Parranda y guayabo

Parranda y guayabo

Después de la parranda llega el consabido guayabo. España es un buen ejemplo de que en economía nada es gratis.

23 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

Después de años de especulación hipotecaria y bursátil, hoy existen serias dudas de si la economía hispana podrá evitar la bancarrota. Las cifras son aterradoras.

El desempleo ha llegado al 22 por ciento y cuatro de cada diez jóvenes no tiene trabajo. La semana pasada, el Gobierno debió pagar un 7 por ciento de interés para colocar una emisión de bonos a diez años por 3.500 millones de dólares que no pudo suscribir en su totalidad. Los mercados creen que España no genera confianza mientras no se tomen medidas radicales de ajuste.

Es en medio de esta grave crisis que se llevaron a cabo las elecciones legislativas. El gobierno socialista había perdido toda credibilidad internacional y decidió asumir el costo de anticipar los comicios. La victoria del Partido Popular, de centro derecha, era previsible. Como ha sucedido tantas veces en la historia de la humanidad, le corresponde a la derecha recuperar la economía luego de años de irresponsabilidad y demagogia socialistas. España es una de las economías menos flexibles del mundo. El régimen laboral hace muy difícil y costoso despedir a un empleado. La evolución demográfica es una de las más desfavorables del mundo, lo que explica la creciente marea de inmigración. La economía ha aprovechado sus condiciones climáticas para atraer inversión en el sector hipotecario destinada a pensionados, la mayoría de ellos del norte de Europa. Este fenómeno facilitó la formación de una burbuja en los precios del metro cuadrado construido que además fue impulsada por años de liquidez en el mercado monetario europeo. Mientras tanto, el país continuaba su proceso de desindustrialización y el sector de turismo, uno de los más importantes de la economía, se resentía por la fortaleza del euro.

Los socialistas aprovecharon este crecimiento artificial para seguir en una política de subsidios aprovechando las generosas transferencias de recursos provenientes del presupuesto comunitario de Bruselas. Estas inyecciones de recursos no podían considerarse como permanentes. Con las dificultades de la economía mundial luego de la crisis del 2008, el frágil equilibrio se vino al suelo. Todos los activos disminuyeron de valor y el sector hipotecario perdió atractivo. El aumento del desempleo se hizo evidente y la cartera hipotecaria empezó a mostrar signos inquietantes. El gobierno socialista no tomó, de forma oportuna, medidas preventivas. Mantuvo su discurso partidario a los subsidios y dejó que la deuda pública siguiese creciendo, hasta llegar a su nivel actual superior al 82 por ciento del PIB.

Al nuevo primer ministro, Mariano Rajoy, le corresponde poner orden en una economía muy debilitada. Su misión parece imposible, pues los problemas nacionales se agravan por lo que acontece en Europa. El margen de maniobra es estrechísimo sobretodo con un desempleo tan elevado. Rajoy advirtió que España debería entrar en una etapa de austeridad. El problema es que muchos no quieren hoy pagar la factura de la larga fiesta.

*Profesordel Cesa migomahu@hotmail.com .

HELGON

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