Frazier: el último 'round'

Frazier: el último 'round'

12 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

Es natural en el periodismo que unas informaciones opaquen a otras. La avalancha de noticias de esta semana no dejó ver, en toda su dimensión, especialmente para los amantes del deporte de las narices chatas, lo que significaron la vida y muerte de una de sus leyendas, como lo fue el estadounidense Joe Frazier. Él, que se había abierto camino a puños, que había ganado grandes batallas en el ring, perdió un largo combate contra ese letal y silencioso contrincante como es el cáncer, que le propinó un mortal gancho al hígado, a la edad de 67 años. Eso sí, cargado de gloria. Frazier tiene su sitio de honor en el salón de la fama, reservado solo para los que han sido excepcionales en las disciplinas deportivas. Con toda razón. El californiano fue un boxeador extraordinario. Nada menos que medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio, en 1964.

Pero lo que lo lanzó a la cima, en aquella década de los 70, años de brillo para el boxeo verdadero, duro y leal, de grandes protagonistas y rivalidades, fue la famosa 'pelea del siglo' ante un gigante de todos los tiempos, como lo es Muhammad Alí. Ese espectacular boxeador que volaba como mariposa y picaba como avispa.

No le funcionó la estrategia con Frazier, quien después de un combate de gladiadores, en el último asalto, el 15, cuando parecían haber entregado la última gota de sudor, salió por el cinturón de los pesados y propinó el gancho más famoso y descomunal de la historia a la barbilla de Alí, que se derrumbó como si lo hubiera partido un rayo.

Eran tiempos de ese boxeo limpio de George Foreman y Óscar Bonavena, en el peso completo. Eran las épocas en que se tenía, más que nunca, como referencia a Rocky Marciano, el estilista e invicto eterno. Era, inclusive, la época de Antonio Cervantes, 'Kid Pambelé', otro formidable del deporte de fistiana, a quien el vicio lo sacó del ring.

Sirvan estas líneas no solo como homenaje a gladiadores como Frazier, que han sido enseña de deportistas, sino como reflexión de que todos estamos en este encordado complejo y duro, expuestos a enfermedades mortales, y que los deportistas, los hombres públicos, más que nadie, son quienes deben dar muestras de integridad, ser ejemplo para la juventud. Solo así, después de su último round terrenal, serán recordados con admiración. Frazier es uno de ellos.

editorial@eltiempo.com.co

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