Miyavi: un rock que viene de otro mundo

Miyavi: un rock que viene de otro mundo

El transformismo es una obsesión en Miyavi: en cada álbum, el excéntrico artista salta de samurái a personaje de anime y luego a una geisha enteramente femenina. Quienes lo juzguen por su apariencia andrógina y cambiante no han visto su manera virtuosa y furiosa de tocar la guitarra, que parece, como él, de otro planeta.

06 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

Este álter ego (segunda personalidad) de Takamasa Ishihara, guitarrista, percusionista y cantante de rock, que nació en Osaka hace 30 años y cuyo cuerpo está cubierto de símbolos kanji (símbolos de la escritura japonesa), es una de las estrellas del j-rock, o rock japonés de esta década.

Miyavi estará en Bogotá el 17 de noviembre, en el Teatro Ecci, en su primera visita a Suramérica.

"No estaba seguro de si podríamos lograrlo, ya habíamos intentado ir en el 2008 -recuerda Miyavi, en entrevista con EL TIEMPO-, 'mi gente' en Colombia me decía en el estatus (de Facebook) que quería tenerme allá. Ahora, lo lograremos".

No es una locura. En efecto, tanto Miyavi como una serie de bandas del rock japonés tienen aquí clubes de fanáticos. Muchos se unieron a través de esa ola de admiración por las historietas manga y el anime, tan difundidas en todo el mundo.

Pero este artista es, de por sí, un personaje muy particular dentro del mismo j-rock: parte de su espectáculo, empapado de blues, rock y punk, se basa en que él interpreta en un ritmo desenfrenado la guitarra y la percusión al mismo tiempo. "No es nada fácil hacer esto -agrega Miyavi-. Esto es algo que nace de mí.

Surgió en mi juventud: comencé como guitarrista a los 16 años y sentí que sería muy novedoso agregar la percusión. Nadie lo había hecho antes. Fue una lucha real (...). Realmente sé cómo hacer algo que a ustedes les guste".

Debido a esa estética visual, que lo llevó a protagonizar la película Oresama (2003), y a su obsesión por el perfeccionismo, a Miyavi lo han llamado en su propio país 'el guitarrista samurái'.

"No me gusta decirlo, pero sí creo que hay una gran similitud entre lo que hago y la actitud samurái -explica el músico-. No sé en qué momento, pero mi banda comenzó a llamarme así, y no me gustaba, porque yo quería un mundo diferente con mi guitarra (...). Respeto la actitud samurái y empecé a ver que quería lograr ese tipo de entrenamiento, mejorar cada día, en cada momento, y nunca rendirme". Bogotá tendrá una gran probada del sonido inusual y refrescante del 'guitarrista samurái'.

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