EL ACORDEÓN, REY DELA MÚSICA VALLENATA

EL ACORDEÓN, REY DELA MÚSICA VALLENATA

Lorenzo Morales tuvo un acordeón que por su fama hizo rabiar a Emiliano Zuleta Baquero, y Juancito López poseyó uno que imitaba el rugido de un tigre. Así lo consigna Alberto Beto Murgas en una investigación a la que le dedicó buenas trasnochadas y largos recorridos para conocer el origen del instrumento y en especial su adaptación a la música vallenata.

27 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Murgas recorre la evolución del acordeón desde que fue inventado en Alemania, en 1829, por el austríaco Kiril Damián y más tarde perfeccionado por un francés de apellido Buffet. Era considerado el compañero inseparable de marinos y campesinos del Viejo Mundo, principalmente en Francia e Italia, país que lo comercializa.

El acordeón se asomó en el Valle de Upar en las dos últimas décadas del Siglo XIX, pero tomó fuerza en los primeros veinte años del presente con los tipos Germánico, (denominado popularmente Tornillo e máquina) y el Italiano o Vienés (bautizado como espejito).

Luego, hacia 1936 llegaron otros modelos, igual en los años 50 (GCF y ADG), y desde los sesenta reinan en la música el cinco letras, siendo los más conocidos el Regal, Coches, Paolo Soprani, Delicias, Rigoletto Honner (el rey del vallenato), El Saltarelle y el Bar Pos, éste último fabricado en Sincelejo por un artesano de apellidos Barrios Poso, destaca Murgas.

El instrumento, dice el investigador, fue acogido con afecto y reemplazó al carrizo, gaita o flauta que acompañaba a la caja y la guacharaca, en los tiempos de juglares como José León Carrillo, Luis Pitre, Sebastián Guerra, Rosendo Romero Villarreal y Francisco El Hombre, entre otros.

Los Bautizos Los acordeoneros acostumbraron al bautizo de sus instrumentos de acuerdo a la similitud con elementos de su entorno. Murgas indica que los calificativos más comunes fueron Tornillo e máquina, El Espejito, El Marca Venao, El Guacamayo, El Moruno, Acordeón de Cuchara, entre otros.

El investigador destaca los casos de Lorenzo Morales, Emiliano Zuleta y Juancito López, y en donde descubre la rasquiñita , que ya le producía Moralito al viejo Mile Zuleta, por su acordeón.

Lorenzo Morales por los años 1942-1943, tenía fama y los demás le tenían rabiecita, como él lo manifiesta, luego de pasar una noche amarga en el barrio La Garita, porque los acordeoneros de las cumbiambas y merengues no quisieron prestarle el instrumento, y resolvió amanecer a palo seco en la plaza a esperar las siete de la mañana para ir a la tienda La nueva paciencia de don Jacob Lúquez, a comprar uno, que sus amigos le habían ofrecido , relata Murgas.

En dos oportunidades el dependiente le trajo a Moralito acordeones de un teclado, pero no le gustaron. Entonces el propietario le sacó uno de veintisiete mil pesos, de dos teclados y ocho bajos, color negro con ramas blancas y madera reluciente.

Se podía uno afeitar en él, era una lindura, era un lujo, al verlo yo lo puse Blanca Noguera, distinguida dama de Valledupar, de belleza sin igual y esposa de Santander Araújo, mi gran amigo, así como lo era Virgilio Baute, el doctor Molina y su esposa Mercedes , le narró el propio juglar al investigador. Fue el acordeón más famoso de la región.

Emiliano Zuleta Baquero tuvo conocimiento del acordeón de Moralito, por lo que propuso a Pablito López (de los primero Pablos), que le vendiera un acordeón similar aunque fuera de segunda. Se cerró el negocio por valor de 20 mil pesos.

También sacó verso para que llegara a oídos de Lorenzo. Morales tiene un acordeón/ que llaman Blanca Noguera/ y yo también tengo el mío/ que se llama La Morena . Fue con este acordeón que se acompañó el viejo Mile para hacer la inmortal La gota fría . Así rebasó la fama de Moralito.

Por su parte, Juancito López, en La Paz, poseyó un acordeón al que le puso El tigre de la montaña , porque tenía unos bajos roncos y profundos, como el rugido de este felino.

Por último, el investigador destaca los homenajes rendidos al instrumento por compositores como Emilianito Zuleta con Mi Acordeón . Diomedes Díaz lo exalta en 26 de Mayo .

Eso sin mencionar que cuando Gabriel García Márquez recibió su premio Nobel de Literatura en 1982 en Estocolmo (Suecia), los Hermanos Zuleta sacaron a relucir su acordeón.

Anatomía del instrumento Beto Murgas describe que el acordeón posee el diapasón, al que también le dicen caballete o peña; dos cajas de resonancia forrados con nácar, un fuelle con ochenta esquineros, dos teclados o mecanismos con treinta y un botones melodiosos y doce bajos armoniosos.

A ellos se les suman cuarenta y tres resortes; cuarenta y tres tapas de teclas; tres correas de apoyo; dos correas para cerradura; un guarda polvo o parrilla; dos dulzainas o ciolinas; cinco peinillas en el lado derecho y en estas ciento ochenta y seis lengetas metálicas o pitos y noventa y tres planchas de melodeías o notas.

Dos peinillas en el lado izquierdo y en estas setenda y dos lengetas y treinta y seis planchas de armonías o bajos; las banadas en sus repectivos pitos, y dos marcos de madera adheridos al fuelle.

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