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EL CASTILLO, UN PUEBLO QUE SE CANSÓ DE TANTA VIOLENCIA

EL CASTILLO, UN PUEBLO QUE SE CANSÓ DE TANTA VIOLENCIA

Hasta hace año y medio sucedían muchas cosas en El Castillo (Meta). El 40 por ciento de la población salió aterrorizada. Aún no vuelven. Fueron muertos cerca de 400 militantes de la Unión Patriótica (UP). También eran cotidianas las masacres de campesinos y de líderes sindicales. Los ajustes de cuentas no podían faltar.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
05 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Por último, prohibieron los entierros porque los asesinos aprovechaban la ocasión para realizar terribles crímenes.

A esto se suma el secuestro, la extorsión y el boleteo por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que aprovechando la riqueza de la región no dejaron de visitar a ninguna persona.

Nunca hubo denuncias concretas, nadie se atrevió a hablar. Y por si fuera poco, la falta del fluido eléctrico era el cómplice perfecto para que todo quedara en la más absoluta impunidad. A las siete de la noche las calles estaban desoladas.

Fue, pues, una época de terror y de miedo. De fusiles que amordazaron las opiniones y la libertad. Y de balas que se encargaron de sepultarlas para siempre.

Así era El Castillo, un municipio del departamento del Meta, ubicado a cuatro horas de Villavicencio y a seis de Bogotá, que vivió sumido en el miedo desde la aparición de la Unión Patriótica, el recrudecimiento de la acción guerrillera y de los grupos paramilitares.

No obstante su presente parece ser muy distinto. De asesinatos políticos no se volvió a hablar, ni de grupos paramilitares. Las FARC, aunque con bastante presencia en la zona, cada vez están más aisladas.

La razones son varias. La más importante es que sus habitantes (17.500), sin reuniones previas y sin documentos firmados, decidió no continuar callando ni hacerle el juego a la violencia que, a nombre de ideologías, asesinaba, masacraba y desaparecía personas.

Es una nueva actitud que se demostró la semana pasada cuando la alcaldesa, María Mercedes Méndez, decretó día cívico y resolvió hacer un acto por la reconciliación. Invitó al Ministro de Gobierno, a las autoridades militares, a la Iglesia y a los jefes políticos. Solo fue monseñor Héctor López, la alcaldesa y algunos concejales.

Y en un gesto, que en últimas solo quedó en eso, de buena voluntad, se extendieron invitaciones a la guerrilla y a los paramilitares. No fueron. Las FARC se limitaron a enviar un cassette con música vallenata.

Tal vez el único lunar del encuentro fue que algunos voceros de la UP quisieron darle al evento una trascendencia que no tenía. Aseguraban a los 16 medios de comunicación que se hicieron presentes que tanto los paramilitares como las FARC ofrecerían una rueda de prensa, la cual nunca se realizó por cuanto jamás hubo contacto con los paras , según confirmó monseñor López. Ahora, la paz? Si bien es cierto que la muerte violenta desapareció de la rutina de El Castillo, muy pocos saben por qué se respira este ambiente de tranquilidad.

Para muchos, el fenómeno de la justicia privada dejó de existir en el momento en que asesinaron, en la plaza del municipio, a un señor de apellido Valenzuela que era dueño de un granero y que presumiblemente financiaba a los paras . Para otros, solo cumplía con su trabajo, y entregaba mercancía a quien se la compraba.

Hay quienes afirman que con la muerte de Gonzalo Rodríguez Gacha, los paramilitares se alejaron de la región. Pero no falta quien asegure que estos grupos nunca existieron y que fueron, simplemente, una invención de la UP.

En cuanto a las FARC, continuan inamovibles. El día de la celebración del acto por la paz, estuvieron 10 guerrilleros paseándose por El Castillo y caminando al lado de los soldados encargados de que el evento se celebrara sin contratiempos. Muchos habitantes sabían quiénes eran, pero, como dicen allá, estos muchachos uno los conoce desde que nacen. Y mientras no se metan con nosotros, no hay problema .

Más que complicidad, los habitantes han decidido manejar el asunto de con una indiferencia absoluta. Es la forma de seguir viviendo.

Sinembargo, la violencia no desaparece del todo. El día de la celebración del acto por la paz, se presentaron tres casos aislados en donde resultaron heridas varias personas. Se tomó por costumbre que los problemas personales se resuelven a punta de botella, dijo la administradora de una taberna. Es la demostración fehaciente de que el resentimiento no nos ha abandonado , señaló un funcionario del juzgado.

El gran reto ahora es educar a la gente para que vuelva a entender la paz, indicó la alcaldesa.

Es un hecho contundente que los grupos armados, vengan de donde vinieren, no encuentran eco en la población. Pero mientras la gente no se acostumbre a la tranquilidad y a la convivencia, los esfuerzos que se hagan serán en vano.

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