SE ESTÁ PERDIENDO LA GUERRA

SE ESTÁ PERDIENDO LA GUERRA

Cuentan que cada vez que uno de sus hombres caía por causa de las balas enemigas de las Farc, que en la noche del viernes 29 de agosto se tomaron la base de Las Delicias, el capitán Orlando Natalio Mazo corría entre el fuego para recoger el fusil del muerto y entregárselo a otro soldado.

08 de septiembre 1996 , 12:00 a.m.

Pero de poco le valió esa acción desesperada, porque pronto le llegó la hora: él mismo fue blanco de los disparos y murió desangrado.

Mazo era el comandante de esa compañía de 110 hombres que trató inútilmente de repeler sola, durante más de 14 horas, la ofensiva de una fuerza cuatro veces más grande en hombres y mejor armada. Todo falló para ellos. Empezando por el propio Mazo, al que hoy se le endilgan fallas garrafales en materia de seguridad.

Pero también se cuestiona la precaria capacidad de reacción del resto de las Fuerzas Armadas. En la base de Tres Esquinas, la más cercana, se enteraron del ataque 8 horas después de iniciado y nunca hubo reacción con los helicópteros artillados el mejor apoyo posible en esas circunstancias porque estaban repeliendo otros de los 26 ataques que se presentaron en esas horas. El aparato más cercano estaba a 400 kilómetros del lugar y apenas llegó al día siguiente, para ver las cenizas.

Así, la tarea resultó relativamente fácil para los subversivos que al final dejaron 27 soldados muertos, 16 más heridos y se llevaron no sólo el armamento, incluidos los 99 fusiles que quiso salvar Mazo, sino por lo menos 60 hombres, que las Farc están usando para protegerse y para asegurar una vitrina internacional con su liberación.

Tantos muertos y sobre todo tantos prisioneros hacen de ésta, según varios generales de larga experiencia, la peor derrota del Ejército en casi medio siglo de lucha contra la subversión. La historia señala como único caso comparable la muerte en 1952 de más de 100 soldados a manos de la guerrilla liberal llanera de Guadalupe Salcedo.

Pero eso fue en movimiento y en un desembarque dice el alcalde de Pasto, Antonio Navarro. En cambio, este ataque a un centenar de militares, de noche, en posiciones y con trincheras no tiene antecedentes en la guerra colombiana .

Para el ex guerrillero, es la operación de armas insurgentes más grande que se ha hecho en el país desde la Guerra de los Mil Días.

Sin embargo, lo de Las Delicias es sólo el punto más grande en una ola de ataques a las Fuerzas Armadas ocurridos en los últimos diez días. Incluidos los 19 del viernes pasado en San José del Guaviare, las acciones subversivas en este lapso han dejado muertos a más de 80 efectivos de las Fuerzas Armadas y han dejado viva la sensación de que se está frente a un enemigo más poderoso de lo que se pensaba.

A cambiar de actitud Por eso, de nuevo está en pie el interrogante de si el Estado va hacia la derrota en su lucha contra la más vieja guerrilla del continente.

La respuesta del ministro de Defensa, Juan Carlos Esguerra, es un no rotundo: Está en condiciones de mortificar y realizar ataques espectaculares al amparo del tipo de lucha que hacen, pero eso no puede reflejarse en un dominio territorial o en hacerse al poder o cosa por el estilo. No hay la menor posibilidad .

La guerrilla agrega está haciendo retaliaciones por la lucha que estamos desarrollando contra el narcotráfico. Ese es el fondo del problema. Lo demás es paja .

En fila con el ministro van algunos civiles expertos en el tema y generales retirados. La subversión todavía no está en condiciones ni de tomarse una región , dice el general José Joaquín Matallana.

Sin embargo, varios analistas destacan que lo que está pasando debe llevar a redimensionar el poder de los insurgentes y la misma actitud del Estado.

El mismo Alfredo Rangel Suárez, asesor de la Presidencia en materia de seguridad, ve el asunto con preocupación: Tal como van las cosas parece que es la guerrilla la que está imponiendo sus propias condiciones de negociación al Estado .

Ellos dice el investigador Jaime Zuluaga de la Universidad Nacional tienen una capacidad militar significativa que se ha despreciado hasta ahora y que se ve en la posibilidad de desarrollar ataques simultáneos en todo el país .

Para eso cuentan, según las cifras más conservadoras, con cerca de 10 mil hombres. Un estudio de la Unidad de Justicia de Planeación Nacional, publicado a finales del año pasado, dice que entre 1990 y 1994 las Farc pasaron de 5.380 a 6.900 hombres y el Eln de 1.600 a 2.700.

Entre 1985 y 1995, asegura un informe de la Consejería de Paz dado a conocer el año pasado, la guerrilla multiplicó por 10 el número de sus frentes, llegando a 105, y llevó su presencia a más de la mitad de los municipios del país.

