UN SACRIFICIO CON ALTURA

UN SACRIFICIO CON ALTURA

Hay sacrificios que cambian el destino. Y Levys Torres lo sabe. Para ella, ningún esfuerzo está de más, la entrega cotidiana en cada movimiento, en cada partido, es un credo. Por eso, cuando el pasado 25 de abril fue escogida como la primera colombiana en ingresar a la WNBA, la liga profesional de baloncesto de los Estados Unidos, sintió que su felicidad era una recompensa.

27 de mayo 2001 , 12:00 a.m.

Hay sacrificios que cambian el destino. Y Levys Torres lo sabe. Para ella, ningún esfuerzo está de más, la entrega cotidiana en cada movimiento, en cada partido, es un credo. Por eso, cuando el pasado 25 de abril fue escogida como la primera colombiana en ingresar a la WNBA, la liga profesional de baloncesto de los Estados Unidos, sintió que su felicidad era una recompensa.

Ese día, sentada frente al televisor, gritó, saltó y se abrazó con Sue Semrau, su entrenadora en Florida State University y recordó a su familia al escuchar su nombre. Esto ha sido algo verdaderamente grande , dice ahora, aunque en ese momento la ansiedad era enorme. No apareció en los primeros lugares de la lista y alcanzó a creer que no lo conseguiría. Pero ahí estaba, fue escogida en el lugar número 37 entre las mejores 64 basquetbolistas de la difícil ronda universitaria.

El baloncesto la tiene hoy en la liga profesional de los Estados Unidos, pero también la alejó de su familia, de su hermano mellizo, Manuel, un pastor cristiano a quien lleva unos minutos más de vida pero que sigue siendo su faro. Tenían diez años cuando su familia cambió de casa en 1988, empacaron sus cosas en Soledad, Atlántico, y llegaron a un colegio perdido en la Guajira.

Allí, en Mingueo, cumplidos los 15 y terminando el bachillerato, Levys era una muchacha desgarbada de 1.86 metros de estatura que jugaba con sus amigos a tirar el balón sin puntería hacia el aro, recién instalado en el pueblo. Era lo que alguna vez habían visto, pero en ese lugar de pocas casas, donde todos recordaban la cara de los demás, no conocían muy bien los secretos de un deporte que para Levys era completamente ajeno.

Fue Roberto Osorio, entrenador del Atlántico, quien la vio a comienzos de los noventa y la invitó a practicar con su equipo. Levys jugó un par de veces y tuvo una respuesta definitiva para empezar su carrera: me gustó .

Viajó a Cali, con una beca para la Escuela Nacional del Deporte y participó en torneos juveniles hasta que otro entrenador se fijó en ella. Guillermo Moreno, hoy conductor de los Sabios, la llevó a la Selección Nacional. Con él viajó al torneo juvenil de Quito en el 94, al suramericano de San Roque en el 95 y a la Copa América de Brasil en 1997, siendo campeona y figura.

Cada estancia es un reto para Levys. Las selecciones nacionales la maduraron, llegó al Chipola Junior College hace dos años y, de nuevo, alguien se fijó no sólo en sus ya 1.93 metros de estatura sino en su habilidad y fortaleza como poste, vino la beca para Florida State y ahí está, estudiando informática sin saber muy bien por qué escogió esa carrera de códigos binarios y preparándose con las Miami Sol, el equipo que la seleccionó.

Cuando los sueños se realizan es complicado definirlos. Describir su experiencia es difícil para una Levys alegre al otro lado del teléfono, pero está segura de vivir una ilusión. Alguna vez le preguntaron dónde querría jugar y ella, sin dudar, pensó en las Miami Sol.

Hoy es feliz allí, compartiendo lo que para muchos basquetbolistas es un ideal, jugar como poste, debajo del aro, donde están los grandotes, con la libertad de moverse un poco como armadora.

Su cotidianidad no cambia, sigue buscando la comida latina, pero enfrenta un juego más intenso, más físico, de mayor concentración. Ella misma y quienes la han seguido notan su evolución en el juego.

De seguro no han sido en vano su valor ofensivo cerca del aro, su capacidad para bloquear, para gardear y para lanzar, cualidades que Guillermo Moreno no duda en señalar al hablar de Levys. Es una jugadora fuerte, atenta, de pocas palabras pero disciplinada .

Sin embargo, para Levys Torres, el sacrificio no ha terminado. Todavía está lejos del triunfo definitivo, si es que lo hay. Sólo unas pocas brasileñas, entre las latinoamericanas, han podido sostenerse en la liga profesional norteamericana con éxito.

Ella es consciente y recibe los consejos de Moreno, de sus amigos, de su hermano Manuel, quien se preocupa por ella a diario como si estuviera a su lado. Es una mujer que se fija metas altas , dice Moreno, pero se sabe que está en una liga exigente. Si los números no se dan, el descenso puede ser demasiado rápido.

Hoy Levys Torres tiene unas cifras que podrían considerarse aceptables para la selección de la WNBA. Su promedio en la última temporada fue de 10 rebotes y 11 puntos en promedio por partido. La australiana Lauren Jackson, estrella de su equipo en los últimos Juegos Olímpicos y la número uno en la ronda universitaria que clasificó a Levys, tuvo un promedio de 8.4 rebotes y 15. 9 puntos jugando en posiciones similares.

Las Miami Sol, cuyo primer partido oficial con Levys será el próximo 31 de mayo, tuvo una regular campaña en la temporada pasada, pero se armó con varias de las mejores jugadoras universitarias. Y escogió a Levys.

Eso es lo que cuenta. Para ella, el día a día lo es todo. No vale la pena pensar en lo que viene sino trabajarlo y disfrutar lo que pasa hoy. Lo dice con convicción, es profundamente religiosa y habla de Dios con la firmeza de quien cumple un designio, se refiere a la vida segura de estar satisfecha por haber dado lo mejor de sí misma. Hasta hoy, todo lo que ha hecho, lo ha terminado con un valió la pena .

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