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ENTRE TOCHES Y PINGOS

ENTRE TOCHES Y PINGOS

Se preguntaba hace poco Silvia Galvis en su columna dominical de El Espectador por qué algunos columnistas como Antonio Panesso Robledo y el suscrito defendíamos a la clase política como dechado de virtudes y ejemplo de bien actuar, a sabiendas de todos los pícaros que de ella forman parte. Algo sorprendida, la tesis de Silvia es que se trata de un núcleo de la sociedad poco menos que indefensable, y a renglón seguido sacaba a relucir los nombres de aquellos parlamentarios que hoy tienen problemas con la Justicia, no solo para reafirmar su argumento sino para particularizar en algunos casos ciertamente lamentables, y de esa singularización formular generalizaciones tendientes a enlodar a todos. A todos los políticos, se entiende.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Mas la teoría de la brava Silvia resulta a mi juicio tan simplista como maquiavélica. Simplista porque reducir los males y aberraciones de nuestra sociedad a un solo sector el mundo político, es una actitud facilista, en la medida en que ya es sabido que hoy la clase política es poco menos que una peste, no solamente en Colombia sino en todas partes, pero sobre todo aquí. Se trata de una estigmatización justa o injusta? Eso es lo que debería evaluarse con rigor.

Y digo que maquiavélica resultó la Galvis porque evidentemente si, según ella, la clase política es la mala del paseo, y Panesso y D Artagnan sinembargo la defienden, la cosa no deja de ser inquietante: debe ser que tales periodistas son iguales de malos, y de laxos, influidos quizá por la leyenda castellana de que los malos son más que los buenos .

Lo cierto es que, con todo el respeto que me merecen los enjundiosos comentarios de esta columnista que no traga entero, yo me quedo mil veces con el Congreso de Colombia antes que con la convención de conspiretas reunida el martes pasado, para rendirle justo homenaje al patricio Echavarría Olózaga, en un pomposo club que, según sostienen algunos de sus socios en privado, peca de lobo por lo recargado.

Sí. Puede ser muy tierna esa foto de don Hernán con su melena de hippie octogenario abrazado por Andresito Pastrana en señal de pureza y castidad, frente al otro retrato: el que todos los días nos sacan noticieros de televisión de congresistas regordetes discutiendo o durmiendo, de acuerdo con la temperatura de la sesión. Y aunque admiro mucho a Noemí Sanín, Andrés y Nohora, Ingrid Betancur, Enrique Gómez, Armando Montenegro y Rudy Hommes y aún más a mis colegas concurrentes, entre otros ilustrísimos participantes, me quedo mil veces con luchadores del partido como Bernardo Guerra Serna y sindicalistas como Jaime Dussán; con jóvenes untados de barro como Mauricio Jaramillo y Rodrigo Rivera; con mujeres con brillo como Yolima Espinosa, Vivian Morales y Piedad Córdoba, e incluso con Julio César Guerra Tulena (quien como presidente del Congreso, en sus declaraciones radiales, supo siempre defender con altivez esta institución), porque a pesar de los muchísimos defectos que pueden tener, son sin duda más representativos y auténticos del sentir nacional. Ellos tienen más hinchas , y por lo tanto más votos, que la inmensa mayoría de los excelsos presentes en la cena de don Hernán. Que, encorbatados y de muy alto turmequé, no existe para ellos país más allá de sus narices, que el que observan, sudorosos, desde los campos de golf y de tenis de sus refinados clubes deportivos. En donde, como decía Alberto Lleras, hay que pagar aduanilla para poder entrar.

Lo grave es que Silvia Galvis y otros más caigan tan ingenuamente en ese juego de que, como en el Congreso hay malos, todos sus miembros lo son (salvo acaso los de estrato seis), haciendo explícita exclusión de otros sectores económicos y sociales, y de sus responsabilidades reales frente a la situación del país. Y de su evidente condición de privilegiados, en contraste con los gabelas que posiblemente tienen aunque de otro tipo, lo que aquellos denominan la casta política . Gabelas que no son otra cosa que auxilios para sus regiones.

Se trata de una mentalidad neoliberal o neoliberalizante predominante en los detestables círculos del norte bogotano, que se lamenta en efecto de que súbitamente se hayan acabado el auge y la especulación del dinero que, al amparo del populismo de derecha del señor Hommes (que también lo hay), creó cierta sensación de pujanza enmarcada en paraísos artificiales, en donde sin duda jugó papel disimulado pero fundamental la fluidez del narcotráfico. Su liquidez, en sectores vitales generadores de empleo y demanda, como el comercio y la construcción; ésta última hoy estancada en sitios muy gráficos como Cali y Bogotá, que reflejaban esa anterior sensación de bienandanza coyuntural.

No es inteligente la sensación que dejan los convites aludidos, en los cuales se pretende señalar que unos son los puros y los decentes el país ideal de los antipolíticos sin compasión, y otros los podridos y corruptos, que hay que sacarlos a las estampidas de todo radio de acción. Pero ya que la situación es así, y que las cartas están destapándose en forma por demás vertiginosa, debería existir al menos el propósito de no seguir engañándonos los unos a los otros. Así, mientras el presidente de la Andi lanza el nombre del Fiscal como futuro candidato presidencial, la frase célebre del señor Hommes como oferente del acto a Echavarría fue decir que Serpa es un toche parlanchín . Qué maravilla! Muchos pensamos que, si aspira, Valdivieso tiene derecho no sólo a lanzarse, sino a encarnar con el respaldo de esas mayorías que, según las encuestas, hoy lo apoyan abrumadoramente una campaña de franca y abierta oposición. Pero desde la calle, eso sí. No desde el trampolín de la Fiscalía.

Y también Serpa. Si Serpa va en camino a proyectarse como el rival de esa otra coalición de radicales opositores del Gobierno, y de una específica política social (porque simplemente no creen en sus bondades), pues que se lance de una y desde ahora, para que no puedan acusarlo tampoco de utilizar el escenario de su Ministerio que es el Ministerio de la Política como resorte de su próxima campaña.

Sería lo más justo frente a los demás aspirantes, que de paso carecen de ese tipo de tarimas llámense Fiscalía o Ministerio del Interior para hacer carrera política. De verdad, que el Fiscal renuncie y se prepare para emprender una seria y legítima tarea proselitista. Y que lo propio haga Serpa, si tal es también su objetivo: la Presidencia de Colombia. Pero que las batallas por venir se libren desde la arena llana. Es decir, sin necesidad de esperar a la víspera del día en que legalmente ellos quedan inhabilitados, como funcionarios públicos, para hablar y actuar en causa propia. Eso no es justo ni con sus demás presuntos adversarios, ni leal con el pueblo a cuyo escrutinio anuncian desde ahora someter sus nombres a consideración, con disimulo digno ya de esclarecerse cuanto antes ante la opinión.

Y, claro, que gane el mejor. El más toche y el menos pingo .

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