'Niños con lesión cerebral pueden salir adelante'

'Niños con lesión cerebral pueden salir adelante'

A los 2 meses de edad, Pablo estaba destinado a estar inmovilizado de por vida a causa de una lesión cerebral; ahora, baila breakdance y toca el piano. El día de su nacimiento, padeció un sufrimiento fetal. Al nacer, "era lánguido, no tenía fuerzas ni para succionar, sufrió de hipoglicemia severa y un día llegó a convulsionar", cuenta Mónica Chaves, su madre.

03 de noviembre 2011 , 12:00 a. m.

Estuvo una semana en cuidados intensivos, por un daño en el cerebro llamado síndrome de West (espasmos infantiles), que le ocasionaba movimientos bruscos en la cabeza y las extremidades. Su tratamiento se basó en la prescripción de anticonvulsivantes. "Solo comía y dormía. Yo sabía que era diferente", recuerda Mónica. Fue medicado para tratar la convulsión. Los médicos limitaban sus esperanzas, porque decían que nunca iba a caminar, hablar ni ir al colegio.

En ese momento de desesperación, Mónica, que vivía en los Estados Unidos, recordó haber escuchado de los Institutos para el Logro del Potencial Humano, con sede principal en Filadelfia, fundados por el médico estadounidense e investigador Glenn Doman, creador, además, del método Doman o Filadelfia.

El objetivo de este programa es tratar a niños con lesión cerebral y trabajar en el desarrollo temprano de los que están sanos.

Douglas Doman, hijo del investigador, quien está en Colombia, dice que "todos los métodos convencionales están dedicados a tratar los síntomas y no la causa del daño. El cerebro es el que maneja todo y los diagnósticos son sintomáticos, cuando lo más importante es reconocer que existe un problema neurológico que viene del cerebro. Por eso, durante 50 años hemos comprobado que los niños con lesiones cerebrales, por profundas que sean, pueden salir adelante".

Han tratado desde niños en estado de coma hasta pequeños que no pueden leer en la escuela. Para el doctor Douglas Doman, son muchos casos los que se presentan mundialmente y que se confunden con personas retardadas: "Pueden tener un nivel intelectual muy alto, que puede sobresalir cuando ya se haya tratado el problema neurológico". El primer paso es leer el libro Qué hacer por su hijo con lesión cerebral, que les permite a los padres entender el posible problema del niño y les hace una introducción al programa.

Para Mónica, este método ha sido la base de la recuperación de la vida de su hijo. Ella, como muchos padres en el mundo, asistió a un curso intensivo en Filadelfia, donde se les enseña qué es el cerebro, cuál es su desarrollo y cómo recuperarlo. A partir del diagnóstico, se crea un programa con indicaciones físicas, intelectuales y fisiológicas. El doctor Douglas aclara que la reacción cerebral se genera a partir de la estimulación de los sentidos, la visión, el oído, el tacto, el gusto y el olfato, y con tres motores que son la movilidad, el lenguaje y la habilidad manual. Los padres deciden la intensidad del curso y cada seis u ocho meses deben ir a controles para revisar y actualizar el programa y verificar el desarrollo del niño. Otro punto importante es la respiración adecuada. "Hay diferentes formas de hacer crecer las células y lo más importante para ello es el oxígeno; es la 'comida' del cerebro. Entre más oxígeno, hay más transmisores cerebrales que permiten el crecimiento y la conexión de células", explica el experto. Para ello, el instituto realiza, según Doman, varios estudios, con la ayuda de la Nasa, y crea programas individuales como el uso de bolsas de aire y chalecos que fortalecen y le recuerdan al cerebro cuál es el sistema de respiración adecuado. Además, los padres se convierten en los propios terapeutas, porque, cuando el problema es profundo, se necesita frecuencia, intensidad y duración. Es decir, amor, dedicación y constancia increíbles. Son jornadas extenuantes.

Mónica guarda 10 fólderes, de casi 200 hojas cada uno, con el cronograma completo sobre el tratamiento que le practicó a Pablo 9 horas diarias, 365 días, durante tres años y medio.

