EN LA MUERTE DE RICUCHAS

EN LA MUERTE DE RICUCHAS

Medio siglo atrás, Chiquinquirá ya tenía méritos, bien ganados, de ciudad culta y acogedora. A pesar de la creciente pugna por el poder político en la nación, ya reflejada en los cacicazgos regionales, la ciudad de Chiquinquirá todavía se daba el gusto de mantener su ambiente tradicional de cultura y armonía.

23 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

El Teatro Furatena era el escenario propicio para las frecuentes veladas lírico-musicales y para las presentaciones de teatro y cine.

La sociedad del occidente boyacense se daba cita a degustar con fruición los programas de zarzuela y las noches de poesía y música latinoamericana.

La señora María Francisca Rodríguez del Castillo, conocida familiarmente como la Señora Paquita, dirigía el Conjunto Escénico Musical Julio Flórez , conformado por los inquietos jóvenes Luis Carlos Silva, Paquita Rodríguez del Castillo (hija), Matilde Díaz, Miguel Castellanos, José Arcadio Terter Forero, Héctor Moreno González y Carlos Rincón Quiñones Ricuchas .

Ese era y fue durante toda su vida el ambiente en que se desenvolvió Ricuchas , porque en Chiquinquirá no había otro ambiente distinto a ese. Los jóvenes, en sus ratos libres, cultivaban solícitamente sus mejores aptitudes artísticas y los semanales paseos a La raya , Venta de conejo o La balsa , se realizaban amenizando el edénico camino con los tiples, voces y guitarras, interpretando las canciones de la tierra.

Los amplios salones de las casas solariegas acogían la muchachada, que se divertía con El fraile y la monja , uno de los juegos, por entonces, más populares.

Eran frecuentes, también, las reuniones dominicales en el Parque de la estación , después de asistir a la misa del mediodía en la basílica, y durante ellos la degustación de los manjares de la comida criolla expedida en los toldos del tren.

Carlos Rincón Quiñones fue en esa época el travolta entre las juventudes, y las damas se peleaban su pareja para bailar La raspa .

Así transcurrió la vida de Carlos Rincón Quiñones hasta la muerte prematura de su esposa Flor, que lo enclaustró en su trabajo y del cual, de vez en cuando, salía para reunirse con sus amigos alrededor de un tinto.

Ricuchas tuvo solo eso: amigos. Por eso nos duele su trágica muerte, nunca!, nunca! merecida.

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