidarios; pero si decepciona, tendrá que pagar un precio político aún más alto que sus predecesores. Ecos de la era Roosevelt Haciendo eco de las palabras de Franklin Delano Roosevelt en los años 30, el Presidente pidió al pueblo hacer un sacrificio para lidiar la crisis económica. Admitió que no podría cumplir con el compromiso de bajar impuestos para la clase media, pero en su lugar propuso repartir los costos por toda la población de una manera equitativa.

El déficit presupuestal de 331.000 millones de dólares amenaza la estabilidad económica del país y su capacidad de inversión, advirtió Clinton el miércoles. Su plan lo reduciría a 206.000 millones en los próximos cuatro años. Y a pesar de los signos recientes de crecimiento, el desempleo el tema de la campaña de Clinton sigue alto.

El Presidente prometió crear cuatro millones de nuevos empleos en los próximos años, con un programa de inversión en infraestructura, industria y educación. Como republicano, busca ahorrarle dinero al tesoro, y como demócrata, incrementará algunos gastos. También espera reducir los costos de salud, que el año pasado coparon un 14 por ciento del presupuesto gubernamental, y reformar el sistema médico. Clinton observó que los estadounidenses deben prepararse para pagar más impuestos sobre la renta si desean reducir el déficit.

Después de pedir sacrificio a un país sumido en la depresión, Roosevelt propuso un amplio programa de cobertura social, conocida como New Deal, sin precedentes en la historia estadounidense. Un país acostumbrado a guiarse por las reglas del liberalismo clásico vio aparecer un gobierno que hacía énfasis en las responsabilidades del Tío Sam para crear un país próspero y velar por el bienestar de sus ciudadanos. Roosevelt debió enfrentar una acérrima oposición de los empresarios y los conservadores.

Asimismo, Clinton busca revolucionar el conceptos que los estadounidenses tienen del Gobierno. Durante la era Reagan-Bush, se predicaba que Washington debía permanecer pequeño y no interferir en la iniciativa privada, que a su vez generaría la prosperidad necesaria para expandir la economía y crear empleos y bienestar. Nadie debía hacer sacrificios, ya que la clave del crecimiento recaía en menos impuestos para todos y más dinero para gastar.

Clinton discrepa. Hemos deambulado por largo tiempo sin propósito claro , dijo a la Nación. La mayoría de estadounidenses viven menos bien que sus padres. Llegó la hora anunció de pagar la factura largamente aplazada tras el despilfarro de los años 80.

La noción de responsabilidad colectiva vuelve a surgir. En la década de los ochenta, Bush y Reagan predicaban que un gobierno grande es decir, un Estado omnipresente era un término grosero. Ahora, la Casa Blanca ha revertido ese mensaje. En palabras de Bob Reich, secretario de Trabajo, solamente habrá bienestar si Washington trabaja conjuntamente con las empresas y los sindicatos.

Los programas propuestos por Clinton y Roosevelt son muy diferentes. El ex presidente propuso mayor cobertura social, y un gobierno con más gastos. Por el contrario, el actual mandatario reduciría cien mil puestos públicos y recortaría el presupuesto en áreas sensibles para la ciudadanía. Y mientras Roosevelt se dirigió a una nación en plena depresión, Clinton enfrenta un país cansado de las promesas y decepcionado con sus líderes.

No obstante, los mensajes coinciden en propiciar un giro brusco de dirección en un momento histórico en el que prevalece un profundo sentimiento de descontento y un pedido de cambio. Lucha con coraje Ambos, así mismo, son talentosos políticos de carrera que saben comunicarse directamente con el pueblo para cambiar su modo de pensar. Ambos proponen ideas rechazadas por líderes que los precedieron. Inauguran presidencia con un gabinete compuesto por conservadores y liberales. Ambos aprovechan los primeros días de su gestión y la popularidad que los acompañaba para lanzar el programa más agresivo de su gestión. Ambos buscan complementar sus programas de inversión con una reducción en el déficit fiscal. Finalmente ambo suscriben a las palabras de Roosevelt, para quien La Presidencia...es un lugar para el liderazgo moral .

En 1941, Roosevelt debió pactar con los conservadores el abandonar algunos programas del New Deal a cambio de apoyo para entrar en la Segunda Guerra Mundial. No obstante, sus propuestas quedaron consagradas como un paso histórico que redefinió la palabra gobierno.

Al igual que Roosevelt, Clinton enfrenta la posibilidad de ver desaparecer muchas de sus propuestas, una vez sean estudiadas por los conservadores de su partido y los republicanos. El líder republicano Bob Dole ha advertido que no respaldará grandes incrementos tributarios. Los impuestos a la energía van a suscitar rechazo por parte de los poderosos grupos de intereses empresariales. Más significativo aún, el llamado de Clinton para reformar el sistema de grupos de presión equivale a declarar la guerra a uno de los mayores bastiones de poder en Washington.

Clinton está consciente del duro trecho que le queda por delante. Por eso, ha dirigido su mensaje a una ciudadanía, que, en general, ha apoyado su mensaje, como lo hizo con el de Roosevelt cuando éste prometía mejores garantías para los trabajadores.

Quizás Clinton también tenga que hacer concesiones costosas a los grupos de presión. Aun así, es muy probable que el resto de la población sienta un gran cambio en las leyes que finalmente se aprueben.

Necesitamos tener la fortaleza suficiente para hacer el cambio. Debemos enfrentar el escepticismo de la gente, no solamente con palabras, sino con hechos , decía Clinton a la nación. O en palabras de Roosevelt: Lo único que debemos temer es el temor .

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.