CON SACO Y CORBATA...

CON SACO Y CORBATA...

El archipromocionado partido de este miércoles ( o jueves?), a cargo de Junior y América, bien podría jugarse en el Teatro Amira De La Rosa y no en un estadio de fútbol.

06 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Al fin y al cabo, se trata de dos armoniosos conjuntos que generan el balompié más electrizante del país y para asistir a semejante espectáculo, desde luego, es necesario colocarse el traje de luces.

Hombres ingeniosos como Pacheco, Mackenzie, Valenciano, EL Pibe Valderrama, por un lado; Alex Escobar, Echeverry, De Avila y Zambrano, por el otro, para citar sólo algunos de esos famosos artistas, reclaman en esta ocasión otro tipo de escenario para poder extrovertir toda su fantasía.

Son jugadores elegantes, con la reconocida etiqueta de cracks , de esos a los que se les sale el fútbol por los poros hasta seducir a sus incontables y fervorosos seguidores con el encanto de sus maniobras. Y esas estrellas, que cuestan una tonelada de dinero, serán protagonistas de una gran fiesta de gala cuyos invitados --qué duda cabe-- terminarán untados de fútbol hasta la médula.

Hay que bajarle la temperatura al tema, claro está. El ambiente está enrarecido y no es prudente --a manera de advertencia, nada más-- que el periodismo local extienda sus comentarios más allá de lo deportivo. Porque es evidente que una serie de hechos y apuntes, al margen de la competencia pura, alborotó el clima previo al juego definitivo.

Lo cierto de todo esto, es que la campaña del Junior es formidable. En Ibagué nunca pisó el acelerador a fondo, simplemente porque no necesitó recurrir al esfuerzo supremo. Tolima estuvo al borde del nocaut : al equipo de El Tucho Ortiz lo salvó la campana, pues la goleada debió ser más calamitosa. Pacheco hizo su santa voluntad en la cancha; Stefanell borró del mapa al intermitente y engañoso Ararat; Ronald fue inexpugnable en el juego aéreo, y Montecinos no le quiso perdonar la vida al desprotegido Mullet. Total, fue un paseo de salud y para el Tolima el tiempo se hizo tan largo como los domingos lluviosos...

La recomendación expresa, es la de no bajar jamás la guardia ante un rival tan duro como lo es el plantel escarlata. Además, existe en algún sector del público la creencia de que el América tiene que ser campeón si no por amor, por la fuerza . Junior tiene como principal aliado la riqueza de su fútbol, un arma poderosa para pegarle a su escudo la cuarta estrella.

Han cambiado muchas cosas, respecto de aquella final inolvidable del 93: esta vez no estará el uruguayo Moas, auténtico caudillo en el fondo americano. Como si fuera poco, el Valenciano de este año ha dado un salto gigantesco en su manera de ubicarse en la cancha. El Iván de los últimos encuentros ha mostrado un vigor que realmente no le habíamos visto jamás. Desde luego que no se trata de abrumarlo ahora con una sobrecarga de responsabilidad que, en lugar de ayudarlo, podría hacerle daño al eficiente atacante rojiblanco.

Iván René Valenciano sabe muy bien que los jugadores se venden con la historia a cuestas, y por ello sueña con el título. Atraviesa el mejor momento de su brillante carrera. El segundo gol suyo ante el Caldas en Barranquilla, fue una verdadera obra de arte. Una joya sin par, una pintura de Miguel Angel. Y algo más: el año pasado, Iván no resistía un severo marcaje al hombre. Esta vez, sí. No sabemos lo que piense implementar América, pero nada de raro tendría que Umaña recurriera al libre y dos centrales delante de él, como lo hizo frente al Caldas en Manizales. Al Bombardero no le preocupa el método del visitante para recuperar la pelota, porque el sobrepeso que tanto lo mortificó ya hace parte de la historia.

La final se acerca. Se repetirá la historia de hace un par de años? No se puede olvidar que en el 93, el golazo de Mackenzie en tiempo de reposición absorbió en un abrir y cerrar de ojos la ilusión americana. Porque cuando el conjunto vallecaucano quiso reaccionar, ya el Junior celebraba el título en el vestuario...

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