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LOS FANTASMAS DE LA COCA EN LAS TRINCHERAS

LOS FANTASMAS DE LA COCA EN LAS TRINCHERAS

Carlos* estudiaba y en vacaciones recogía coca. Se graduó con buenas notas y consiguió algunos pesos. Ahora, vestido de camuflado impide con su fusil G-3 al hombro, que sus amigos y vecinos, dedicados como su familia a los cultivos ilícitos, pasen por el puente sobre el río Bodoquero.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Frente a su cañón está la población de Morelia, en donde se refugian desde los primeros días de agosto cerca de 30.000 campesinos que protestan por la erradicación de cultivos de coca en Caquetá.

En 1981, la coca abrió el camino de la esperanza para la familia de Carlos. Su padre dejó un pueblo del Valle del Cauca y llegó a Caquetá con su esposa y sus seis hijos, con el sueño de un mejor futuro.

Allí, formaron una nueva vida. La familia trabajó en los cultivos y Carlos pudo estudiar hasta bachillerato. En la zona los estudiantes aprovechan las vacaciones para raspar la coca en la selva del bajo Caguán. Es una forma de ganarse unos pesos , dice un joven campesino.

Carlos recogió coca, pero ya se salió de eso , cuenta su padre. En diciembre, se presentó al Ejército e ingresó al Batallón Juanambú de Florencia con los amigos de su curso. En el pueblo se quedaron esperándolo su novia, sus hermanas, su padre enfermo y su madre.

A sus 19 años se colgó el fusil, se enfundó el uniforme sin medallas y juró ante la bandera defender la patria. Cuando cumplió los seis meses en junio volvió a casa, pero al regresar al batallón comenzó el paro campesino.

En un camión militar lo trasladaron a Morelia, en donde con barricadas el Ejército impide el paso de los campesinos a Florencia. Desde entonces, allí duerme en cambuches como los campesinos. Come pastas, arroz y carne que ellos mismos cocinan en fogones de leña.

Vigila todo el día los movimientos de los cocaleros. Mis amigos lo han visto patrullando y me cuentan que está bien , dice su padre, que lo espera en el pueblo.

Por la noches, los soldados bachilleres rezan para que nada pase en Morelia y puedan regresar vivos a su casa.

Desde las trincheras, Carlos les escribe cartas de amor a su novia y de aliento a su familia. Las guarda en su camuflado y cuando pasa algún amigo en carro para su pueblo se las entrega.

El jueves 29, cuando se presentaron los combates el soldado estuvo allí. Se puso la máscara antigás y repelió el intento de toma que dejó a 26 personas heridas a bala.

El soldado dice que es muy duro para él dispararles a los campesinos así sean gases, pero si le toca hacerlo lo hace.

Su familia se la pasa pendiente de la radio y los noticieros de televisión para ver si tienen alguna señal de Carlos. El único aliento que tienen son las cartas. Nos dice que está bien y nos pide que oremos por él para que no le pase nada , dice su padre.

Eso es duro para uno tener un hijo ahí. Uno está entre dos paredes, por un lado la familia y por el otro los amigos , narra su padre. Yo le pido a Dios para que vuelva, me lo bendiga y lo saque de la zona de combate, pues él no está preparado para estar en una zona de guerra .

*El nombre fue cambiado por petición de la fuente.

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