EL FÚTBOL, ESA FIERA...

EL FÚTBOL, ESA FIERA...

Cuando fue creado el fútbol fue practicado con piedras. Surgió por la necesidad de dotar de manos a los pies. Manos que, aunque fueran pies, permitieran lanzar, atalajar, comenzar, acelerar o finalizar una jugada. Que no solo sirvieran para caminar o montar árboles. Así, los pies al ser manos, iniciaron una relación más estrecha con el cerebro. Entraron al torrente del pensamiento. Desde el comienzo el fútbol fue diversión y competencia. Después, fue táctica y estrategia. Más tarde subsistencia. Luego, fue arte. Después, fue modo de vida. Ya es una realidad que sin exponer ideas logra atrapar a una porción inmensa de la sociedad. Y la pone a caminar según sus vaivenes y resultados.

21 de junio 1995 , 12:00 a. m.

También en él se manifiestan los modos de vida. El fútbol no es solo comportamiento físico. Es, en gran medida, una postura frente a la vida. Dicen que es el nuevo opio. Mediante él se demuestra la pasividad o la agresividad, lo innovador o lo conservador. Y la gente logra establecer con él un mecanismo identificador. Un equipo, así, se convierte en una patria, en un alma, en otro yo, en el colectivo que proporciona las victorias que la vida escatima.

Y en muchos pueblos el fútbol reemplaza todo. De nada valen los postulados políticos, o las creencias religiosas, las relaciones de familia, o, incluso, los desbarajustes de la economía. Lo que interesa, es el jugador, es el partido, es el equipo. Nada hay más importante. El fútbol es fé, es sociología, es modus vivendi, en una palabra: es ideología. El fútbol manda y lo trastorna todo. Es la pasión de las pasiones. a nivel individual quizá solo lo supera el amor.

Ahora bien, el fútbol empezó siendo juego. Algo normal: lo lúdico en lo humano. Ha derivado en negocio, comercio, esperanza, fanatismo, problema de orden público. La gente se ve en su equipo. Su equipo gana por ellos. Y cuando a su equipo se le daña o perjudica, la gente se exalta, se siente lesionada y desata su agresividad. Y aparecen las trifulcas, los heridos, los muertos. Y a veces no se requiere de pérdida o decisiones perjudiciales, también la violencia se desata cuando surge una victoria largamente esperada. Recuérdese el triunfo de Colombia ante Argentina en Buenos Aires. La gente festejó matando a 80 personas. Es el reino del espíritu alterado, del cuerpo alienado, el regreso a la barbarie bajo el pretexto de la fiesta. Qué lógica tiene esto? Por algo Descartes escribió que el sentido común es el menos común de los sentidos. La bestia duerme en el corazón del hombre, y a veces el motivo más ilógico desata toda la furia que se lleva en el alma. Gesualdo Bufalino, explica ciertas actitudes de la gente, al señalar que : La adicción a sufrir induce a vivir las dichas como un exceso contra natura... Por ello, lo que debe producir felicidad conduce, por una paradoja terrible, a la tragedia. Sigue así la condición humana siendo enigma y desafío.

Como se ha podido comprobar, lo que al público le interesa no es el juego sino la victoria. Pues en ella percibe su afirmación como persona y su realización como pueblo. Y el fútbol, visto así, se constituye en un sustituto de la guerra. Lo cual puede inducirnos a pensar que, al desfogar una porción de su agresividad en el juego, el fútbol ha propiciado una guerra (Salvador - Honduras), pero ha ayudado a evitar muchas otras.

Pero aunque en el fútbol la única realidad son los 90 minutos , al decir del Piscis Restrepo (El Tiempo, junio 11/95), lo cierto es que de él deriva un monstruo de mil cabezas que hunde sus apéndices en toda la realidad del tejido social. Y de deporte ha pasado a ser economía, sicología, computación, antropología, política ( El Pibe con Samper ; Maradona con Ménem y Fidel ; Pelé de Ministro del Deporte), matemática, arte, en fin, hasta reflexión y literatura. No es difícil leer los textos y creaciones que grandes autores han escrito respecto al fútbol. Allí están los nombres de Umberto Eco, Cepeda Samudio, Vinicius De Moraes, Albert Camus, Juan Nuño, García Usta, J.L. Hereyra, Mario Benedetti, Guillermo Samperio, Francisco Umbral, entre otros. Unos lo apoyan y lo exaltan como exponente de la cultura post-moderna; otros, como Eco, llaman al deporte, y con él al fútbol, el sustituto más fácil de la discusión política (Rev. Universidad de Antioquia No.236), o lo viviseccionan en forma espléndida como el filósofo venezolano Juan Nuño, el cual asegura que un partido de fútbol es más angustioso y dramático que otro juego cualquiera porque, en él, el tiempo corre paralelo al tiempo de la existencia humana. La pasión que genera el fútbol hunde sus raíces en la oculta presencia de la muerte (Rev. Universidad de Antioquia No.236).

Como se nota, el fútbol invadió todo el cuerpo de la sociedad. El espectáculo dominado por los medios masivos de comunicación social, desplazó al deporte. Mucho de lo que hoy se hace en la estructura social tiene relación con el fútbol. Dirigentes y grupos económicos han captado su capacidad de penetración y venta, y apuestan fuerte en su divulgación. Por un lado divierten y por el otro ganan, y convierten al fútbol en uno de los valores de la nación. Tanto que ya los emblemas patrios no son bandera, escudo o himno. Hoy es la selección nacional. Y en las regiones, los equipos respectivos. La sangre de los héroes y la validez de los ancestros se han convertido en una pelota de fútbol. Después de todo, es el eterno retorno, y el mundo sigue siendo redondo.

*Escritor

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