Caído 'Cano', ¿qué seguirá después?

Caído 'Cano', ¿qué seguirá después?

Para el sistema político marxista lo más complicado es la sucesión en el mando supremo de la autocracia omnipotente cuando quien lo ejerce desaparece sin dejar elegido a un sucesor. El forcejeo entre quienes se sienten calificados para continuar el proceso dictatorial envuelve "todos los medios de lucha", incluyendo la supresión de algún personaje, como en el caso de la muerte de Stalin cuando el jefe de la KGB, la temible policía secreta, fue asesinado y el hábil manipulador tras bambalinas Nikita Krushev terminó siendo primer ministro.

18 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

De los elegibles para suceder a 'Cano', alias 'Timochenko' e 'Iván Márquez' parecían los más opcionados. 'Iván Márquez' tiene en su contra las prolongadas permanencias en el exterior, que lo distancian del elemento combatiente con sus mandos medios. 'Timochenko' presenta rasgos similares a los del fallecido cabecilla en cuanto a preparación intelectual y experiencia de combate aunque en menor escala el primero. En todo caso, quienquiera fuera el nuevo jerarca, enfrentará las mismas circunstancias: unas fuerzas combatientes duramente golpeadas tanto por bajas en combate como por deserciones que incluyen hasta comandantes de frente que emigran con cuantiosos recursos financieros; una obcecada postura en la mal calculada esperanza de resurreción militar, imposible bajo el rechazo integral de un pueblo desesperado que detesta la guerra que lo maltrata en sus estratos más pobres y en el agro significa reclutamiento obligado de sus hijos, minas explosivas, desplazamientos forzados; rechazo internacional por el estigma del terrorismo y el narcotráfico; estrangulamiento progresivo de sus canales de exportación de la droga e importación de material de guerra. A lo cual cabe agregar el desaliento ante la eliminación de su jefe máximo.

Bajo tal acumulación de adversidades, pueden trazarse las siguientes hipótesis sobre conductas por seguir bajo un nuevo jerarca con su secretariado fantasmal.

1) Aceptación interna de que la causa está perdida y el único camino es un diálogo constructivo, sin dobleces, ni engaños, que conduzca a la desmovilización y el desarme, previa entrega de los secuestrados militares y civiles.

2) Proseguir la lucha de guerrillas con empleo máximo de minas antipersona, sabotajes contra la infraestructura energética y el transporte.

3) Utilizar la presión humanitaria, la sensibilidad social, el apoyo político - con turbante o sin él- y los clamores de paz a toda costa para forzar aceptación por el gobierno de negociaciones de paz que se puedan dirigir hacia los objetivos disimulados de la lucha armada.

Ante las hipótesis 2 y 3, el Estado colombiano debe responder con la actitud y los procedimientos que le han permitido acorralar a la seudoguerrilla, diezmar su dirigencia político-militar, desalentar a sus combatientes, cerrar las rutas de abastecimiento y robustecer la opinión pública hasta lograr e imponer en sus propios términos el diálogo que lleve a la verdadera paz.

En lo referente a la operación misma, el Gobierno debe precaverse de la desfiguración que ya comienza a fraguarse para presentarla con rasgos de violación de los DD.HH. del cabecilla abatido. Se habla de que el soldado lo ultimó cuando intentaba rendirse y no en defensa propia frente al enemigo en actitud de accionar el arma. Que hubo excesos en el empleo de la fuerza. Que el hecho, según la conocida dama del turbante, impidió la liberación de los rehenes a punto de concretarse como primer paso hacia la paz.

En otras palabras, defender al Ejército victorioso de los ataques de colectivos de abogados y ONG proclives a la "guerrilla" y amigos de las demandas millonarias ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en favor de los deudos de las víctimas asesinadas. Estilo Mapiripán, con sus modestos honorarios de seis mil millones de pesos cargados al tesoro público.

alvatov2@yahoo.com

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