Secciones
Síguenos en:
NO ME ESPERARON PARA MORIR

NO ME ESPERARON PARA MORIR

A las doce de la noche, en un callejón de los cerros de Bogotá, cinco jóvenes hicieron un pacto de sangre, con Satán de testigo, para que nadie los separara. Cuatro de ellos se suicidaron. La quinta, una joven de 18 años, todavía no sabe que va a pasar con su vida.

Para el ritual, los muchachos se vistieron de negro, se pincharon un dedo de la mano iz quierda y vertieron una gota de sangre en una copa de brandy. Luego, cada uno bebió de la copa y pidió que Satán cuide nuestros lazos de amistad para que nadie nos separe .

Satán estaba presente en muchas cosas de sus vidas, en los medallones, aretes y cade nas que compraban a los hippies de la avenida 19 en Bogotá, en las calaveras que di bujaron en el pavimento, en los libros demoníacos que compraban en el centro, en las invocaciones de ay Satán divino, ayúdame! y en otras cosas, como las letras de la música metálica que escuchaban hasta la madrugada en alguna esquina, o en el parque del barrio Altamira, en el suroriente de la ciudad.

Pero más allá de Satán, a estos jóvenes los unía una profunda amistad, y un rechazo hacia la iglesia que se llena de plata a costillas de Cristo y a lo que consideran la sucia sociedad que nos cerró las puertas .

Matilde (nombre ficticio) es la quinta integrante del grupo. Está sentada en el brazo de un sillón deteriorado, en la casa de su madre, una tolimense que fabrica imágenes de yeso de la virgen y del niño Jesús. Llueve en los cerros de Bogotá y el agua se mete por las hendiduras del techo de cemento de la pieza donde paga 50 mil pesos de arriendo.

Matilde, con un bicicletero de jean y una camiseta negra, mira por la ventana. A menos de una cuadra está el parque de Altamira, con su tobogán y sus columpios multicolores.

Allí cayeron tres de los muchachos después de tomar una dosis de cianuro.

Luz Helena Cifuentes Gutiérrez, una de las muertas, tenía en su bolsillo un casete del grupo metalero Cause & Effect, con canciones como Another minute (otro minuto), The begining of the end (el principio del fin), y New world (nuevo mundo).

Sueños rotos Los vecinos de Altamira los consideraban vagos y locos. Se habían retirado de estudiar, usaban el pelo largo, vestían de jean, tenis y camisetas con calaveras. Nadie dice haberlos visto metiendo droga y los policías de la subestación ubicada frente al parque nunca les cogieron armas ni droga en las requisas que les hicieron. Eran muy educados y jamás se rebotaban , dice uno de ellos.

Ariel si tenía sus mañitas, y fumaba marihuana cuando estaba deprimido, pero eso lo hacia con sus amigos de otro barrio , cuenta Matilde.

En Altamira, un barrio ubicado en un pendiente, al lado de la vía a Villavicencio, veían a los metaleros contorsionándose, como poseídos por el demonio, al ritmo de la música que brotaba de la grabadora negra de César Mauricio Buitrago, otro de los suicidas.

Yo hablo por Mauricio y por los otros, porque todos pensábamos igual. ramos únicos, no como esos gomelitos que andaban por ahí -dice Matilde-. El dinero no nos importaba, nos importaban nuestros sueños, pero sabíamos que no los íbamos a poder cumplir, Cuando estaba chiquita vi bailar ballet en televisión, bregué y bregué hasta que yo bailaba de puntas y daba vuelticas junto a la cama. Mi mamá me aplaudía. Pero que...eran solo sueños .

César Mauricio quería ser vocalista de un grupo metalero, Liliana Buitrago, hermana de Mauricio, quería ser baterista, Ariel Mateus, quería montar una academia de rap, y Luz Helena solo quería tener alguién que la valorara .

Matilde todavía tiene un sueño que lo podría cumplir: presentarse en el programa de televisión Exitosos, a cantar se le apagó la luz , una canción que le dedicó César Mau ricio unos días antes de morir: Ya no siento nada/pero presiento que a chorros escapa/la magia de mi alma rasgada... .

Según ella, la idea de morirse comenzó a rondar en al mente de César Mauricio unos días después de que su hermana, Liliana, se suicidó con varias pastillas de Salbutamol, que su padre usaba para la neumonía.

Esta la versión la confirman los padres de Liliana y César Mauricio, dos ancianos que todavía no saben quién les cambió la mente a sus hijos. Ella se suicidó, porque peleó con su novio, Ariel, el otro muchacho que también se mató después , dice la mujer.

Música en la tumba Una noche -dice Matilde- César Mauricio nos preguntó si queríamos estar con Lalita (Liliana). Le dijimos que si. El respondió: listo, ya es un hecho. Dijo que él iba a ser el primero y daba fechas pero las retrasaba, hasta el dos de enero que si cumplió.

