KOLÓMENSKOYE, EL VERSALLES DE MOSCÚ

KOLÓMENSKOYE, EL VERSALLES DE MOSCÚ

En el corazón de la ciudad más grande de Europa, donde hoy conviven más de doce millones de personas, un oasis de naturaleza, historia y arquitectura rusa se extiende a orillas del río Moscova en su descenso hacia el sur de Moscú: Kolómenskoye, reserva natural y conjunto histórico-arquitectónico.

08 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

En Kolómenskoye pasaron su infancia algunos de los zares más grandes de la historia rusa, como Pedro I, y aquí vivieron algunos de sus años más gloriosos los monarcas de la vieja Rusia, aquella que no había dirigido aún su mirada a Europa. Lugar sagrado para muchos rusos, como lo era también para la realeza que durante siglos vivió a caballo entre estas tierras y sus aposentos del Kremlin, Kolómenskoye es cuna de mitos y leyendas, testigo de grandes victorias y dolorosas derrotas. Inabarcable para la vista, sólo puede ser recorrido a pie. Un paseo por los recovecos y laberintos de la historia de un gran imperio que se alimentó de las raíces de una pequeña ciudad estado del Medievo: la Moscú feudal de Iván Kalitá, gran duque ruso que estableció su residencia veraniega y coto de caza en este lugar. Poco o nada queda hoy de aquella época más bien oscura. Tan sólo seis robles que cuentan casi los mismos años que la propia ciudad. A sus más de 850 primaveras vigilan orgullosos uno de tantos bosques que se reparten por las 390 hectáreas de la reserva.

Hoy, Kolómenskoye es un gran atractivo para propios y foráneos. El recorrido por su extenso territorio corre el velo sobre algunas de las obras maestras de los arquitectos rusos, capaces de construir torres defensivas, palacios e iglesias sin apenas usar clavos ni sierras, hace cuatro siglos. En el centro de la reserva, una iglesia del siglo XVI, edificaciones del siglo XVII y otras de los siglos XVIII y XIX se abren a los ojos del visitante en el mismo espacio. Riqueza, variedad de estilos y tiempos históricos que han llegado hasta nuestros días gracias a generaciones de monarcas rusos que nunca abandonaron este lugar.

ASCENSIÓN Y SUEÑO DE UNA CAMPESINA "Veinte años tuvo que esperar el gran duque de Moscú Basilio III el nacimiento de un heredero, que al final vería la luz de un segundo matrimonio", cuenta Olga Kíchina, guía de Kolómenskoye. Tantas veces se lo había pedido al cielo sin que sus rezos fueran oídos que "le prometió a Dios que construiría una gran iglesia si le daba un hijo", añade Kíchina. Nació entonces uno de los más grandes, aunque también de los más temidos monarcas rusos, Iván el Terrible. En agradecimiento del milagro se levantó, sobre un alto de estas tierras, una de los primeros templos de piedra de Rusia, la Iglesia de la Ascensión de Nuestro Señor, declarada en 1994 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco

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