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PARÍS LE HIZO LA FIESTA AL CINE

PARÍS LE HIZO LA FIESTA AL CINE

El cine es sin duda el único arte del que se conoce con exactitud la fecha de nacimiento (19 de enero de 1895) y la de su popularización: el 28 de diciembre de 1895, día en que se hizo en París la primera proyección comercial de una película, en el Salón Indien del Gran Café de la capital.

De hecho, en Francia, todo el año 95 ha sido celebrado y dedicado al cine, pero en esta fecha especial, el jueves 28, las cinematecas y teatros especializados marcaron el festejo con suculentos programas. La Cinemateca de París, por ejemplo, cerca de la célebre Place de La République, pasó durante todo el día un ciclo ininterrumpido de cintas de los hermanos Lumire, Max Linder y otros realizadores históricos como el norteamericano Griffith, y el público pudo entrar y salir de forma gratuita y libre.

También, con motivo de la celebración, se pasaron filmes históricos proyectados sobre una pantalla gigante, de 30 metros, erigida en la esplanada del Trocadero, frente a la Torre Eiffel, lugar en el que los hermanos Lumire soñaron con proyectar sus películas con motivo de la Exposición Universal de 1900. Sobre esa pantalla, y hasta el 1 de enero, se proyectarán de forma continua 40 filmaciones de 52 segundos hechas por 40 directores de todo el mundo, en homenaje a los pioneros, teniendo como denominador común el hecho de que todos utilizaron la misma vieja cámara de los Lumire, la madre de todas las cámaras de cine.

Entre los directores que participan en esta maratón de homenaje, está el francés Claude Lelouche, el británico John Boorman, el norteamericano James Ivory, el chino Zhang Yimu, el griego Theo Angelopulos y el español Fernando Trueba. Y es que, qué mejor manera de celebrar el nacimiento del cine comercial que viendo cine? Esta es, por lo demás, la apuesta de los defensores franceses de las salas de proyección en pantalla grande, para quienes los aparatos de video y betamax producen los mismos escalofríos que el alcohol y el cerdo en los ortodoxos musulmanes.

La primera presentación comercial del cine, pues, quedará para siempre en la memoria de quienes asistieron y pudieron ver con ojos incrédulos las imágenes del trote de un caballo, la caída de un muro convirtiéndose en polvo, el movimiento pausado de un tren entrando a la estación, un bebé tomándose una sopa, la salida de los obreros de las fábricas de cine Lumire y, sobre todo, el sketch llamado el regador regado , en el que se ve a un jardinero que termina empapado por el agua de su propia manguera.

Estas películas, y otras, podrán verse en diferentes salas de cine que se han unido a las celebraciones. Todos los teatros de los Bulevares de París, desde la Plaza de la Opera hasta el Boulevard Poissonire, presentarán desde las 10 de la noche películas inéditas en sus salas, las cuales han sido decoradas para la ocasión con imágenes alusivas al cine, y en muchas de ellas la presentación de películas antiguas se hará con orquesta, tal como se hacía en las grandes proyecciones de cine mudo. Y el precio: un franco simbólico, el mismo franco que pagaron quienes asistieron a la primera y ya mítica representación en el Gran Café de París, hoy Hotel Scribe, en donde se reunirá, por lo demás, un grupo de actores y directores invitados por el francés Bertrand Tavernier para celebrar por todo lo alto el aniversario.

Y como en toda fecha simbólica, Francia hizo el balance de lo que ha visto pasar por sus salas de cine en el año 95, con resultados más bien regulares si se compara la producción con la de otros años.

De la cincuentena de filmes relizados en la República, sólo unos pocos lograron destacarse. Fue el caso, por ejemplo, del joven realizador Mathieu Kassovitz, quien subyugó al público francés con su pelíca El odio, en la que trata los problemas de violencia y razas en los suburbios de París. Esta película, realizada con un presupuesto pequeño, dio en el clavo al coincidir con un año de grandes conflictos entre el París del centro y el de extramuros, lo que le valió una de las taquillas más importantes de la temporada.

Otra gran vencedora del cine francés fue sin duda Gazon maudit, de Josiane Balasko, una comedia de faldas al estilo de las clásicas de Billy Wilder protagonizada por la española Victoria Abril. La otra comedia de éxito, Los ángeles guardianes, con Gérard Depardieu, tuvo un alcance menor a pesar del inmenso aparato publicitario, y en cuanto a las películas extranjeras fue sin duda Underground, del bosnio Emir Kusturica, la que más comentarios provocó. Esta película, ganadora en el Festival de Cannes, se vio en el centro de una tormentosa polémica entre intelectuales franceses, la mayoría de los cuales veía en ella una soterrada propaganda pro-serbia. Pero Kusturica vino, vio y venció, pues al final Underground se impuso por su propio peso y tuvo un relativo éxito en las salas de cine, apenas relativo por tratarse de una película complicada, no apta para el gran público.

Otro de los éxitos extranjeros fue la norteamericana Usual suspects, de Bryan Singer, junto con Ed Wood, de Tim Burton, marcando la victoria en París de los realizadores independientes.

Entre las películas consideradas de autor , París recibió triunfalmente este año Disparos sobre Broadway, de Woody Allen, La flor de mi secreto, del español Pedro Almodóvar o Pret--porter, de Robert Altman, esta última en el centro de una fuerte polémica pues a mucha gente no le gustó la irreverencia de Altman con respecto a esa sacrosanta industria francesa que es la moda.

Y entre las grandes firmas que pasaron relativamente desapercibidas está Roman Polansky, cuya película La muerte y la doncella apenas si será recordada. O el francés Claude Chabrol, con su regularísima producción La ceremonia, la cual dejó un extraño sabor de boca a los espectadores y una inquietante sensación de haber malgastado 48 francos (10 dólares, precio de un estreno en París), lo mismo que Bertrand Tavernier con L appt, a medio camino entre el thriller y la típica película francesa de situación y drama.

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