Un par de puntos para tanta í

Un par de puntos para tanta í

21 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

A los estudiantes les digo, como estrategia, que no mezclen peticiones en su Programa Mínimo. Lo de ustedes, esta pequeña lucha (dentro de muchas que habrá que dar como nación) es sacar adelante una Educación Pública Superior completamente gratuita para las generaciones venideras; que tenga mayor cobertura y mejor calidad; y que haya un presupuesto importante dedicado a la investigación. Eso es lo de ustedes. Al Gobierno Nacional le tocará mirar de dónde saca plata para que eso sea viable. Hay plata, sin duda, y tiene que haberla para un propósito tan noble. Pero si los estudiantes se meten a sugerirle al Gobierno de dónde, que recorten el presupuesto de Defensa, por ejemplo, enseguida se les vendrá una horda de críticas que apoyarán ese discurso ultraconservador que nos identifica. Dirán, claro, como eso es un antro de guerrilleros, lo que quieren es que nos descuidemos. Cuidado, muchachos de la Mane, con la forma, porque los pueden enredar y darles pie a los medios de comunicación para que amañen la opinión pública en su contra. Lo de ustedes, insisto, es la gratuidad en la educación. Nada más.

Al Gobierno central quisiera pedirle que nos explique a todos los colombianos en qué consiste el optimismo económico, a quién beneficia. Y cuando habla de que estamos superando la brecha, ese pronombre de 'Nosotros' a quiénes se refiere, porque es evidente que no se refiere a la gente de a pie. Hace menos de diez años, Colombia producía poco más de 200.000 barriles de petróleo diarios; y hoy, según titulares optimistas y versiones de la gran empresa Ecopetrol, producimos 980.000 barriles diarios. Quisiera que nos explicaran por qué a mayor producción de petróleo, mayor es el precio de la gasolina en Colombia -a precio de Primer Mundo-. No entiendo cómo funciona esto para los economistas del país que regulan precios y velan por el bienestar de todos. Esas utilidades a quién benefician, ese optimismo va dirigido a quiénes, porque es evidente que no es a nosotros, la gran masa votante, el constituyente primario. También podrían explicarnos cómo es el asunto con la bonanza minera. Si es cierto que existe esa bonanza (que se debería revisar también), ¿a dónde rayos va a parar esa enorme cantidad de dinero? Porque parece evidente que no se ha traducido en mejor infraestructura: no hay un ferrocarril trazado; ni tenemos la mayor flota pesquera del Caribe y el Pacífico; ni en mejorar el precario sistema de salud: las condiciones de los médicos, la atención al paciente; ni en más hospitales; tampoco veo por ningún lado el interés de invertir en la investigación, la educación de calidad en todos los grados y niveles; ni veo que se esté gastando en los departamentos más pobres: no veo ningún desarrollo en el Chocó ni en la Guajira ni en el Guainía ni en Vichada; siguen siendo territorios nacionales, ese eufemismo con que se nombraron por tanto tiempo, una manera de decirles que miren a ver cómo se las apañan porque están muy lejos del bienestar andino o del Caribe. Así como la gente está furiosa con los muchachitos de Wall Street, nosotros tenemos por qué estarlo con nuestros muchachitos de Planeación, nuestros economistas estatales. ¿De qué sirve al grueso de colombianos (nosotros) mostrar unas cifras de crecimiento económico bárbaras, si no se traducen en nuestro propio bienestar? Es claro que los economistas del Estado, la gente de Planeación, los ministros, no necesitan de la educación pública porque tienen para pagar los exorbitantes precios de las universidades privadas, así como sus padres tuvieron para ellos, y sus abuelos para sus padres. Por eso quizá no vean esa necesidad tan apremiante. Pero, recuerden, por favor, que hay un pueblo detrás de las ventanas blindadas y polarizadas de sus oficinas (parece una metáfora, ¿cierto?).

cristianovalencia@gmail.com

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