Y el tamaño en ellas, ¿importa?

Y el tamaño en ellas, ¿importa?

En asunto de tamaños, los hombres han vivido y viven más preocupados por las dimensiones de su equipaje que las mujeres. No es para menos: este es un mundo falocrático, que le confiere un valor más alto (merecido o inmerecido) a quien lo tiene más grande...

27 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

Y podemos, si quieren, pasar horas discutiendo sobre la validez de este concepto y hasta puedo citarles estudios muy serios que demuestran que, en la cama, las mujeres no le dan valor absoluto al asunto.

Pero algunos señores, para quienes sigue siendo tabú tenerlo chiquito, no sólo se preocupan por su propio tamaño, también por el de sus compañeras. Los he oído referirse al 'anchor', al 'largor', 'a la profundidad' y, claro, a la 'estrechez', y con tanta naturalidad como si estuvieran hablando de las características del carro que les gusta.

Bueno, lo primero que nos toca admitir es que no todas fuimos diseñadas con el mismo molde, y que, como todo en la vida, cada parte de nuestro cuerpo es proporcional a las otras, con ciertas excepciones, claro está.

Pero, en general, si una pelvis es amplia, todos sus aledaños también lo son.

Sin embargo, la vagina (llamemos las cosas por su nombre) tiene la capacidad de adaptarse al tamaño de la contraparte; para que me entiendan mejor, ella es dueña de la capacidad de ceñirse al visitante, lo que elimina la posibilidad de clasificarlas en grandes, medianas o pequeñas.

Los señores deberían entender que la propiedad de contraerse o de dilatarse va de la mano con los procesos de excitación y de orgasmo; se sabe que las hormonas hacen que en los momentos cumbres todas estas estructuras de alto contenido muscular (incluido el piso de la pelvis) se vuelvan tan pequeñas o tan amplias como sea necesario. Mejor dicho, a la medida de las posibilidades.

Aclaro que esto se da en condiciones normales, porque también hay casos en los que el allá se altera por enfermedades, deformidades e incluso por el paso implacable del tiempo; la buena noticia es que hoy es posible prevenir y hasta refaccionar todos esos desperfectos.

Así que, señoras, tranquilitas. Por experiencia les digo que a la mayoría de los hombres les importa poco y nada el tema, por la peregrina y sencilla razón de que nada notan: en plena faena bajo las sábanas, ellos ni oyen, ni ven, ni entienden. Así es la cosa.

Y a los hombres que tanto hablan, mejor que se dejen de bobadas y de tanto afán con las medidas, que no cuentan para nada. ¡Hasta luego!

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