Ya no es una guerrilla móvil y débil. Ahora son concentraciones de 200 ó 400 hombres con significativo poder militar, según Amílcar Serrano, experto en el tema. Reunirlos, entrenarlos, movilizarlos, cumplir el objetivo y retirarlos con el lastre de 60 prisioneros sin aparentes dificultades, mientras se amplia a 15 ó 20 sitios el hostigamiento militar dice, no se logra si no se ha conseguido pasar a la guerra de movimientos .

Tanto o más importante que su crecimiento en hombres parece su fortalecimiento económico. Camilo Granada, investigador de Fedesarrollo, asegura que antes de 1990 ningún gobierno se preocupaba por saber cómo se financiaba la guerrilla y, en cambio, desde 1982 el tema de las finanzas se convirtió en estratégico para la subversión.

Los beneficios que ha obtenido en la actual década son enormes, en especial por el narcotráfico. Los ingresos totales de las Farc y el Eln por este concepto pasaron de 148 mil millones, en 1991 a 215 mil millones en el 94, para un total de 701 mil millones en esos cuatro años, según estimativos de la Consejería para la Defensa y la Seguridad Nacional.

Agregado eso a lo obtenido por robo y extorsión, secuestro, desviación de recursos del Estado, y por inversión y otros, los ingresos totales pasaron de 336 mil millones en el 91 a casi el doble 626 mil millones en el 94, para un total de 1,7 billones de pesos en el cuatrienio.

Las Farc, en pesos del 95, aumentaron en un 72 por ciento sus ingresos en ese periodo y el Eln los incrementó en un 115 por ciento.

Mientras que el ingreso promedio nacional se situaba en los 1.800 dólares y el gasto por cada hombre de las Fuerzas Armadas ascendía a 900 dólares, el ingreso de la guerrilla por cada subversivo llegó a 70 mil dólares.

La otra moneda Y mientras las Farc se han ido convirtiendo en un para-Estado multimillonario, en las zonas de colonización especialmente, las Fuerzas Armadas han perdido capacidad económica y ascendencia entre la población civil.

Pocos parecen dudar de la necesidad de más gente y mejor armada en el Ejército para enfrentar a la subversión, aunque algunos especialistas consideran que con los mismos hombres pero mejor entrenados y dispuestos se puede enfrentar el problema.

Pero la idea más extendida es que las Fuerzas Armadas son una cobija corta para el país. La realidad, dicen algunos militares, es que si se trasladan soldados de San José a Florencia para enfrentar una toma, el Guaviare queda desprotegido.

Según el comandante del Ejército, general Harold Bedoya, Colombia debería tener por lo menos 360 mil soldados y apenas alcanza la tercera parte. Otros militares creen que en las condiciones actuales esa cifra de hombres no debería bajar de dos millones.

Sin embargo, Camilo Granada ve otra salida: Lo que falta es un presidente que se dé la pela de no aparecer en la foto de la paz , hasta lograr una superioridad militar que le permita negociar luego.

Y hay quienes piensan en una política más integral. Un ex comandante del Ejército, que pidió reserva de su nombre, recuerda que en el pasado se ganaba con más facilidad porque había una combinación de medios de lucha. Se llevaba tropa, pero también salud y puentes. Así se gana a la población civil .

Zuluaga considera, en cambio, que el éxito de las FF.AA. frente a los civiles depende de un reenfoque en los derechos humanos.

En los últimos años dice al Ejército le ha hecho mucho daño lo que se conoce como la guerra sucia y la expansión de los paramilitares. Hay zonas como Urabá en donde los enfrentamientos Ejército- guerrilla son mínimos. No obstante, esa es una región conflictiva por la presencia paramilitar .

Navarro es más gráfico: Con el 5 por ciento de los campesinos que se vaya a la insurgencia, habrá 20 mil guerrilleros más. Por eso la solución del general Bedoya de echar gasolina para apagar el incendio es muy simplista .

Pero es otro el pensamiento oficial: El tema de la guerrilla no puede separarse del narcotráfico , dice el ministro Esguerra. Los dos agrega tienen un trasfondo que en parte se justifica en problemas sociales y económicos. El Estado ha comprendido eso y está viendo cómo solucionarlos. Pero de ninguna manera, todo eso justifica las acciones guerrilleras ni la siembra de coca ni la producción, ni la delincuencia ni las peticiones .

Sin embargo ni el propio gobierno apuesta todo a la solución militar para acabar con el problema, porque -dice el ministro Esguerra- uno no puede cerrarse a la banda y decir jamás haré la paz .

Pero lo que ha quedado claro en los últimos días es que la guerrilla ha golpeado al Ejército en lo militar y en lo político. Que no tiene tanto como para adueñarse del país, pero sí arrasó con dos bases militares en menos de una semana, bloqueó 15 departamentos intimidando a los transportadores, y secuestró a 60 soldados, que piensa devolver a una comisión internacional para ganar el estatus de grupo beligerante y para mostrar que respeta los derechos humanos.

Por eso, politólogos, generales retirados y ex guerrilleros creen que el Estado debe replantear la guerra, pues el enemigo resultó más grande de lo que se había pensado.

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