A Lalita la extrañábamos mucho, ella era como el corazón del grupo, era todo ternu ra, todo amor. La gente no entiende, nos matamos por amistad, porque todos teníamos problemas en la casa y nuestra amistad era lo único que valía .

Ariel y Luz Helena se suicidaron el 31 de enero pasado a eso de las ocho y media de la noche. Ese día Luz Helena estaba vestida de negro, pero no dio muestras de nada fuera de lo normal, estaba sentada en el parque y de pronto cayó al suelo, cuando la estábamos sacando cayó Ariel , cuenta una vecina que fue a buscarla porque estaba preocupada.

Ella afirma que escuchó a Ariel decir que eso sabía feo. Y Luz Helena le contestó cagada que no se lo tome porque yo ya me lo tomé .

Luz Helena no tenía sitio fijo donde dormir, -recuerda la vecina- decía que la mamá la había echado de la casa. Y trabajaba y dormía donde podía . Luz Helena, al igual que Ariel y Liliana, andaban por los 17 años y César Mauricio iba a cumplir 20.

Tras la muerte de Liliana, el grupo visitaba su tumba en el cementerio Central. En una ocasión -cuenta Matilde- llevamos una botella de vino y la quebramos en la tumba donde la sepultaron .

Ahora Matilde visita el cementerio del Sur, donde está César Mauricio, le lleva música metálica en una grabacha (grabadora) pequeña, le prende un cigarrillo y le habla hasta que el cigarrillo se consume junto a la bóveda.

De él, guarda una herencia: Una carta y dos credenciales de amor, un casete de metálica, la letra de La luz se me apagó , un buho negro con los ojos rojos, una camiseta negra con los símbolos de Guns and Roses y la principal razón para seguir viviendo: un hijo que vendrá al mundo dentro de seis meses . Por él desistió las tres veces que pensó en matarse.

Satán en la misa En todo el barrio me miran como si yo me fuera a morir, -dice Matilde- y yo no lo niego.

Yo me quiero morir...ver todos los sueños de mis amigos destruidos por esta sucia sociedad y lo único que saben es echarle la culpa a la música.

Un día -dice Matilde- llegó César Mauricio a la esquina y nos dijo: locos ya encontré la forma de morirnos sin dolor, cianuro . Y les repitió la explicación que le había dado a un amigo suyo, estudiante de bachillerato.

El 31 de diciembre -dice una vecina-, César Mauricio me mostró dos cápsulas. Dijo que era cianuro y que se iba a matar. Estaba borracho. Yo se las rapé de la mano. Y me dijo para que me las quita madre si yo tengo un kilo .

Para algunos vecinos los muchachos eran malos, estaban como endemoniados . Lo satánico era como una obsesión para ellos, tanto que una noche,, casi de madrugada, agarraron una gallina que se escapó de un solar vecino, le cortaron la cabeza con una na vaja y se bebieron su sangre. Eso fue lo más loco que hicimos pero nunca le vendimos el alma al diablo, como dice la gente .

Una vez César Mauricio consiguió una tabla ouija , pero no hicimos nada porque nos atacamos de la risa , -dice Matilde-. No somos malos, nunca le dijimos a nadie venga a matarse con nosotros. Quizás Satán nos puso la tentación y él fue más fuerte que nuestra fuerza de voluntad .

Alrededor de la historia quedan muchos interrogantes. De dónde salió el cianuro?.

Algunos dicen que César Mauricio lo compró en el centro y después fue guardado por otro metalero del barrio, un muchacho de 19 años, de nombre Ricardo, a quien dos per sonas aseguran haber visto presente cuando ocurrieron las tres últimas muertes.

También corren rumores en el barrio que otros metaleros habían hecho el pacto de muerte. Matilde lo niega, metaleros hay muchos, pero no todos pensamos igual .

Mauricio, al parecer, fue el que llevó la música metálica al grupo después de asistir a un concierto en la zona rosa. El trajo un libro sobre metálica y ahí había cosas sobre el demonio , dice Matilde.

Otra demostración de su adoración por el patas la hicieron delante de los asistentes al sepelio de César Mauricio. Eran dos o tres, recuerda el sacerdote, se dedicaron a fu mar, a reírse y a tratar de sabotear la misa . El párroco explica que pasaban la mano por el ataúd, lo abrazaban y hacían la señal del cachón, con el puño cerrado y los dedos índice y meñique estirados.

Esa misma noche, Matilde, Ariel Mateus y Luz Helena Cifuentes juraron frente a una botella de vino, que se mataban el 2 de febrero. Pero ellos no me esperaron , dice Matilde.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.