Dídier Ospina, el último pregonero del Quindío

Dídier Ospina, el último pregonero del Quindío

13 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

David Meléndez Alzate Para EL TIEMPO Armenia. El pregonero era, antiguamente, en España y sus colonias, el oficial público que en voz alta daba los pregones o anuncios de servicios y productos al público. Hacían notorio lo que se quería saber y lo que era noticia para todos. Los pregoneros tuvieron su auge a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX; luego, fueron desapareciendo de la ciudad, sustituidos por los medios de comunicación masivos. En Salento (Quindío), un pequeño municipio donde el tiempo no pasa, aún se puede encontrar a uno de los últimos pregoneros, vestido con sombrero aguadeño, alpargatas y carriel, la indumentaria clásica del campesino cafetero. Se trata de Dídier Ospina Arenas, un quindiano de 46 años, que se dedica a esta noble labor, con su emisora ambulante: La Voz del Pueblo.

En un llamativo Jeep Willys, el vehículo insignia de la región, Dídier recorre el pueblo, desde hace 12 años, transmitiendo mensajes a la comunidad.

"No pude ser periodista, pero he sido pintor, fotógrafo, obrero, recolector, en fin siempre he luchado, pero una vez no encontraba que hacer y me puse en las manos de Dios porque no conseguía trabajo. Un día me iluminó y me conseguí una carreta de mano, un parlante y un micrófono, y salí a la calle a ver qué resultaba. Empecé a promocionar tiendas y a dar avisos de interés para la comunidad. Por ese lado me, conseguí la plata para mantener a los hijos y a la señora", dice.

Para este incansable trabajador, no existe nada imposible. "Pasé de la carreta a una burra, le puse los equipos y un pendón, no quería maltratar al animalito y me conseguí un contrato con la lotería del departamento para vender billetes. Con eso me compré una silla de ruedas para los equipos, pero se mojaba y me tocó conseguirme un triciclo y le puse motor para subir las faldas del pueblo", recuerda.

Gracias a su empeño, llamó la atención de una fundación que apoya a emprendedores como él. "Actuar Famiempresas me prestó para comprarme el jeep, fui dando las cuotas y en octubre del año pasado lo acabé de pagar. Con el carro he recorrido todos los municipios, haciendo publicidad y ayudando a la gente. Hasta me han dicho que me lance a la política, pero a mí no me gustan esas cosas", dice el quindiano.

Dídier es consciente de la importancia de su labor para la comunidad de Salento. "Yo quería hacer algo por el pueblo, por la gente. Mi trabajo es una función social: yo paso las noticias del municipio, le ayudo a la gente cuando se le pierden las llaves, las mascotas o cuando necesitan ofrecer algo, doy los avisos de las jornadas de vacunación, de las reuniones con el alcalde. Además, transmito un mensaje de preservación y cuidado de la naturaleza a los turistas que visitan el valle del Cocora".

Ahora, el pregonero quiere cambiar el jeep por otro carro con más espacio, para hacer trasteos y traer encomiendas de los pueblos cercanos porque, como él dice "todo lo que uno consiga lo tiene que poner al servicio de la gente".

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