Secciones
Síguenos en:
CONSERVAR Y COMPENSAR

CONSERVAR Y COMPENSAR

La Administración Distrital ha puesto a consideración del Concejo de la ciudad un proyecto de acuerdo mediante el cual se propone la compensación económica a los propietarios de los inmuebles sujetos a conservación arquitectónica y que tienen, por lo tanto, restricciones para su desarrollo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Una actuación pública que abre espacio efectivo e instrumental de acuerdo social (diferente a la norma), en consonancia con los principios de equidad del urbanismo contemporáneo y con aquellos emanados de la Constitución Política.

Esta primera impresión debe ser analizada en profundidad pues en la experiencia internacional conocida, la compensación no se utiliza como fundamento de una política de conservación y solo se ha puesto en práctica en casos excepcionales.

Esta no es una razón para desvirtuar un mecanismo de este tipo en Bogotá; pero sí una señal para estudiar sus efectos. Mucho se ha hablado de la transferencia de derechos (desde la Ley de Reforma Urbana que la adoptó en 1989), pero poco se ha avanzado en su comprensión e instrumentación. Todavía no se conocen los estudios recientes que hayan superado estas limitaciones, pero seguramente existirán, para no someter a la ciudad a una nueva norma inaplicable o confusa, que ha sido la historia reciente: parece que la oficina de Planeación hubiera preferido ocuparse de los temas excepcionales (que no por esto son menos importantes) que de aquellos elementales del planeamiento urbano: suelos, vialidad, transporte, equipamientos, áreas libres, vivienda, etc.

La compensación económica es justificable para aquellos inmuebles (privados) que quedan aislados en un contexto transformado abruptamente por los nuevos desarrollos; pero estos casos deben ser los menos en una política de conservación, pues los mejores ejemplos en este tema se refieren a zonas completas de la ciudad, en las cuales las condiciones de vida son el producto de una coherencia entre el urbanismo y las arquitecturas que, a través del tiempo, han adquirido encanto y prestigio. Y Bogotá tiene enormes posibilidades de tenerlas por sus barrios de la primera mitad del siglo.

En estos barrios, más que la compensación económica, la ciudad debe garantizar una calidad de vida tal, que las edificaciones no pierdan valor a los ojos del mercado inmobiliario y no se repita el ciclo esquizofrénico de una ciudad que a punta de normas para cambiar usos y alturas (guiada exclusivamente por las leyes de un mercado) ha destruido los mejores recintos urbanos y ha dejado aisladas algunas buenas construcciones que ahora quiere conservar. Y esa calidad urbana se logra con buena accesibilidad, espacios libres verdes, equipamientos adecuados y bien mantenidos, transporte, abastecimiento, etc.

Pero estos elementos básicos parecen andar por caminos diferentes al de la conservación. Ojos que no ven cómo el deterioro de los poquísimos barrios de conservación declarados (por ejemplo Quinta Camacho) se debe a las rupturas en sus tipologías, al paso de rutas de buses por su interior, al cambio de usos indiscriminado, a las densidades excesivas en sus vecindades, que las normas del propio DAPD facilitan, cuando no lo incentivan.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.