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ECONOMÍA VENEZOLANA SE RAJÓ EN EL 95

ECONOMÍA VENEZOLANA SE RAJÓ EN EL 95

A duras penas, Venezuela logró cerrar sus cuentas en 1995, tras un año de incertidumbre económica, caracterizada por los desequilibrios fiscales, cambiarios y financieros.

La herencia que recibirán los venezolanos en 1996 será una inflación, que según el gobierno de Rafael Caldera es de 57 por ciento y el sector empresarial superó el 80 por ciento, altas tasas de interés y una caída histórica de sus reservas internacionales por debajo de los 9 mil millones de bolívares, un déficit presupuestario del 5,9 por ciento del Producto Interno Bruto y una devaluación del bolívar por encima del 70 por ciento.

En el ámbito económico, el gobernante venezolano debió aceptar la negociación con el Fondo Monetario Internacional, para poder acceder a una línea crediticia de más de 3 mil millones de dólares, que diera el respiro necesario para recuperar la economía, que arribó a su tercer año de recesión.

Será para enero del 96 cuando se firme un acuerdo entre las partes, según ha dicho el gobierno venezolano.

Previo al paso del FMI, la Administración Caldera intentó, sin éxito, siete planes macroeconómicos para tratar de sacar a flote la economía, que tuvo como telón de fondo la crisis del sistema financiero, con costo para el país de 11 mil 135 millones de dólares, sin tomar en cuenta las pérdidas de los depositantes de los bancos intervenidos desde enero de 1994.

Durante 11 meses, los venezolanos vieron cómo, pese a los controles de cambio y de precios, se produjo una escalada de la divisa estadounidense frente al bolívar y los niveles inflacionarios fueron muy superiores a los estimados inicialmente por el gobierno del 40 por ciento.

Se impuso en la economía local la bradymanía . Mientras el gobierno mantuvo el tipo de cambio en 170 bolívares por dólar, prosperó un mercado paralelo, marcado por los llamados Bonos Brady, que pasó entre octubre y diciembre de 240 a 340 bolívares por dólar.

Caldera instauró a finales de octubre una nueva paridad cambiaria para la adquisición de dólares para los viajes de turismo y de negocios, así como el uso de tarjetas de crédito en el exterior, tomando como referente la cotización del en los Bono Brady.

Caldera debió acceder a devaluar el bolívar a comienzos de diciembre, en virtud de que las reservas internacionales seguían en baja, pese al esfuerzo para mantenerlas por encima de los 9 mil millones de dólares.

El FMI, única opción Sin muchas opciones por delante, las autoridades económicas fijaron en octubre los parámetros para acceder al recetario del organismo multilateral, en lo que se denominó la Agenda Venezuela .

Se trató de un programa de recuperación macroeconómica que tenía por objetivo ser la contrapartida del Programa de Asistencia del Fondo Monetario Internacional, que es ofrecido a los países miembros como parte de la asistencia técnica y de aportes financieros.

La complementación entre uno y otro, dependerá del análisis que hagan los técnicos del FMI sobre la situación venezolana. Venezuela viene arrastrando una de las recesiones económicas más graves de su historia, desde enero de 1994, con la crisis del sistema financiero nacional, que llevó a la intervención de 18 entidades bancarias con problemas. Arrastra, además, una caída de su Producto Interno Bruto y una inflación que cerró en 1994 en un 71 por ciento.

De todos los problemas económicos es el pago de la deuda externa el que más dolores de cabeza provoca a las autoridades venezolanas, quienes tendrán que comenzar a pagar el servicio atrasado desde 1989, fecha en la cual se firmó una carta de intención y su refinanciamiento.

Este compromiso representará en el 96 un promedio del 40 por ciento del presupuesto de gastos del gobierno. El monto exacto pocos lo conocen, pero según estimaciones oficiales, es de 25.800 millones de dólares. Otros menos recatados aseguran que el endeudamiento venezolano es superior a los 38 mil millones de dólares.

El plan de recuperación macroeconómica presentado ante el FMI por el ministro venezolano de Hacienda, Luis Raúl Matos Azócar, lo conforman diez punto sobre los cuales la Administración Caldera se compromete a cumplir. Como prioridad se establece la reducción gradual del déficit fiscal, cuyo peso fundamental está en la deuda externa, que al 31 de diciembre de 1995 representará mil millones de dólares.

Este ajuste en los gastos públicos tendrá un período de dos a tres años para su cumplimiento. La idea es bajar el déficit en 4 por ciento del PIB en 1996 y 2 por ciento para 1997.

Como una de las primeras medidas para lograr el ahorro interno que se propone el gobierno venezolana, el Consejo de Ministros ordenó congelar el 80 por ciento de los cargos públicos. Asimismo, se afinará la recaudación de impuestos, donde se incluye una campaña contra la evasión tributaria para reducirla del 60 por ciento actual a tan sólo un 20 por ciento para 1997.

Se incrementará el Impuesto a las Ventas y al Lujo de 12,5 por ciento a 15 por ciento en 1996. En la Agenda venezolana se incluía la flexibilización del control de cambio. El primer paso fue el ajuste cambiario de 170 bolívares a 290 bolívares por dólar. La promesa gubernamental es lograr el desmontaje en el primer trimestre de 1996.

El fortalecimiento del sector financiero es la tercera propuesta, la cual incorpora la privatización acelerada de los entes bancarios estatizados el año pasado.

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