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OTRA DECISIÓN

OTRA DECISIÓN

La renuncia del actual Vicepresidente, Humberto De la Calle, presenta un episodio que no esperábamos los colombianos, como es la elección de quien haya de remplazarlo en esa investidura. Aunque quizá para esa época el importante cargo regrese a su antigua denominación de Designado. En estos tiempos de crisis, muchos se han dado a la tarea de lanzar nombres para suceder a Humberto De la Calle y algunos sugieren que también al presidente Samper. Las listas son buenas. Y como decíamos en comentario reciente recuerdan la manera de actuar del jefe conservador Laureano Gómez, cuando quería confundir en ciertas situaciones que se le presentaban al pactar su coalición con el partido liberal durante las épocas del Frente Nacional.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Tan pronto como surgía una controversia, el doctor Gómez elaboraba una lista de ilustres ciudadanos, y ciertamente lo eran. Se le ocurrían los nombres menos conocidos por la opinión política, los mezclaba y presentaba un menjurje que sumía en confusión a quienes pretendían imponer su voluntad. Así, casi siempre, ganaba el jefe . Fue él quien defendió e impuso su tesis de que el primer mandatario del acuerdo entre los dos partidos fuera un liberal, Alberto Lleras.

Hoy, dentro de los nombres que se han lanzado para que el Congreso escoja al sucesor del Vicepresidente, los hay excelentes. Por ello, emitir un voto de simpatía por cualquiera de ellos es como lanzar una moneda al aire. Porque las cualidades enseñadas, por ejemplo por Carlos Lemos Simmonds y Carlos Lleras de la Fuente, son similares, por su pasado intachable, por su presente y por el afecto y admiración que en ellos deposita la opinión pública. No nombramos más, porque se caería en posibles excesos o favorecimientos injustos.

Lo importante ahora es pedir ahincadamente al Congreso serenidad, sindéresis, grandeza. Alejarse de la pasión. Que se piense en la patria. Cuando presente su dimisión el doctor De la Calle, tienen los parlamentarios la oportunidad de elegir a quien se halle dispuesto a los mayores sacrificios si es necesario, pero, sobre todo, que pueda ser señalado como un compatriota intachable, de primera categoría, digno de los honores nacionales. Es la hora perfecta para que senadores y representantes ofrezcan una lección al país, llevando unas discusiones cordiales, sensatas, con la única finalidad de contribuir al bienestar del futuro colombiano.

Son demasiado graves los problemas que enfrentamos. Los paros han logrado casi paralizar las vías en los Llanos, tan necesarias para el buen desarrollo de las actividades regionales, y para sacar los alimentos de ese vasto sector. El ejemplo que puede dársenos a los habitantes del interior, a los de la costa, a los de las zonas medias, a los gloriosos Llanos de Casanare, podría comenzar en el Congreso con actos de sensatez. Es que el país está cansado, aburrido, de las agresiones y las controversias salidas del plano racional e intelectual.

Ahora, cuando cualquier controversia política se convierte en aguda y amarga crisis, qué grato y qué bueno sería una discusión parlamentaria tranquila, entendiendo la importancia cabal de la determinación para escoger a quien en cierto momento puede reemplazar al Jefe del Estado.

Colombia necesita, y con cuánta urgencia, una disposición de acuerdo entre los colombianos de buena voluntad. Todo puede arreglarse de buenas maneras, excepto la lucha contra los narcos y las guerrillas. En la reciente historia colombiana, unos y otros de buena fe, con inteligencia, con firmeza pero al mismo tiempo con deseos de entender a sus contrarios, habían conseguido acuerdos, se conciliaron opiniones y así el país alcanzó fines de beneficio general.

Claro está, la elección de Vicepresidente es urgente. Es desde luego un paso más en nuestra historia política. Hay que darlo, pero sin dejar de enfrentar con decisión y coraje los demás asuntos, muy graves de por sí, que tenemos hoy. Todo dentro de un espíritu de unidad nacional, que es, lo reiteramos, la única tabla de salvación. Si no se logra la unidad, si no hay conciencia de que la patria está por encima de todo, vamos desbocados hacia el abismo.

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