El Festival le pondrá más ojo al bolsillo

El Festival le pondrá más ojo al bolsillo

"Han sido tres años difíciles", dice Ana Martha de Pizarro, directora del Festival Iberoamericano de Teatro, al evaluar los tiempos que vinieron para ella luego de la muerte de Fanny Mikey y su designación como cabeza del máximo evento teatral del país.

15 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

Fueron tiempos convulsos, llenos de discrepancias y de rompimientos con el Teatro Nacional -el corazón del Festival- en los que tuvo que probar que era capaz de sacar adelante el Iberoamericano del 2010 sin Mikey. Ahora que la calma llegó, tanto que continúa como directora de la próxima edición, admite: "Queríamos demostrar que podíamos hacer el pasado festival y se nos fue un poco la mano".

¿Cuál es su balance de la edición 2010? El resultado artístico en prensa y en público fue maravilloso. La ciudad y el país quedaron contentos, pero quedamos con un problema de plata que hemos venido solucionando.

¿A cuánto asciende? No se puede contar.

¿Qué pasó? El festival creció un 40 por ciento. Se nos fue un poco la mano. En ese momento también cambió la normatividad de la seguridad en la ciudad, que incluyó la exigencia de carros de bomberos y dos ambulancias medicalizadas fuera del teatro si el espectáculo sobrepasaba los 1.000 espectadores; todos los teatros debían tener puesto de primeros auxilios y tuvimos que hacer 250 planes de emergencia distintos. Debimos contratar el 30 por ciento más de la logística de siempre. Eso encareció el festival en un 30 por ciento.

¿Y la separación entre el Teatro Nacional y el Festival? Eso también aumentó los costos, porque el Festival fue concebido para desarrollarse dentro del teatro. Los dos quedamos afectados. Tuve que montar una nueva empresa, fue necesario hasta comprar líneas telefónicas y alquilar computadores. Ni siquiera pudimos vender las boletas en las taquillas del teatro. Fue doloroso para los dos. Es como cuando un papá se muere y los hijos se pelean: es antinatural. Pero ya estamos trabajando conjuntamente. O sea que el Festival se encareció más de un 30%.

Un 40 por ciento. Creció más o menos lo mismo que se encareció. La compra de boletas también creció un 40 por ciento. Hay otro detalle: en esa época empezó la crisis en Europa; patrocinadores con los que contábamos siempre no estuvieron. Para mí es muy importante la ayuda de los países. ¿Se les salió de las manos? No. Fue una etapa muy complicada de preparación y logística, pero nunca se nos salió de las manos. Éramos conscientes de lo grande que era y de las dificultades.

¿Cómo se ha ido paliando esa situación? Haciendo eventos. Lo del Bicentenario y lo del cierre del Mundial Sub-20.

Tenemos acuerdos con un canal de TV para hacer la producción de eventos.

Contamos con una solución muy interesante que incluye una estrategia financiera para revisar números.

¿Qué tanto ha ayudado? Ha sido importante. Vamos a aplicar en el Festival una fórmula parecida a la de otros eventos: trabajar con rigidez y precisión para que nos quede algo de dinero. En este Festival que viene, el espectáculo de la Plaza de Toros va a ser coproducido por nosotros. Lo vamos a hacer con artistas y productores australianos no solo para presentarlo acá, sino para venderlo por fuera. ¿Cuáles son las enseñanzas? Ser total y absolutamente cuadriculados en el manejo financiero, pero también en el del Festival. Ser capaces de decir 'hasta acá llegamos'. Un miembro de la junta directiva me decía: 'Ana Martha, el Festival es tan grande y tan bello, que no importa si no traemos a una persona'.

¿Cómo va a ser el nuevo? Más ajustado. No va a haber una sola compañía que se quede después de su cierre. Va a durar 17 días. En la edición pasada se quedaron tres compañías una semana más, y eso encareció. No vamos a volver a espacios no convencionales. A los directores europeos les encantan y allá existe una infraestructura, pero acá no. Y no solo resulta difícil y complicado para el Festival, sino para los artistas y el público. Cuando nos hablen ahora de espacios no convencionales nos vamos a la Casa del Teatro y al Teatro Estudio, del Julio Mario Santo Domingo.

¿Qué tanto esperan que crezca la compra de boletería? El año pasado vendimos un 75 por ciento, es decir el 50 por ciento del presupuesto del Iberoamericano. La idea es crecer a un 80 u 82 por ciento. Los precios del Festival son casi siempre la tercera parte de lo que cuesta una obra por fuera; hay oletas desde los 10 mil pesos.

¿Cuánto menos va a costar el Festival con respecto al anterior? Un 25 por ciento menos. Queremos que la que hace el Festival sea una entidad con un carácter de empresa en el sentido de la organización. Hicimos la clausura del Mundial de Fútbol y no hubo problemas financieros. Así que podemos lograrlo.

'Seguir con la sorpresa y el gran nivel' ¿Qué hay que hacer para que el Festival viva largamente? Tiene que ir de lado y lado. Cuando el 50 por ciento del presupuesto del Festival proviene de la taquilla, como organización no podemos pedir que se mantenga si no sostenemos el altísimo nivel y la sorpresa. Uno de los grandes logros de Fanny fue enseñarle a la gente a ver todo tipo de géneros y de propuestas estéticas. Hoy, esta ciudad es otra. Es una ciudad cosmopolita, donde todas las semanas pasa algo. Por eso, la programación tiene que tener cada vez más un punto más alto. Si aspiráramos solamente a mantenerlo, para el público dejaría de ser un evento vital.

¿El Estado debería ser el dueño del Festival? No. Una de las razones por las que sigue siendo lo que es, es por como está hecho. Somos una corporación sin ánimo de lucro y con una junta directiva que trabaja conmigo conjuntamente. Lo que ha sucedido en América Latina con los festivales de gobierno es que el vaivén de la política los ha acabado.

¿Qué cambiaría? Debería haber la posibilidad de que los dineros del Estado fueran fijos y que tuvieran simplemente el aumento del IPC. Que no tuviéramos que discutir todos los años la cantidad y depender de lo que pase en cada nuevo Gobierno nacional y Distrital. Y, claro, salir a buscar el patrocinio privado. Y contar con el público, eso es muy importante.

Obras que destaca la directora .

'Macbeth', de Georgia. "Solo los teatros estatales pueden hacer algo tan monumental. El coro está integrado por las cantantes de ópera del Teatro Nacional de ese país", dice Ana M. de Pizarro.

'Cantina', de Australia. "Para conquistar a los jóvenes, en ese país se están haciendo miles de cabarets. Este es uno de los años 50 y está lleno de poesía".

'Leonce y Lena', de Rumania. Ese país trae dos obras más: 'Esperando a Godot' y 'Electra'. "Los tres son teatros estatales", agrega De Pizarro. .

'Donka, una carta a Chéjov', de Suiza. "Un gran espectáculo visual. Es absolutamente bello y conmovedor", dice la directora. Es una coproducción entre el Teatro Sunil y el Chekhov International Theatre Festival

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