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LA HERENCIA DE LAS SUPERMAMÁS

LA HERENCIA DE LAS SUPERMAMÁS

Marda Herz respeta a su madre, la psicóloga Fredda Herz Brown. Pero Marda se opone a su plan de trabajar cuando tenga hijos.

A Herz, estudiante de terapia física de 26 años, le gustaría tener hijos un día y quedarse de ama de casa hasta que sus hijos llegaran al kinder. Herz recuerda que su madre regresaba tarde a casa, muchas veces a las 10, de impartir clases en la universidad y de atender a los pacientes. Crecí sin una mamá , dice. No quisiera que mis hijos pasaran por lo mismo cuando llegue el momento .

Este sentimiento deja perpleja a Brown, fundadora de Metropolitan Group, firma de asesoría de negocios familiares con sede en Leonia, Nueva Jersey. Nunca me sentí culpable de hacerme de una buena carrera a la vez que criaba a dos hijos , dice. No me quedaba otra opción que ser una supermamá .

Decididas a ser buenas madres, buenas esposas y buenas profesionales, las supermamás se pusieron de moda en los impetuosos primeros días del movimiento de liberación femenina. Las supermamás fueron heroínas para un sinnúmero de mujeres. Sin embargo, para algunas de sus hijas, ser una supermamá ya no parece ser una superidea.

Millones de personas tratan de encontrar el modo de hacer malabares con las exigencias del trabajo y la familia, y muchos adultos jóvenes _hombres y mujeres_ no quieren seguir el ejemplo de sus padres adictos al trabajo. Pero ahora las mujeres jóvenes discuten con sus madres las opciones que ofrece la vida, del mismo modo que han desgastado los lazos entre los padres dedicados al éxito profesional y sus hijos.

En los zapatos de los padres El problema radica en ponerse en el lugar de los padres , dice Harry Levinson, psicólogo industrial, de Belmont, Massachusetts.

Por primera vez, las mujeres ahora coinciden en este problema. Cómo hacen las mujeres de hoy para emular a sus supermamás? .

No cabe duda que muchas hijas todavía batallan por imitar a sus progenitoras, porque las consideran malabaristas capaces de protagonizar diversos papeles.

Una vez graduada, Kirsten Hoefer siguió los pasos de su madre como colocadora de ejecutivos; durante cuatro años trabajó en el medio directamente, para luego matricularse en la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad de Stanford. (Su madre, Linda Bailecke se tituló en 1979). Hoefer sueña con igualar la exitosa combinación profesional y familiar de su madre.

Sin embargo, muchas otras mujeres jóvenes dicen que aunque admiran a sus supermamás, han sido testigos de la vida tan exhaustiva que llevan: sus frustraciones en el desarrollo profesional por el hecho de ser mujer, la culpabilidad que afecta a algunas mujeres por el hecho de no ocuparse lo suficiente de los hijos debido a las exigencias de su profesión, y el divorcio.

Tras crecer durante dos décadas, el porcentaje de mujeres de entre 20 y 24 años que trabajan dejó de subir durante los años 90. El aumento de la cantidad de madres jóvenes que trabajan también se ha estabilizado. El número de oportunidades de trabajo es un factor a tomar en cuenta, pero según algunos economistas también influye el deseo de algunas mujeres de dedicar más tiempo a su familia.

Del mismo modo que la entrada de la mujer a la fuerza laboral causó tanto revuelo, esto influye sobre la economía a medida que más mujeres se abren camino hacia un estilo de vida más equilibrado , dice Madelyn Hochstein, directora general de investigación de mercados de DYG Inc., de Elmsford, Nueva York.

Los efectos más significativos de la nueva brecha generacional se dan en las familias. A algunas madres les molesta que sus hijas rechacen sus valores de toda una vida. Otras no saben si sentir alivio o remordimiento. Sus hijas sufrirán tanto las consecuencias de tener que conjugar el matrimonio, la maternidad y el trabajo, dice Elizabeth Debold, asesora neoyorquina de asuntos femeninos. A la vez, las madres sienten tristeza porque sus hijas no consideran que esta batalla vale la pena .

Durante los años 60 y principios de los 70, un número sin precedente de mujeres que hoy son profesionales se rebelaron contra sus madres, cuyo credo era que el lugar de la mujer estaba en casa. Logramos avanzar en dirección opuesta a nuestras madres. Tratamos de hacer todo , dice Brown, psicóloga de 49 años. Ahora nuestras hijas tratan de encontrar una forma distinta de lograr ese equilibrio .

El precio del éxito En algunos casos, estas madres aceptan el cambio porque creen que el éxito profesional se logra a costa de la vida familiar. Karten Hurst piensa que su esposo tuvo una relación extramarital, circunstancia que los llevó al divorcio, porque ella trabajaba todo el tiempo .

(Su ex esposo, Stephen Atkinson, confirma la relación y dice que la exigente carrera de Hurst fue un factor importante en el divorcio.

Después de la separación, él se hizo cargo de sus dos hijas durante seis años.) Como jefe de recursos humanos, Hurst llegó a manejar hasta 4.200 kilómetros al mes en viajes de negocios, cuando sus hijas estaban pequeñas. La menor de ellas la llamó la reina del horno de microondas , e incluso le compuso un poema titulado Oda a la Mamá Ejecutiva, que en un pasaje dice: Oh, como me gusta tu bostezo .

Ahora, sus hijas Elise y Lauren Atkinson rechazan la idea de tratar de ser supermamás. Elise, de 23 años y asistente de administración de una tienda, dice: Siempre quise que ella fuera más madre .

Hurst, ahora vicepresidenta de BOT Financial Corp., empresa de servicios financieros de Boston, Massachusetts, dice que sin duda pagó un precio al perder una relación más cercana con sus hijas. Ellas han sido testigos del dolor de ser una supermamá, dice.

Otras madres de miras altas temen que sus hijas menos emprendedoras pasen por alto un principio básico del movimiento de liberación femenina: la necesidad de independizarse económicamente. Me preocupa que ella tenga una vida económica más independiente que la que vive ahora , dice Sara Davidson Stone, banquera de inversión de Nueva York, refiriéndose a su hija Andrea Scharf, ama de casa de 29 años casada con un abogado y que tiene un hijo de tres años. El matrimonio de Stone se vino abajo cuando Andrea tenía apenas ocho años.

Su hija concuerda. No me siento nerviosa por no tener independencia económica , dice Scharf, ex representante de ventas de un diseñador de ropa.

Algunas supermamás presionan a sus hijas por una razón diferente: buscan validar su propia experiencia de trabajo duro, dice Karen Ritchie, vicepresidenta ejecutiva del gigante de la publicidad Interpublic Group. Esperamos que nuestras hijas le reconozcan algún valor a esas experiencias , dice. Eso significa que deben trabajar duro y avanzar .

Ritchie tiene dos hijas adultas: Kirsten Franklin, asistente de administración y madre de cuatro hijos, y Kendra Knorp, que está soltera. Después de seis años en el sector de publicidad, Knorp, de 31 años, dice que todavía no sabe qué hará en el futuro . Pero tiene ideas de combinar la familia y la profesión mucho mejor que su madre, para no verme obligada a tener que escoger entre varias opciones difíciles .

Ritchie dice que ha discutido con sus hijas la falta de ambición. Supuse que ellas estarían dispuestas a hacer los mismos sacrificios que yo hice , asevera.

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