Europa, en riesgo

Como si de una carrera deportiva se tratara, la prima de riesgo española lleva unas semanas luchando por acortar distancias con respecto a la prima italiana en lo que se ha convertido en un viaje a ninguna parte.

29 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

Esto, en la medida en que ni la economía española ni mucho menos la italiana son rescatables con los parámetros de ayudas actuales. El problema principal de la situación actual es que ambos países lo único que tienen en común es que se les puede aplicar individualmente la máxima del to big to fail, dado que por lo demás tienen problemas diferentes y por tanto soluciones distintas.

En el caso español, la prima de riesgo está descontando no tanto la probabilidad de impago de una deuda pública, como sí ocurre con Italia, que sigue siendo de las más bajas de las economías significativas del euro (sólo está ligeramente por debajo Holanda), con el 67%, sino la capacidad del Estado de absorber la deuda privada de las entidades financieras que mantienen enterrada, nunca mejor dicho, en el activo suelo, así como la capacidad de estas últimas de refinanciarse en los próximas 12 meses, en un contexto en el que las necesidades de refinanciación de la economía española pública y privada superan los 300.000 millones de euros.

Para poder realizar este trasvase de deuda privada a pública que supone el rescate bancario, es necesario poder colocar la deuda pública a un tipo de interés que se pueda devolver. Y aquí es donde entra el BCE, que puede solucionar el problema de un plumazo con tan sólo amenazar con que comprará masivamente cualquier deuda europea, es decir, articular un European QE1, por más que el mandato del BCE no lo contemple. El miedo a la inflación que una medida de este tipo podría suponer, sustentada por la falacia de que la velocidad del dinero es constante (véase el caso de EE. UU.), sólo esconde los intereses de una economía como la alemana, que ha estado pagando en estas semanas el mayor paquete de deuda pública de Europa (un 83% del PIB alemán, que es la suma de Italia y España, por cierto) casi 150 puntos básicos por debajo de lo que lo hacía en el 2009 en plena tormenta financiera. Quizás habría que recordar al presidente del BCE, Mario Draghi, la metáfora de Ulises y las sirenas, la que por cierto toma Jhon Elster para explicar la lógica del "homo economicus" del capitalismo, y que haga lo que una situación tan crítica como la que estamos viviendo exige.

Si bien es cierto que una medida de este tipo aplacaría la carrera de las primas de riesgo, no podemos olvidar que en EE. UU. no ha conducido hacia una senda de crecimiento estable, lo que obliga a replantear políticas de crecimiento desde una perspectiva europea, la única posible, en la que Alemania tiene todo que decir. Recordemos que una ruptura del euro a quien perjudica es a Alemania, que es la prestamista principal y la que se está beneficiando de la situación actual. La tragedia de todo esto es que la solución sólo puede pasar por la voluntad política de una vieja Europa, que ya no sé si por vejez o por incapacidad de sus gobernantes se dirige a un largo y frío invierno.

*Jefe de Investigación, Instituto de Estudios Bursátiles (IEB) de Madrid .

HELGON

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