Gustavo Tatis y los colores de sus palabras

Gustavo Tatis y los colores de sus palabras

Si a su nueva afición por la pintura tuviera que buscarle un antecedente físico y familiar, Gustavo Tatis no duda en darle marcha atrás al tiempo hasta llegar a la Cartagena del siglo XIX y mostrar la figura de José Gabriel Tatis, renombrado pintor de la época y conocido como el mejor miniaturista de ese entonces en Colombia.

27 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

Pero mucho más reciente, en este mismo siglo, tiene otra figura familiar que, según él, le direccionó su vocación artística, Honorio Tatis, su padre, a quien describe como el hombre más curioso del mundo.

"Escribió poesías, escribió muchos libros pero nunca publicó ninguno, escribía sonetos al estilo tradicional, versos rimados, era muy al estilo de la poesía española tradicional. Tenía esa pasión por la literatura. Estudió magia y electricidad por correspondencia. Aprendió a tejer las mecedoras momposinas, aprendió a hacer origamy, hacer pájaros mariposas, gusanos de colores, y creo que de ahí me llegó el entusiasmo", recordó.

Tatis, quien por cerca de 20 años ha mantenido la página cultural del diario El Universal y considerado uno de los mejores escritores del Caribe en los últimos años, encontró que su verdadera vocación era la pintura lo que le estaba haciendo falta para ponerle color a su palabra.

Empezó pintando en el reverso de las invitaciones que le llegaban al periódico, en los cartones de las cajas, en los almanaques, en las tapas de los libros, en cualquier objeto que tuviera un espacio y esa afición, que empezó hace siete años, se convirtió casi que una obsesión desde hace dos, a tal punto que ha escogido la madrugada para poder expresar sin pudor todo el volcán de colores que tiene en su interior. "Pinta escondido de Dios", escribió su amigo y escritor John Jairo Junieles. "Ahora pinta de madrugada, cuando todo mundo duerme, y lo hace con el sigilo de un amante, hasta cuando la casa se despierta", afirmó el también escritor Triunfo Arciniegas. Para Arciniegas, los peces, cangrejos, monstruos del agua y de la tierra, bestias sin nombre, se han hecho ciudadanos de este universo recién inaugurado por Gustavo Tatis. Y, como todos artista que se respete cela su trabajo frente a otro artista, fue incubando la técnica de la pintura mientras entrevistaba a cuanto pintor asomaba sus narices por Cartagena, sin que ellos supieran, claro está, que le estaban dando las claves para que el futuro pintor desarrollara sus técnicas.

Amigo personal de Obregón en sus últimos años, Gustavo Tatis sigue estudiándolo después de muerto, como también lo hace con la cartagenera Cecilia Porras y Enrique Grau. "Obregón me decía que él sólo quería pintar vientos, y esa imagen la llevo en mis manos siempre que tomo un pincel", afirma. De las nuevas generaciones, admira la obra de Heriberto Cogollo, figura principal de la llamada 'Generación de los 15', de la que hacían parte artistas de la talla de Darío Morales y Alfredo Guerrero, alumnos todos del maestro francés Pierre Daguett, en la escuela de Bellas Artes de Cartagena. El 23 de marzo de 2011, en el Hotel Hilton, Tatis inauguró 'Ofrenda', una muestra de 40 acrílicos, y esa misma noche vendió casi todos, y recientemente expuso sus obras en la ciudad de Cachoeira (Brasil), con notable éxito

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