Con ayuda de voluntarios y de su familia, sacó adelante a su pequeño. Primero debía alimentarse sanamente para desintoxicar el cuerpo de medicamentos.

"Las neuronas del movimiento de Pablo se murieron, pero a los 14 meses logramos que caminara. Tampoco tenía el 'reflejo del susto', y me dediqué 20 veces diarias a tocar una corneta, desde diferente puntos de la casa, hasta que él logro identificarla".

Cuando creció y decidieron vivir en Colombia, Pablo aún sufría de hipotonía (bajo tono muscular) y la indicación era subir 85 escalones, 36 veces al día.

No tenía la capacidad de coger las cosas en sus manos y tampoco podía hablar y, para eso, se desarrolló el gateo.

Muy pequeño, escuchaba a Pavaroti y los tres tenores, y cantó antes de hablar.

Hoy, tiene gran capacidad para imitar y es un apasionado por la música. En este momento, hay 25 mil niños con lesiones cerebrales de más de 100 países que pertenecen al programa, cuestionado por neurólogos y laboratorios científicos. No se ha hecho ningún estudio, distinto a los del instituto, que valide el método. Quienes hablan de resultados son los niños. En Colombia, María Emma es una de las pequeñas que desde hace 4 años se beneficia del programa. Olga, su madre, sufrió un desplazamiento de placenta a los 3 meses de embarazo. Al parecer, un accidente que interrumpió la completa formación del cerebro de su hija. "Tenía 20 meses y era muy lenta para realizar sus movimientos; no podía hablar. Solo gritaba cuando tenía hambre. Se podía quedar dos o tres horas sentada sin hacer nada", cuenta Olga.

Después de buscar centros de estimulación temprana y consultas médicas, se le diagnosticó epilepsia. "Empezamos tratamientos con terapias convencionales y medicamentos (anticonvulsivantes); nos dijeron que toda la vida debía tomar cinco medicamentos diarios", cuenta Christian Rodríguez, padre de la pequeña.

Tenía 6 años y no hablaba ni escribía; caminaba con dificultad, pero era muy débil, babeaba permanentemente y tenía mirada perdida. La epilepsia le ocasionaba ausencias cerebrales, es decir, perdía el sentido por segundos, y llegó a presentar 40 ausencias por hora. No subía ni bajaba escaleras y sus crisis le ocasionaban caídas y golpes. A los tres meses, Christian encontró, sin buscar, el libro Qué hacer por su hijo con lesión cerebral y convenció a su esposa de aplicar el método. Allí, descubrieron que la pequeña tenía hipoxia (falta de oxígeno) cerebral y que podía recuperarse.

A los 8 años, María Emma comenzó a hablar y a fortalecer su físico. Dentro de sus tareas, debía arrastrarse 2,5 km y gatear 5 km, tres veces al día, en casa.

Es tal la intensidad que Olga se ha dedicado los últimos cuatro años a su cuidado y estimulación. Cuando empezó el tratamiento, su hija empezó a subir y bajar escaleras, a saludar; ya no pateaba las puertas para que le abrieran, sino que hablaba. Ahora, corre 8 kilómetros sin caerse, monta a caballo, sube los árboles, monta bicicleta y nada hasta el fondo de una piscina.

Su meta, ahora, es lograr que interactúe, que reciba información, la procese, responda y entre a un colegio.

Pablo, por su parte, es cantautor y músico. En el 2004, por primera vez, escuchó al cantante de reguetón Daddy Yankee. Su ídolo es Tito El Bambino.

Este año se gradúa del colegio y su sueño es hacer 'El trío de la leyenda', es decir, estar en una tarima y ofrece un espectáculo conjuntamente con estos dos famosos cantantes.

Conferencias gratis Bogotá, hoy, Hotel Bogotá Plaza. Hora: 6:30 p.m. Barranquilla y Cartagena, 4 y 5 de noviembre. Salón Comfamiliar, sede centro, y Hotel Estelar, en Bocagrande. Hora: 3 p.m. /www.iahp.org.

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