QUEDAN JOYAS POR CUIDAR

QUEDAN JOYAS POR CUIDAR

Por su condición de localidad campestre, la mayoría de las construcciones de Montería fueron desde su fundación casas típicas, construidas en madera con techos de paja o zinc, con pocas excepciones. Aún se ven en barrios como Chuchurubí, Montería, Moderno, Colón y La Ceiba.

22 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Dice el fallecido historiador y escritor Jaime Exbrayat que en 1928 Montería poseía 60 edificaciones de mampostería, 132 de zinc, 18 con tejas y madera, 878 de palma y un número indeterminado de chozas y bohíos.

Una de las obras arquitectónicas más importante de Montería es la Catedral, otrora iglesia San Jerónimo, cuya construcción se adelantó gracias a los planos suministrados por el arquitecto cartagenero Luís A. Jaspe, quien diseñó y construyó el Teatro Heredia y la torre del Reloj en Cartagena.

El arquitecto director de la iglesia San Jerónimo, fue Pedro Barrios, asesorado por su hermano Benjamín y por Fulgencio Maza.

La iglesia se concluyó a principios de 1916 y su entrega oficial se hizo en julio de ese año. Eliseo Pineda; Prisciliano y Francisco Cabrales Lora, Ignacio Cabrales G., Andrés Ramos, Carlos Velasco, José Joaquín Osorio y Lorenzo Gómez Fuentes, fueron funcionarios públicos que, junto con el padre Mendoza, convirtieron en realidad esta hermosa obra.

Joaquín Castillo construyó el altar mayor y la escalera para subir al coro en puro mármol de Carrara, traído de Italia en 1917 a un costo de siete mil pesos. Las paredes de la iglesia poseían pinturas de un positivo valor artístico gracias al pincel del maestro Luis Enrique Rueda, pero han ido desapareciendo en su mayor parte, a causa de los trabajos de refacción que se han hecho en dicho templo.

Tanto la Iglesia como el altar fueron consagrados el 17 de enero de 1918 por el arzobispo de Cartagena, Pedro Adán Brioschi. El primer matrimonio que en ella se celebró fue el de Lázaro María Pérez Uparela con Helena Spencer. El primer bautismo el de Fausto Carlos, hijo natural de José E. Ibarra con Aurora Tordecilla y el primer entierro el de Eduardo Espinosa Méndez.

Aunque no son muchas, en Montería existen verdaderas joyas arquitectónicas que deben ser salvadas ante la avalancha modernista de la época, que ha ido destruyendo todos los recuerdos que dejaron los abuelos.

Por ejemplo, la casa de Rafael Grandett, en la carrera 5a. con calle 27 esquina, frente al Palacio Episcopal; la vieja casa de Gregorio Flórez, en la carrera 2a. con calle 25; el edificio del colegio de la Sagrada Familia, en la carrera 5a. con calles 27 y 28; y la casa de Domingo Berrocal.

Asimismo, la casa de Manuel de León, en la calle 29 con carrera 10; la de José María Vivero, en la carrera 5a con calle 26; la del general Gómez Pérez, en la carrera 5a con calle 24; la del ñato Corena en la carrera 2a. con calle 25; y la de Luchón Berrocal Sánchez, en la carrera 1a. con calle 26.

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