‘Era un tipo intransigente’

‘Era un tipo intransigente’

La relación de Enrique Santos Calderón, ex director de EL TIEMPO, con el secretariado de las Farc era de vieja data.

06 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

‘Jacobo Arenas’, fundador e ideólogo de esta guerrilla, respetaba la trayectoria del periodista como director de Alternativa y era voraz lector de su columna ‘Contraescape’ y, a pesar de criticar a la prensa nacional y en especial a este diario como el mayor símbolo del Establecimiento, consideraba a Santos como un interlocutor legítimo, y desde los ochenta entabló comunicación con él a través de cartas abiertas.

Fue así como conoció a ‘Cano’. Y hablaron de la anhelada paz “(…) al calor de varios brandies en una larga y gélida noche en Casa Verde, durante aquellos safaris belisaristas de la paz”, escribió Santos el 7 de junio de 1992, al responderle públicamente al comandante la misiva que le envió. El periodista recuerda hoy aquellos días. “No pudimos despegar de Casa Verde, así que, junto con Cornelio Reyes, nos quedamos una noche entera hablando con ‘Arenas’ y ‘Cano’. Este acababa de incorporarse al secretariado, era el protegido del comandante, que defendía su formación académica y lo consideraba como una especie de sucesor.

‘Cano’ participaba discretamente en las discusiones, tenía humor negro y lanzaba comentarios mordaces contra la oligarquía. Me pareció un mamertazo inteligente”.

Autoritario La impresión que le dejó nunca se desdibujaría del todo: “la de un intelectual de clase media que para hacer méritos con los campesinos actuaba con rigidez e intransigencia.

Imponía su militarismo y era sectario”.

El 25 de mayo de 1992, ‘Alfonso Cano’ le envío una carta a Santos en la que le propuso buscar un camino hacia la paz. “(…) llegar a la paz presupone voluntad, disposición, tenacidad, decisión, tolerancia y también imaginación; hoy más que nunca”, escribió. Pero la incredulidad reinaba en el país. El periodista le respondió dos semanas después: “Nada distinto de las mismas fórmulas gaseosas y de las genéricas invocaciones a la paz que han caracterizado los pronunciamientos de su organización desde que se inició…”.

Pese a aquel mensaje, el comandante de las Farc lo invitó a su cambuche durante el despeje de San Vicente del Caguán. ‘Iván Ríos’, su hombre de confianza, lo recogió en ese aeropuerto y durante media hora fueron hacia un rumbo desconocido, al son de los corridos y rancheras de las Farc. ‘Cano’ lo recibió con ansias de hablar. Pero actuaba con prepotencia, la de estar ganando la partida. “La escena de la silla vacía lo dijo todo.

No entendieron ese momento, como tampoco lo hicieron con la Constituyente. No vieron los diálogos como una forma de ganarse un espacio político y cesar así la lucha armada”.

‘Cano’ estaba escandalizado por la pantalla que se le estaba dando por esos días a Carlos Castaño. “Me contó que lo estaban buscando para que se enfrentara en un debate televisivo con él, pero dijo que nunca se rebajaría a eso: ¡Cómo voy a aparecer con ese carnicero!”, dice, y recuerda que le ofreció una columna en EL TIEMPO, pero la rechazó.

“Era contradictorio”.

Estuvieron una tarde y su noche en vela, charlando con ‘Pablo Catatumbo’ e ‘Iván Ríos’ (“que se quedó dormido de oírnos hablar tanta carreta”). “Todos los argumentos le entraban por un oído y le salían por el otro”, asegura el periodista. “Yo le decía que si no era consciente de que con sus acciones estaban derechizando al país y armándole el camino a Álvaro Uribe, a lo que él respondió, riendo: ‘Como dice el camarada ‘Manuel’: si los colombianos lo eligen, cuando tengan la sangre al cuello, se arrepentirán’ ”.

Esa larga noche no fue solo charla. ‘Catatumbo’ era un fanático del boxeo –de hecho, fue boxeador en Cali–, y ese día peleaba ‘Mano de Piedra’ Durán. Caminaron durante diez minutos hacia el centro de recreo de los guerrilleros y vieron el combate. En medio de la emoción, el médico Cristian le cantó sus vallenatos. “ ‘Cano’ no se sabía ni uno y tampoco tenía idea de boxeo, así que en un momento los regañó a todos: ‘esto no es una parranda’, les dijo recio”.

“Lo cierto es que ‘Cano’ nunca tuvo una real vocación de paz”, termina Santos

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